EL-SUR

Sábado 18 de Mayo de 2024

Guerrero, México

Opinión

Enfermedad de sangre

Federico Vite

Julio 12, 2016

Abril quebrado (traducción Herederos de Ramón Sánchez Lizarralde 2001, Alianza, España, 243 páginas) es la novela más conocida del escritor albanés Ismaíl Kadaré y, para muchos crítico literarios, un documento que sondea con inteligencia aspectos del folclor oscuro de una región agreste, difícil de imaginar.
El libro se despliega en dos relatos, el primero de ellos muestra a Gjorg Berisha, quien debe saldar una deuda de sangre con los asesinos de su hermano; el segundo es reflexivo, Kadaré recurre a la figura de un escritor, Besian Vorpsi, quien se encuentra de viaje matrimonial por los territorios montañeses, sitios en los que impera la ley del kanun; es decir, la venganza perpetua, el honor por la palabra empeñada y el respeto sagrado a la hospitalidad.
Gjorg es arrastrado al asesinato por tradición, debe cumplir una ley sagrada de sangre, tiene los días contados. Vorpsi testimonia diferentes acciones relacionadas con el kanun (el pago por venganza de sangre), recorre la región en una carroza tirada por caballos y, como si se tratara de un día de campo, explica a su joven esposa el código masculino de las tasas de sangre albanesas. Destaca los aspectos más atroces y siniestros de un proceso irracional: la venganza siempre como uso de moneda corriente, saldada con sangre o con dinero. La incidencia de Kadaré radica en mostrar la venganza como la única empresa exitosa en ciertas regiones de Albania.
Abril quebrado ocurre durante el reinado de Zogú I, entre 1928 y 1939 (su mandato se caracterizó por el autoritarismo. Tomó una serie de medidas encaminadas a acercarse a Italia, país con el que firmó un tratado de amistad y seguridad en 1926, y una alianza militar en 1927. El 1 de septiembre 1928 se hizo proclamar rey de Albania con el nombre de Zogú I. Su ascenso al trono se produjo gracias al apoyo del presidente italiano Mussolini). Kadaré se encarga de fundamentar el comportamiento de los campesinos y el del escritor, figura risible del intelectual displicente, en el nulo porvenir de la región norte de Albania. Así que la pobreza, la marginación y el desempleo son las aristas que propician la continuidad de la violencia; en ese contexto, el de la caprichosa impartición de justicia, el joven escritor Besian Vorpsi centra su interés en conocer a fondo el espíritu del kanun, la ley ancestral por la que se rigen los habitantes de aquellos pueblos.
En una posada, Vorpsi se cruza accidentalmente con un joven campesino que lleva en su ropa el distintivo de haber matado a alguien para lavar la sangre de un familiar (una cinta negra atada a su brazo). Según el kanun, tras unos días de tregua oficial, el vengador debe huir, tratará de evitar la venganza de los parientes de la víctima y ellos estarán obligados a cazarlo.
El escritor y el malhadado destino que pesa sobre Gjorg Berisha funcionan muy bien como símil de la relación entre Albania y el Imperio austro-húngaro. Eruditos y campesinos se tomaron de la mano para ir corriendo hacia la muerte en la Primera Guerra Mundial. Después de ese hecho, buscaron muchos más pleitos, incluso entre ellos.
“Hay gente que no trabaja, se dedican a sobrevivir a los ataques armados, cobran una porción de dinero, se rehabilitan y mantienen su honor intacto, su orgullo; vuelven a la batalla para perpetuar un círculo vicioso. No hay más destino que la muerte violenta, todos oprimidos y aplastados por el kanun”, dice Kadaré y señala, en voz del escritor que toma nota para acercarse tímidamente a la violencia, porque aún cree en la posibilidad de asomarse al abismo y salir indemne: “Creí que entendía los hechos, pero al revisar, anotar y estudiar las tasas de mortandad, temí que también yo estuviera enfermo de esas deudas de sangre y debía cobrar venganza”. Más que estudiar un hecho, terminó inmiscuido en la fascinante empresa de la ira como estandarte de la masculinidad.
Una forma de vida, como la reflejada en Abril quebrado, propicia la aceptación resignada y fatalista de un exterminio innecesario. Como lo han hecho los grandes autores, el albanés describe y critica los círculos viciosos en los que se ha movido la violencia emanada de la violencia. Reproduce el dolor causado por una ley absurda que ciñe a los hombres al cementerio, pues tarde o temprano alguien de la familia se verá involucrado en la jurisdicción del kanun.
Lo atractivo de Abril quebrado es justamente la forma de engarzar lo reflexivo con lo violento, porque más allá de la admirable manufactura de los personajes y de la maestría con la que eslabona la progresión dramática de los hechos, Kadaré pone su carne al asador afirmando que un novelista está siempre tentado a volcarse en la enfermedad de la sangre (venganza ancestral, casi heredada, irracional), porque es mucho más expresiva vitalmente que la tinta.
Kadaré nació en el sur de Albania, en 1936. Estudió filología en Tirana y después en Moscú, la ruptura de su país con los rusos le obligó a regresar a su patria. Sus libros muestran un país que ha permanecido largo tiempo aislado, ignorado, vapuleado. Obtuvo asilo político en Francia, en 1990. Ha sido candidato al premio Nobel. En 1992 fue uno de los finalistas para el premio literario Grinzane Cavour, uno de los más prestigiosos en Italia, con su obra La ciudad de piedra. El 6 de mayo de 1996 fue elegido miembro asociado extranjero de la Academia de las Ciencias Morales y Políticas de París. Recibió en 2005 el premio Booker international. Se le concedió el premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2009. En 2015 fue reconocido por el premio Jerusalén. Que tengan buen martes.