EL-SUR

Sábado 20 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

En defensa del valor y la belleza de la vida

Silvestre Pacheco León

Enero 24, 2022

 

El obispo de Chilpancingo en su cruzada para que no haya cambio en el trato que la ley otorga a la mujer en el estado dijo en Taxco que el aborto para él es “un perfecto asesinato” y asume que su postura en este tema defiende “el valor y la belleza de la vida”, que la suya no es una posición religiosa, sino de derechos humanos porque en el asunto del aborto se incluye a toda la sociedad, religiosos y no religiosos, que tampoco es una cuestión ideológica, sino humanitaria.
Sus declaraciones se produjeron como respuesta a la postura de las organizaciones de mujeres preocupadas porque las consecuencias de esa ley provoca cientos de muertes en el estado debido a que la práctica del aborto se realiza en condiciones sanitarias que no garantizan la vida de quienes recurren a ella, y por eso demandan la modificación al Código Penal para que se reconozca como su derecho la decisión de interrumpir el embarazo.
El obispo sostiene que si bien las mujeres tienen derecho a decidir sobre su cuerpo, no deben incluir el producto de la relación sexual porque lo que aparece luego en el vientre de la madre es otra vida que tiene derecho a vivir, que es un crimen matarla y que por eso en la Iglesia católica existe el mandamiento de no matarás.
En la entrevista con el corresponsal de El Sur Claudio Viveros, el obispo Salvador Rangel concluyó que el complejo de problemas que tiene Guerrero no se resolverá con la legalización del aborto porque en nuestro estado hace falta mucha cultura y que con el aborto se embrutecerá más, que por eso la prohibición de abortar se hace en defensa “del valor y la belleza de la vida”
Seguramente la legalización del aborto no resolverá tantos y tan graves problemas que tiene Guerrero, pero solo pensando en salvar a los cientos de vidas que ahora se malogran, la reforma que se propone será un éxito porque con la garantía de que las mujeres puestas en ese riego puedan ser atendidas en clínicas gratuitas y especializadas, seguro que todas se salvarán.
Por eso desde hace muchos años organizaciones de mujeres como la Red por los Derechos Sexuales y Reproductivos de México, el Colectivo Nosotras, la Asociación Guerrerense contra la Violencia hacia las Mujeres, y Mujeres Guerrerenses por la Democracia, han sido pioneras entre tanto atraso que hay, como lo reconoce el obispo.
De acuerdo con la información de esas organizaciones, solo en el año 2006 murieron 2 mil 547 mujeres por esa causa. La práctica del aborto en el estado de Guerrero representa el cuarto lugar en las causas de muerte y se realiza en condiciones inapropiadas de higiene, por la pobre capacidad económica de la mayoría.
Como se sabe, el aborto es un problema social de gran magnitud que a pesar de su gravedad el PRI nunca lo enfrentó para no confrontarse con la Iglesia católica que es la institución que ha dictado las normas de la conducta social desde hace siglos, y ambos abrevaban de la misma ideología.
Ante esta realidad que afecta la vida de tantas mujeres no se conoce alguna medida efectiva de la Iglesia católica para ayudar a remediarla, salvo la amenaza contra quienes abortan a las cuales se les estigmatiza y criminaliza acusadas de violar el cuarto mandamiento y de caer en pecado capital, lo cual las condena al infierno.
Desde su origen la Iglesia de Roma ha utilizado la culpa y el miedo al pecado como armas contra las mujeres para mantenerlas desorganizadas, sometidas e ignorantes, haciendo que hasta se olviden que son mayoría en la sociedad y que con esa fuerza todo pueden cambiar.
Pero aún conviniendo que la mayoría de las mujeres no cree en esas patrañas religiosas, o que a pesar de ellas se sobreponen tomando sus propias decisiones, el tiempo indica que la ley debe respetarlas y protegerlas porque en última instancia son ellas las que cargan sobre sus hombros con el cuidado y muchas veces la propia manutención de los hijos.
Lo menos que se espera de una sociedad civilizada es que reconozca que las mujeres sufren el infierno aquí en la tierra cuando están ante la necesidad de practicarse un aborto a pesar del riesgo que corren. El atraso cultural efectivamente influye en los embarazos indeseables pero de eso no se puede culpar a la sociedad, sino a las propias instituciones gubernamentales que no se aplican en desterrar la ignorancia para salvaguardar la vida de quienes ya nacieron y crecieron.
La decisión de abortar debe ser un derecho legal garantizando los servicios médicos gratuitos que se requieran. Esa es la forma civilizada y humanitaria de tratar a las mujeres que siguen siendo las más vulnerables y es también el camino que deben recorrer para estar al parejo con los hombres.
Así como la decisión sobre cuantos hijos tener ya es un derecho legal que superó el oscurantismo promovido por la Iglesia de parir “los que Dios me mande” ahora se trata de que la mujer tenga la posibilidad de rebelarse contra la idea de que su único papel importante consiste en tener hijos y también de romper esa realidad ignominiosa que destina a los pobres a la tarea de producir muchos hijos para surtir de sicarios a La Maña y de obreros a las fábricas, las minas y las columnas de migrantes en busca de empleo.
Claro que el problema del aborto es un problema social que nos involucra a todos pero como preferimos la comodidad, le hemos dado la espalda, por eso son pocos los que se pronuncian públicamente a favor de las mujeres, de nuestras madres, nuestras hermanas, nuestras hijas y nuestras nietas, pensamos que en su situación nada puede ni debe cambiar porque así ha sido siempre.
Las mujeres padecen solas los daños físicos y emocionales de un aborto, asumen siempre ellas solas las consecuencias de un embarazo, como si en el resultado nada hubiera tenido que ver un varón. Esa situación tan traumática nos parece natural que solo la padezca y resuelva la mujer, como si correr ese riesgo fuera su destino manifiesto.
Y en esa conducta incurrimos todos, independientemente si somos, jóvenes o adultos, jueces o curas, magistrados o agentes del Ministerio Público.
Por eso es un paso importante la modificación del Código penal que solo será de un simple trámite en el Congreso porque la sociedad guerrerense ha madurado tanto que hoy tiene la mayoría para representar dignamente a las mujeres. Así el pobre e “ignorante” estado de Guerrero se ubicará pronto en el mismo nivel de sociedades como la canadiense, la estadunidense y la argentina, la cubana, la uruguaya y ahora la chilena, las que en nuestro continente han legalizado el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos porque eso es la verdadera defensa del valor y la belleza de la vida.