EL-SUR

Lunes 24 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Entre el poder y la democracia

Jesús Mendoza Zaragoza

Septiembre 11, 2006

Todos la invocan. En el escenario político actual, todas las voces hablan de ella y dicen que actúan en nombre de ella y a favor de ella. Pero un resultado conexo a la elección presidencial devino en un conflicto político en el que ella ha sido puesta en alto riesgo. Sí, el manoseo de la democracia ha sido abundante. Un manoseo impúdico que no termina y que crea un clima de escepticismo y de incertidumbre.
En nombre de la democracia el gobierno federal puso en riesgo la elección, según el dictamen del tribunal electoral, en nombre de la democracia se hizo una “guerra sucia” en los medios, en nombre de la democracia se orquestó un desafuero malogrado, en nombre de la democracia se predicó el miedo y aún el odio ante los inermes ciudadanos, en nombre de la democracia se introdujeron chachalacas en el proceso electoral, en nombre de la democracia se ha mantenido un plantón bloqueando calles en la ciudad de México, en nombre de la democracia se rechaza la vía del diálogo para salir de la crisis política, en nombre de la democracia se gastaron muchos millones en publicidad política como si la sociedad estuviera idiotizada para tragársela sin más, en nombre de la democracia, en fin, se hizo de todo para anular adversarios y apabullar a la gente.
Sí, en el discurso de todos se rinde culto a la democracia pero en la práctica se le golpea. Y no se trata de una incongruencia inconsciente sino de una estrategia planeada por los actores políticos en la que se empeñan en engañar a la gente y en alejarla del escenario de la vida pública para ocupar en ella todo el espacio. En realidad, lo que buscan no es la democracia sino el poder. Eso es todo. Con tal de arrebatar o retener el poder hacen de todo menos democracia. Si quisieran verdaderamente la democracia no mentirían, no injuriarían a nadie, no afectarían a terceros, no tirarían tanto dinero a la basura publicitaria.
Es el instinto de poder el que ha hecho de las suyas. La crisis política que estamos padeciendo pone, ciertamente, en riesgo a la democracia porque se ha dado primacía a la búsqueda del poder sobre el bien común. Lo que ellos quieren es el poder y la democracia es el gran pretexto. Y lo manifiestan en actitudes y criterios antidemocráticas como la intolerancia, el rechazo al diálogo, el escaso respeto a los derechos humanos, la resistencia a un debate serio y a fondo sobre las demandas de la gente, el ajuste de la agenda nacional a los intereses de los partidos políticos.
Lo que muchos ciudadanos queremos es que cese esa esquizofrenia política en la que no coincide el discurso con la práctica, pues mientras que se verbaliza el culto a la democracia se actúa en sentido contrario con riesgo de una regresión autoritaria auspiciada por el latente y oculto culto al poder constituido como el máximo valor en las contiendas políticas y electorales. Esa ansia de poder no promete otra cosa que desprecio a la gente que se traduce en manipulación y en un mayor desencanto de la actividad política.
Es tiempo de llamar al pan, pan; y al vino, vino. Hay que llamar al ansia de poder por su nombre y dejarse se estrategias engañosas para darse imagen de democráticos a costa de la nación.