EL-SUR

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Opinión

En Davos, todo va bien (¿pero para quién?)

Gaspard Estrada

Enero 31, 2018

La semana pasada, los grandes líderes mundiales se dieron cita en el pueblo de Davos, en Suiza, para asistir al tradicional foro económico mundial (WEF, por sus siglas en inglés) fundado hace poco más de 40 años por Klaus Schwab. En este encuentro, de manera general, siempre reafirman su voluntad de promover el liberalismo en todas sus formas, lo cual provocó que a principios de los años 2000 un movimiento de oposición surgiera, el movimiento altermundista, que dio a luz al Foro Social Mundial en la ciudad brasileña de Porto Alegre. Sin embargo, el tema de las desigualdades fue el centro de esta edición del WEF. ¿Será que los grandes de este mundo han entendido que las desigualdades están en el centro de los grandes problemas internacionales? Si bien hay razones para pensar que sí, también es posible imaginar que rápidamente la voluntad de reducir la desigualdad disminuya.
Empecemos por las buenas razones. En el seno de la élite política y económica mundial, la llegada al poder de Donald Trump, la victoria del Brexit en el Reino Unido y la perspectiva de una victoria de la líder del partido de extrema derecha Marine Le Pen en las elecciones presidenciales francesas generaron una reflexión sobre estos hechos políticos. Según numerosos estudios económicos, realizados por investigadores como Thomas Piketty, el Fondo Monetario Internacional (FMI) o la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el aumento del crecimiento económico mundial ha ido a la par con un aumento consistente de las desigualdades de ingreso, en particular a favor del 1% de la población más rica. Por lo contrario, las clases medias y bajas han visto su nivel de vida estancarse o inclusive disminuir en términos relativos. De tal manera que la globalización, si bien ha contribuido a aumentar el crecimiento económico y los flujos de inversión en todo el mundo, también es responsable del aumento de las desigualdades que se traducen en un creciente enojo de las sociedades frente a sus élites políticas y económicas. Ante ello, estos organismos han intentado, en primer lugar, cambiar la manera de medir el crecimiento económico, para incluir dentro de sus indicadores el bienestar social, el desarrollo humano, y el desarrollo sustentable. Por otro lado, el debate sobre el uso de las teorías de las escuelas de pensamiento predominantes en el seno de los departamentos de economía del FMI, el Banco Mundial y la OCDE emergió, y dio paso a la contratación de economistas con orientaciones más amplias, lo que se tradujo en un regreso de las teorías keynesianas a estos organismos internacionales. De tal manera que después de haber pregonado las políticas de austeridad a ultranza en los años 1980, 1990 y principios del 2000, estos organismos pasaron a defender el aumento del gasto público como una manera de retomar el crecimiento económico y reducir la desigualdad. Este cambio político tuvo mucha relevancia hace algunos años en Europa, en particular durante el pico de la crisis monetaria en Grecia, en el cual el FMI se oponía a profundizar las políticas de austeridad planteadas por el Banco Central Europeo, entonces dirigido por el francés Jean-Claude Trichet, y por la canciller alemana Angela Merkel.
Sin embargo, a pesar de la toma de conciencia por parte de los organismos internacionales de esta necesaria renovación del pensamiento económico como manera para reducir las desigualdades, las políticas fiscales implementadas por los Estados han seguido privilegiando la concentración del ingreso, y, de manera más general, los rendimientos del capital frente a los del trabajo. La reciente reforma fiscal propuesta por el gobierno de Donald Trump y aprobada por el Congreso de Estados Unidos, va en ese mismo camino.
En un momento en el que la economía internacional parece mejorar en la mayoría de los países, esperemos que los líderes mundiales no se olviden de las causas que explican el aumento de la desigualdad en el mundo.

* Director Ejecutivo del Observatorio Político de América Latina y el Caribe (OPALC), con sede en París.

Twitter: @Gaspard_Estrada