EL-SUR

Martes 27 de Septiembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Epidemias

Octavio Klimek Alcaraz

Abril 04, 2020

Las principales enfermedades que han hecho sufrir a la humanidad por su gran mortandad, como la viruela, la peste, el cólera, la gripe, la tuberculosis, la malaria –-por citar algunas de las que se tiene noción por las crónicas históricas– son enfermedades que evolucionaron a partir de enfermedades de los animales.
Estas enfermedades infecciosas han decidido con mucho la historia humana. Las guerras no las han ganado los ejércitos, sino los microbios que portaban y que transmitían a sus adversarios.
Por ejemplo, la conquista de los europeos de la actual América fue nefasta para los pueblos originarios asentados. Existen, estimaciones de que, en 1519, a la llegada de Hernán Cortés en el hoy México central, se tenía una población de 25 millones de habitantes, después de la caída de la Gran Tenochtitlán alrededor de 16 millones y para principios del siguiente siglo XVII sólo quedaban un millón de habitantes indígenas, en menos de un siglo quedaba en ese territorio menos del 4 por ciento de la población original. Todo esto debido a enfermedades infecciosas como la viruela. ¿Por qué fue desigual ese intercambio? ¿Por qué no fueron infectados los conquistadores con microorganismos de la ahora América?
Al parecer, los orígenes de todas estas infecciones venían de Europa y Asia, donde las infecciones provenientes pasaron de animales domésticos –ganado vacuno, cerdos, patos, gallinas, perros– a humanos. En la ahora América sólo se había domesticado pocos animales, como el guajolote o la llama. No había base para que muchos microorganismos prosperaran en términos evolutivos para convertirse en enfermedades infecciosas.
Los microorganismos se propagan a través de estrategias evolutivas más y más inteligentes, aunque el daño colateral sea matar al huésped humano que los alberga. Los seres humanos, ante la infección, nos defendemos y generamos anticuerpos, en muchos casos generamos inmunidad de por vida. Pero algunos microbios no ceden ante nuestros anticuerpos, cambian su composición molecular (los llamados antígenos), que deberían conocer nuestros anticuerpos. Eso explica las gripes recurrentes, que con diferentes antígenos nos engañan y nos enferman.
Por otro lado, la selección natural opera: algunas personas resultan ser genéticamente más resistentes que otras. Algunas personas resisten a las epidemias, otras no.
Las enfermedades epidémicas se caracterizan porque no se presentan casos durante periodos largos, luego un tsunami de casos, y luego nuevamente no se presentan casos. Se propagan rápido y de manera eficiente a partir de una persona infectada a una persona sana cercana. En poco tiempo la población se contagia. La enfermedad es aguda, en tiempo corto el enfermo muere o se recupera totalmente. Los que se recuperan, generan anticuerpos que los dejan inmunes para el resto de su vida. Así, la enfermedad se extingue. Además, la enfermedad se queda sólo entre los humanos. Habrá que esperar una nueva generación humana sin anticuerpos y una persona con la infección para una nueva epidemia.
Así, en la historia la Europa trajo de regalo epidemias a la América mediante microrganismos desarrollados originalmente en el gran continente euroasiático por la convivencia de sus habitantes con animales domésticos. Los pueblos indígenas no tenían los anticuerpos para resistir estas infecciones, fácilmente sucumbieron ante los nuevos microorganismos.
Ahora, ya no son sólo los animales domésticos los generadores históricos de epidemias. Por ejemplo, en Asia se consumen animales de la vida silvestre, y los virus que en ellos habitan están con más frecuencia saltando a hospedarse en humanos. Esto, ante malas prácticas de consumo animal de la vida silvestre y su cercanía al invadirse sus espacios de vida, se tienen nuevos/viejos riesgos en la salud para la humanidad.
Es urgente cambiar nuestra forma de relacionarnos con la vida silvestre y seguramente los animales domésticos, que hoy se crían en un modelo industrial intensivo para el consumo masivo.
La mayor parte de la población mundial va a sobrevivir al coronavirus, pero esto es un leve indicio de los riesgos de encontramos en algún momento con un microorganismo potencialmente más letal en términos de humanidad. No sería bueno que, a la mayor parte de la humanidad, le pasará lo que a los pueblos indígenas les sucedió trágicamente, con la llegada de los europeos a la ahora América. Necesitamos reformular nuestro modelo de relacionarnos con la naturaleza y su vida animal. Se requiere de manera urgente un gran pacto global que prevenga esto. México puede dar un ejemplo de ello.