EL-SUR

Martes 27 de Septiembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Es tiempo para la salud mental

Jesús Mendoza Zaragoza

Enero 10, 2022

Ya es tiempo. No es posible esperar más para que el Estado ponga la atención en la salud mental de los mexicanos, tan descuidada en el Sector Salud hasta ahora, pues ha sido abordada de manera tangencial en el mejor de los casos. En lo sustancial, la salud mental se ha restringido a la atención a quienes han sido clasificados como “enfermos mentales”, quienes viven situaciones de gravedad en hospitales públicos o en centros privados. En el ámbito de la educación se han dado algunos esfuerzos para detectar problemas en niños, adolescentes y jóvenes, que tengan que ser tratados desde la perspectiva clínica o educativa.
Ya es tiempo de mirar la salud como una necesidad integral de las personas y de los pueblos. Integrada a la salud física está la salud espiritual y emocional, porque lo que tratamos no son enfermedades sino enfermos. Cada enfermo experimenta su enfermedad de manera integral y el Sector Salud no lo trata de ese modo pues suele reducirse al aspecto físico porque es el más visible y palpable. Abordar la salud de ese modo deja insatisfecha esa necesidad, tanto que ese abordaje llega a ser mediocre.
Desde hace muchos años, el Sector Salud no atiende, de manera sistemática, las adicciones tanto al alcohol como a las drogas, y ante ese vacío se han generado múltiples respuestas privadas, desde las clínicas especializadas hasta los centros de Alcohólicos Anónimos en sus diversas facetas, que han ido dando respuestas a la demanda que hay en la sociedad. Este sigue siendo un vacío que el Estado está obligado a llenar.
La crisis de inseguridad y de violencia que hemos padecido durante la última década, ha dejado fuertes impactos en la salud mental de la población, de diversas formas. Hay un impacto grave y directo en las familias y comunidades que han sufrido acciones violentas, pero, además ha habido un impacto social muy amplio en la conciencia y en la conducta de la sociedad, que vive a merced de la inestabilidad y de la zozobra. Este impacto social de las violencias y de la inseguridad ha dejado a amplios sectores de la sociedad con graves secuelas emocionales y mentales que dañan las relaciones.
A casi dos años de pandemia observamos que la población lleva un gran peso sobre sus espaldas que tiene que ver con su salud. Cansancio, dolor, ansiedad, depresión y tantas frustraciones pesan demasiado, que no permiten retornar a la vida cotidiana con entusiasmo, fortaleza y buen ánimo. Esto requiere una atención específica a las personas, a las familias y a las comunidades. La sociedad, como tal está enferma y no tiene en sus manos el potencial para asumir las responsabilidades que le tocan con una actitud constructiva.
Tenemos que ir buscando formas de sanación personal y comunitaria. Pero ya es hora de que el Estado asuma la responsabilidad de la salud mental de manera sistemática, contemplando acciones preventivas y curativas. Hay una serie de necesidades que la población experimenta: necesidad de ser escuchados, de sanar y fortalecer las relaciones, de consuelo y de esperanza, de reconstruir el mundo personal y comunitario.
¿Cómo vamos a rehacer la vida después de la pandemia? Creo que una cosa indispensable es la sanación de las personas como protagonistas de su futuro. Con personas discapacitadas en sus mentes no podemos esperar mucho. Con personas heridas, solo podemos esperar más heridas en el futuro. Ojalá el Sector Salud ponga atención a esta necesidad social.