Gaspard Estrada
Septiembre 24, 2025
En memoria de Oscar Estrada, mi padre, en el quinto aniversario de su fallecimiento.
Bolivia se prepara para vivir una segunda vuelta presidencial sin precedentes entre Rodrigo Paz y el expresidente Jorge Tuto Quiroga, en un clima de recomposición política marcado por el colapso del Movimiento al Socialismo (MAS) de Evo Morales. El partido que dominaba la política boliviana desde 2005 y que fue el alma y el motor de la “revolución democrática y cultural” –con resultados históricos del 64 por ciento en las elecciones de 2009, 61 por ciento en 2014 y 55 por ciento en 2020– no solo ha quedado fuera de la segunda vuelta de las elecciones, sino que prácticamente ha desaparecido de la vida parlamentaria, quedando así excluido de la política institucional. A pesar de la sorpresa de los resultados, el mapa electoral mantuvo su división histórica entre el este y el oeste. En el oeste andino, Paz se impuso, mientras que en el este lo hizo Quiroga. Si el primero sale vencedor de la segunda vuelta, la burguesía de Santa Cruz, que apoyó a Quiroga y, en menor medida, a Samuel Doria Medina –que quedó en tercer lugar a nivel nacional–, habrá demostrado una vez más sus dificultades para proyectar su hegemonía a escala nacional.
El 19 de octubre, el país se pronunciará en una segunda vuelta entre un candidato de “centro-derecha popular” –o que aspira a serlo–, Rodrigo Paz Pereira (con el 32 por ciento de los votos válidos), y otro de la derecha neoliberal radical, el expresidente Jorge Tuto Quiroga (26.7 por ciento). Rodrigo Paz es un político pragmático, que hoy intenta adaptarse al contexto regional (que gira hacia la derecha). Actualmente se alinea con la derecha regional, reflejando así su oposición interna al MAS, al tiempo que necesita de esos votos para ganar la segunda vuelta.
Quiroga ha anunciado que, en caso de victoria, lideraría “la mayor revolución liberal de la historia para transformar la mentalidad de Bolivia” y que no solo utilizaría la “motosierra” al estilo de Milei, sino también “machetes y tijeras”. En 2005, Quiroga perdió las elecciones frente a Evo Morales, quien con el 54 por ciento de los votos inició su largo reinado político. Militante de la derecha dura, desempeñó un papel central en el derrocamiento de Evo Morales en 2019, como uno de los artífices de la estrategia que llevó al poder a Jeanine Áñez. Indicó que, en caso de victoria, rompería los lazos con Venezuela, Cuba e Irán, sin descartar de antemano la participación de Bolivia en el grupo BRICS, debido a las relaciones comerciales con India y China.
Con un estilo anclado en los años noventa, declaró que mantendría una “posición agresiva” para buscar acuerdos de libre comercio con varios países, entre ellos Estados Unidos. Anticomunista a la antigua usanza, se muestra menos entusiasta con las guerras culturales libradas por las nuevas derechas, aunque elogia al argentino Javier Milei y al chileno José Antonio Kast. También ha sido entrevistado con entusiasmo por figuras como Agustín Laje, influyente en la “batalla cultural” en Argentina y representante del ala más reaccionaria del gobierno de Milei.
La izquierda boliviana vuelve así a la situación anterior a 2005. El MAS era un partido de movimientos, lo que constituía una fortaleza, pero también una debilidad, ya que carecía de estructura orgánica y dependía de Evo Morales para mantenerse unido. Hoy en día, ese liderazgo ya no existe como en el pasado. Con la implosión del MAS, se cierra un ciclo político e ideológico que se inició con las guerras del agua y del gas de 2000 y 2003. Al igual que en los siglos XIX y XX, aunque se perciba como un país aislado en los Andes y los llanos orientales, Bolivia siempre ha sido muy permeable a las tendencias ideológicas regionales, desde el liberalismo del siglo XIX hasta el populismo de izquierda del siglo XXI, pasando por el nacionalismo revolucionario de los años cincuenta y las dictaduras militares de los años setenta. La segunda vuelta determinará la forma en que el país se adaptará al nuevo clima político regional, heterogéneo pero orientado hacia la derecha, incluso en los países donde el progresismo sigue (por ahora) gobernando.
* Miembro de la Unidad del Sur Global de la London School of Economics (LSE)
X: @Gaspard_Estrada