EL-SUR

Sábado 04 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

En las exequias del PRI

Humberto Musacchio

Agosto 02, 2018

Contra la opinión de otros prominentes priistas, Claudia Ruiz Massieu, por ahora presidenta del Comité Ejecutivo Nacional del ex partidazo, soltó una declaración que le enajenará la simpatía de su partido: “José Antonio Meade era un candidato de lujo, pero el PRI no lo hizo suyo”.
La representante del salinismo en el tricolor no considera que haya sido un error tener candidatos prestados, incluso con pasado panista, pese a que la imposición de Meade como abanderado (y del mochísimo Mikel Arriola en la Ciudad de México) fueron una bofetada en el rostro de un partido que ya andaba mal en las encuestas, pero aceptó mansamente la imposición llegada de Los Pinos.
La derrota es el precio que pagan los priistas por una malentendida disciplina, por la actitud agachona, servil incluso hacia un presidente que si bien fue envuelto en pañales tricolores, la verdad es que llegó en la etapa del juniorismo, lejos, muy lejos ya del PRI que levantaba banderas sociales y se reivindicaba heredero de la revolución mexicana.
El PRI de Peña Nieto nada tiene qué ver con aquel pasado, con los postulados legitimadores de su monopolio del poder. Después de la debacle de 1982, De la Madrid, Salinas y Zedillo se encargaron de sepultar la vieja ideología, la revolución mexicana dejó de ser el lugar de origen, los héroes de esa y otras gestas fueron olvidados y se consideró posible prescindir de las creencias imbuidas durante décadas en la ciudadanía. Se pretendió ignorar que las ideas compartidas, falsas o verdaderas, no son material desechable a voluntad de los gobernantes. Se equivocaron. No entendieron que un edificio ideológico tarda mucho tiempo en levantarse, y no tenían otro de repuesto, porque las referencias a un pasado heroico no son sustituibles por las endebles baratijas del neoliberalismo y la capitulación ante los centros de poder financiero.
Pero hubo algo que influyó igualmente en el hundimiento del barco tricolor: no se entendió que una fuente incontrastable de su poder era el sector público de la economía, que permitía repartir empleos –razón de ser de todo partido, según Max Weber– y propiciaba la corrupción que es enriquecimiento, pero también compromiso y complicidad con la banda.
Por si fuera poco, el sector público de la economía daba también para arrojar las migajas a las bases sociales y a mantener un espejismo de prosperidad, pero llegaron los mandatarios neoliberales y una tras otra las empresas paraestatales se enajenaron al sector privado y sobre todo a los tiburones extranjeros, labor que se redondeó a principios del presente sexenio con la llamada reforma energética, que entregó a las trasnacionales la electricidad y el petróleo.
Privado de ese cemento social que es la ideología y sin recursos materiales para mantener la cohesión interna y hacerse valer socialmente, el PRI sufrió el descalabro del año 2000, pero Fox y Calderón fueron pésimos gobernantes y los priistas, más a la mala que legalmente, tuvieron en 2012 otra oportunidad, la que todo indica que fue la última, pues nuevamente, por complacer a los centros de mando de la economía mundial, perdieron de nuevo una elección presidencial, pero esta vez se trata del último clavo en su ataúd.
Por eso suena más falso que una moneda de siete centavos aquello de que “el PRI sigue siendo nacional”, que “está vivo y en transformación”, como declaró Claudia Ruiz Massieu. No es así. El PRI ha dejado de ser nacional. Lo era porque contaba con los enormes recursos de la Presidencia, y en 2000, cuando ya no los tuvo, le quedaba una gran mayoría de las gubernaturas y de ahí salieron los fondos para darle respiración artificial.
Ahora será distinto. El partido no tiene dinero y está muy acostumbrado a gastar, a derrochar en gran escala. Para colmo, los vencedores de hoy ya anunciaron que recortarán los presupuestos electorales. Con pocos gobernadores y pobres bancadas en el Congreso, el panorama económico se ha convertido en un oscuro túnel para el PRI, un partido acostumbrado a hacer política con dinero y más dinero.
La señora Ruiz Massieu dice que si bien su partido perdió “competitividad desde hace algunas elecciones”, se deben ver “las causas más atrás. Lo relacionado con nuestra propia organización, la lejanía con la militancia y aun la coyuntura internacional”, pues sí, pero el PRI no es un partido capaz de profundizar en la autocrítica, no está en su naturaleza. Por eso camina hacia la extinción. Descanse en paz.