EL-SUR

Jueves 11 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

En los bajiales del Papagayo

Silvestre Pacheco León

Febrero 21, 2016

A finales del 2014 el puente del río Papagayo que comunica a la región de la Costa Chica se había rehabilitado completamente después de las crecientes ocasionadas por los ciclones de septiembre del 2013.
Las fotos que tomó Suria en esa primera parada rumbo a la cabecera municipal de Ayutla, fueron de las familias ofreciendo las frutas de la temporada a la orilla de la carretera, luego del río y sus alrededores; las vacas y cabras sesteando bajo las palmas crecidas en un potrero.
Retrató a niños bañando en la poza, y a las mujeres lavando ropa en un recodo del río.
La escena inesperada fue la algarabía procedente del cielo anunciando la llegada de una parvada de pericos que se asentaron en la higuera frondosa, sin aminorar su escándalo.
–¿Son lo que creo?, me preguntó enfocando el objetivo de su cámara mientras intentaba el acercamiento para la foto. Le respondí que sí, que eran pericos cabeza roja, clasificados en la lista de las aves en peligro de extinción.
­–Pensé que esto ya nada más se veía en las películas, dijo emocionada.
–Con un poco de suerte hasta un papagayo podríamos encontrar, le dije en broma.
–¿Qué más suerte se necesita?, me dijo mientras me daba un abrazo de complicidad.
–¿Pesca algo la gente en éste río?, me preguntó mirando a los dos jóvenes metidos en el agua, cada uno provisto de visor y arpón.
–Principalmente langostinos, pero también hay carpas y una variedad de peces de río, le expliqué.
No insistió en bañarse, después de que comentamos lo contaminado del río, y de advertirle que no la seguiría en esa aventura que podía resultar en ronchas y comezón por todo el cuerpo.
Antes de retomar el camino pasamos revista a los puestos de fruta: Suria escogió plátanos y cajeles, estos últimos de sabor agridulce, que son la versión costeña de las naranjas valencianas, y no quiso irse sin interrogar a las personas encargadas del negocio, para saber su opinión sobre la proyectada hidroeléctrica de La Parota.
–Imagínese señorita, se van a secar nuestras huertas si el agua del río la acaparan arriba.
–Dicen que el gobierno va a comprarles sus tierras a buen precio.
–Las vendería sólo que mantuvieran a toda mi descendencia, porque lo que me paguen me lo gasto, ¿y después?, reflexionó el costeño de bermudas, que era todo lo que tenía puesto como indumentaria.
La mujer del puesto vecino fue más cauta y dijo que a ella le interesaba asegurar la educación de sus hijos porque “sabiendo letra se defienden uno mejor en la vida y pueden encontrar trabajo en la ciudad”.
Cargando las frutas del bastimento, despachadas generosamente, nos despedimos de los lugareños.
A propósito de la hidroeléctrica de La Parota

–¿A poco tu periódico también te encargó una encuesta?, le dije a Suria en el coche, refiriéndome a las entrevistas.
–Es para documentar mi postura, respondió.
–Imagínate el dramático cambio que sufrirán estas gentes en sus costumbres y modo de vida si un día los desalojan.
–Lo que cambiará del paisaje verde y productivo, con su clima fresco. Todo eso que inspiró a poetas.
–Se acabaría todo, ¿No? La vida que vemos es por el escurrimiento del río. La humedad forma el ambiente, los paisajes y el modo de ser de las personas.
Después de una pausa en la que calladamente cada quien se imaginó el futuro para esta región, reiniciamos la plática.
–¿Qué se dice de La Parota en la capital? ¿Se mantendrá suspendido el proyecto?, pregunté.
Me respondió que para el círculo del poder la hidroeléctrica sobre el río Papagayo sigue siendo una prioridad del Estado mexicano.
–Son las necesidades globales para la expansión del capital.
–¿Será que podrán iniciarla en el 2018?
–Ya sabes que esos son sus planes.
–Pero la economía nacional no está para esa inversión aunque la Comisión Federal de Electricidad diga que sí.
–Ya ves lo caradura de su titular.
–Hasta la iniciativa privada tiene interés en invertir en la obra.
–¿Sabes que el presupuesto para construir la presa cuya cortina será tan alta como un edificio de nueve pisos es de 800 millones de dólares?, imagínate si la IP no va a interesarle.
–“De la obra lo que sobra” dicen que es el lema de los políticos para hacerse del presupuesto.
–El proyecto dice que se terminaría en ocho años. Un millón de dólares por año.
–<¿Tu postura sigue siendo en contra de La Parota?, me preguntó Suria muy seria.
–Pues claro, lo de la neutralidad del periodista ya sabes que es un mito. Acuérdate del principio aquel de estar siempre del lado del débil.
–Oye, Kropotkin, tu realmente te sientes guerrerense, aunque hayas nacido chilango, ¿verdad?… lo bueno es que no eres tan salvaje como tus paisanos.
–Soy guerrerense por decisión. Ya ves, hasta dos hijas acapulqueñas tengo.
–Guerrerense nacido en la Ciudad de México.
–Como decía Chavela Vargas cuando le preguntaron en Francia por qué era representante de la canción mexicana, si ella había nacido en Costa Rica: “porque los mexicanos somos tan cabrones que nacemos donde se nos pega la gana”. Así somos también los guerrerenses, pue’.
–¿No extrañas la Ciudad de México?
–De repente, cuando me acuerdo de ti, le dije poniéndole como diadema la flor de buganvilia en su pelo.
–Pero cuando estoy fuera, extraño este pinche estado con su calor que abrasa.
–Y sus mujeres, confiésalo.
–En eso tú sabes que mis gustos son universales.
Suria hizo un gesto de desaprobación por el comentario y guardó silencio. En la prensa de esa semana se hablaba de que la Comisión Federal de Electricidad había iniciado con los pobladores de La Parota la negociación para revisar los altos cobros de luz, y su vocero anunciaba la posibilidad de que el sistema de policía comunitaria de la CRAC se extendiera hasta esa región.
En la capital del estado el ex presidente municipal y ahora diputado local, Héctor Astudillo enumeraba ante empresarios los problemas urgentes de resolver, entre ellos, el de la inseguridad y la violencia. Llamaba la atención sobre la irrupción de los grupos de la policía ciudadana que habían aparecido en la Costa Chica y en el corredor del Acapulco rural, hasta el municipio de Chilpancingo. No simpatizaba con la idea que emergía de los pueblos, pero la justificaba ante la ineficacia del gobierno en ese tema.