EL-SUR

Lunes 08 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Entre la simulación y la complicidad

Silvestre Pacheco León

Abril 20, 2026

 

 

No puede caberme en la cabeza que el gobierno del estado de Guerrero solo simule que está a favor de la 4T mientras su interés y vocación siguen otros derroteros, porque sería simplemente perverso que pretendiera engañarnos a ojos vistas, conspirando en los hechos para que no haya cambio alguno de los que realmente mandan y han mandado siempre aunque ya no sea el PRI quien los represente.
Mejor optemos por calificar a este gobierno simplemente como incompetente, de pe a pa, porque no hay uno solo de sus funcionarios como excepción para confirmar la regla.
La incompetencia de cada uno de quienes integran el equipo de gobierno es proverbial, su único compromiso es mostrar lealtad a la familia gobernante para mantenerse en el poder. El caso de la secretaria de Cultura es ejemplar en ese sentido porque en vez de ser despedida por la burla que hizo a la 4T al rendirle homenaje al primer cacique del estado, responsable de tantas muertes y de las atrocidades más inimaginables como gobernador y miembro notable del régimen priísta, se le mantuvo en su puesto como reconocimiento a su desarrollado cinismo. Estando bien con Dios, lo demás es (lo de menos).
Pero el cargo más importante que debemos hacerle al cogobierno de Salgado Pineda es su evidente incapacidad para alinearse a la 4T cuando menos con un seguimiento puntual y un apoyo incondicional a todos los programas federales que están dirigidos al bienestar de nuestros paisanos, pero ni siquiera de eso es capaz, y menos de tener sus propios programas dirigidos a profundizar el combate a la desigualdad y a la pobreza de los guerrerenses, lo cual está provocando entre la población enojo, frustración y desengaño, que se pueden traducir en inacción e inmovilismo en las elecciones venideras si la familia gobernante sigue en el poder, tirando por la borda lo que la gente logró con osadía en el año 2018 al sacudirse el pesado lastre del régimen priísta. Veo, por ejemplo, el emblemático programa Sembrando Vida que la presidenta Claudia ha propuesto por segunda vez, en Barcelona, a los gobiernos del mundo para un futuro de paz con solo destinar el 10 por ciento de lo que ahora se gasta en armamento a un programa global de reforestación que genere empleo y mejore el ambiente climático del mundo.
Pero el gobierno del estado está tan distante de ese programa federal que ni siquiera lo conoce y ni sabe dónde están los 35 mil campesinos que reciben apoyo mensual desde hace más de cinco años, ni los cambios que han generado en su entorno incluyendo la ocupación productiva familiar y la generación de bienes alimenticios, y menos para combatir la simulación que muchos campesinos aprendieron del régimen priísta para recibir el apoyo sin cumplir con su compromiso, dedicados a cortejar o amenazar a los funcionarios federales para que les sigan pagando.
Un seguimiento puntual a lo que han hecho los campesinos beneficiarios de este programa en más de 90 mil hectáreas serviría para presumir el cambio notable conseguido en las ocho regiones del estado y en más de 2 mil localidades de 71 municipios, quizá solo eso nos pondría a la cabeza en todo el país hablando bien de los campesinos beneficiados y de su gobierno, pero a la fecha parece no haber diagnóstico del mismo, y ya no digamos de los novedosos y puntuales programas para la producción del café orgánico soluble del que se habla en las conferencias mañaneras de la Presidencia de la República, del cacao y la jamaica que no se ven en los tianguis dominicales ni en las tiendas donde dicen que se vende.
Sale sobrando que la presidenta de la República repita y repita en sus conferencias mañaneras el contenido de los programas federales que su gobierno aplica para todos los mexicanos, si lo que vemos en Guerrero son aumentos inconsultos como sucede con el pasaje en Chilpancingo, que es un retrato fiel de que el gobierno está de florero porque en vez de defender la economía popular se limita a justificar el aumento de casi el 30 por ciento en la tarifa de las combis.
En Guerrero se siente y se vive una especie de insatisfacción y frustración generalizadas que solo los programas federales ayudan un poco a atenuar, apenas para evitar que se declare en franco descontento, porque elementos no les faltan, empezando por el maltrato que viven los propios trabajadores del gobierno a quienes antes suponía que eran los saboteadores del gobierno por su cultura priísta, pero nadie está contento, ni siquiera los sindicatos que se supone que verían al gobierno como un aliado. El descontento previo a las elecciones de 2027 parece ir escalando mientras el partido del gobierno se entretiene con las disputas internas por las candidaturas.
Uno de los problemas más sensibles que se debería estar atendiendo es el de salud porque en nuestro estado no hay quien hable de que ese sector esté mejorando, ni siquiera por la novedad del IMSS-Bienestar. Los trabajadores se quejan que todo el presupuesto lo acapara ese programa en detrimento de los programas estatales.
Ya hace años, por ejemplo, que los trabajadores que se dedican a prevenir enfermedades y epidemias adscritos al sector de Vectores se siguen quejando de la falta de materiales y equipo para mejorar y ampliar su atención contra los mosquitos y otros insectos como las chinches y las garrrapatas, trasmisores de enfermedades como el dengue, la malaria y la chikungunya. El abate o larvicida que se utiliza para fumigar, hace años que no llega al estado a pesar del riesgo permanente que vive su población por esas epidemias. Los trabajadores se quejan no solo de la falta de dicho insumo, sino de que aún sin él tienen que simular que algo hacen en las comunidades que se ven obligados a visitar porque para cobrar parte de su salario tienen que entregar evidencias de que viajaron. Entre los propios trabajadores se cooperan para sus viáticos porque no hay ni vehículos ni gasolina para los traslados. Los diputados y los funcionarios de esa dependencia permanecen callados tratando de no hacerse notar porque ponen en riesgo su estabilidad.
Por su parte el sector privado amaga un día sí y otro también con aumentar los precios de los productos básicos contra la población inerme que no tiene a nadie que la defienda. Los tortilleros como los transportistas ya no ven la hora de aumentar el precio de su producto a pesar de que reciben toda clase de subsidios oficiales sin que en cambio haya quien vigile la calidad y legalidad de su producto. Cada vez las tortillas las venden más crudas y del peso legal de los kilos ni hablemos porque nadie podría asegurar que está satisfecho con eso.
Claro que si comparamos a los distintos gobiernos municipales a partir de su origen partidario, no encontraremos apenas diferencias, todos por igual compiten para simular y muchos destacan solamente en la organización de las fiestas mientras la calidad de los servicios que por ley deben prestar cada vez se deterioran, por eso la escasez de agua y la resistencia a la sed es memorable y en ella son campeones los chilpancingueños que gastan sus magros ingresos en el pago de las pipas como si tuvieran alberca. Por eso creo pertinente hacer esta pregunta: ¿qué es más criminal? ¿La incompetencia del gobierno para continuar con las transformación para abatir la pobreza y la desigualdad, o su complicidad con los poderes fácticos para que nada cambie?