EL-SUR

Sábado 27 de Noviembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Enrique González Rojo Arthur

Humberto Musacchio

Marzo 08, 2021

Enrique González Rojo Arthur

Con Eduardo Lizalde, Marco Antonio Montes de Oca, Arturo González Cosío, José Antonio Montero, David Orozco Romo, Graciela y Rosa María Phillips, Enrique González Rojo figuró en el poeticismo, corriente literaria que, dijo, pretendía llegar a “la unidad en un todo del poeta y el crítico, del lírico consciente y el esteta” con base en “la originalidad, la complejidad y la claridad”, pues para él “no era sólo una teoría poética, sino que iba acompañada de una práctica existencial, un modus vivendi”. Así lo entendió y lo vivió hasta el final, con un proyecto literario ambicioso y la sólida convicción de que los seres humanos merecemos una existencia menos difícil. González Rojo muere cuando el Fondo de Cultura estaba a punto de publicar Los colmillos del dragón, su último poemario. Humanista hasta el fin, nos deja su alto ejemplo de intelectual comprometido y consecuente, de pensador que trató de ir siempre a la raíz de las cosas. Lamentablemente, su despedida ha sido motivo para que otra vez se atropellen los derechos de autor, pues diversas publicaciones y la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México han usado una foto de Pascual Borzelli sin reconocer su autoría ni pagar los derechos correspondientes.

El caso de Siglo XXI

Como era esperable, continúa el escándalo por la venta de Siglo XXI a un membrete chihuahuense ajeno al mundo del libro y, lo que es peor, del que sotto voce se dice que es lavadero de dinero negro o, en el mejor de los casos, membrete tras del cual están grupos empresariales de Monterrey y Zacatecas, quienes pondrían al frente de la editorial a un intelectual conocido, pero de derecha y por supuesto antiAMLO. Por lo pronto, el pasado miércoles apareció un desplegado con las firmas de Rolando Cordera, Emmanuel y Helena Haro Poniatowska, Pablo González Casanova, Fernando Canales Lozano, David Barkin, Iván Restrepo, Néstor Braunstein, Gustavo Esteva, Eugenia Huerta y otros intelectuales, en el que acusan a Jaime Labastida de haber traicionado “en los hechos la voluntad expresa de Orfila”. Señalan que hubo un acuerdo entre Labastida y Guadalupe Ortiz “sobre el destino de las acciones”, hasta que “la ambición desató la guerra entre ellos” y las acciones “quedaron en manos de Labastida”, para lo cual el poeta “pidió un préstamo a la propia editorial para comprarlas”. Hoy, dicen los firmantes, la venta de las acciones “será el botín personal de Labastida, sin consideración alguna por el destino de Siglo XXI”. Por su parte, se sabe que los compradores pedirán al poeta que aclare cómo adquirió los paquetes accionarios hoy en su poder. Mañana, Jaime ofrecerá entrevistas por Zoom a reporteros de diversos medios, a quienes promete responder toda pregunta.

El 19, hechos consumados

Con la firma del ingeniero Alberto Moles Batllevel, presidente del consejo de administración de Siglo XXI Editores, circula la convocatoria para la asamblea de accionistas del 19 de marzo. Se había corrido la versión de que Merkcent Consulting and Funding, SA de CV, el aparente comprador, pediría a Jaime Labastida aclarar cómo adquirió los paquetes accionarios objeto de la operación, lo que al parecer no tiene viabilidad, pues la convocatoria a la asamblea señala que ahí se presentará al “nuevo accionista”, lo que implica que los asistentes se enfrentarán a hechos consumados, se nombrará (no se elegirá) al “nuevo miembro del consejo de administración” y al “nuevo gerente especial financiero honorario”, quien ahí mismo, con una generosidad que sorprende, renunciará a la correspondiente remuneración. Por la importancia de la editorial para la cultura, algunos accionistas habían propuesto que el gobierno capitalino adquiriera la firma editora y luego llamara al público interesado a suscribir acciones. Ya no será posible.

Iconografía de Octavio Paz

Ocurre con los grandes escritores que –si se permite la expresión– la muerte no los mata. Lejos de eso, su figura crece y su obra adquiere su verdadera dimensión, liberada ya de partidarismos políticos, controversias intelectuales y competencias por ganar poder e influencia. Por eso, la formidable Iconografía de Octavio Paz (Ed. FCE-U. Autónoma de Querétaro), preparada, prologada y anotada por Rafael Vargas, nos regresa imágenes del poeta extraordinario, del poderoso ensayista, del diplomático, el polemista… en suma, del hombre que, como cualquier ser humano, tuvo dudas, errores, rectificaciones y debilidades, sobre todo lo cual emergió su talento, su capacidad intelectual y su valor cívico, expresado en el joven izquierdista, en el escritor solidario con la España Republicana, en el analista que advirtió la ominosa presencia del estalinismo en los regímenes del socialismo real y, de manera entrañable para nuestra generación del 68, en su valiente renuncia como embajador mexicano en la India en protesta por el nefando crimen tlatelolca. El libro de Rafael Vargas (lamentablemente sin su crédito en portada) es un emocionante recorrido por la familia y los amores del poeta, por su trayectoria diplomática y por el amplísimo universo de personajes que frecuentó. Un verdadero muestrario de grandezas.