EL-SUR

Sábado 22 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Escuchar y consultar, vamos bien

Jesús Mendoza Zaragoza

Agosto 13, 2018

Previstos para realizarse del 7 de agosto al 4 de octubre, los foros de consulta para la pacificación y la reconciliación nacional, con espacios diferentes para víctimas de la violencia, para organizaciones de la sociedad civil y para autoridades locales, han comenzado a desarrollarse en función de la elaboración de políticas públicas del próximo gobierno federal. Según el calendario de este proceso de consulta, está previsto para el 28 de agosto el foro en la ciudad de Acapulco y otro en la ciudad de Iguala para el 22 de octubre sobre el tema específico de desaparecidos. También se llevarán a cabo consultas entre expertos en los diversos temas relacionados con la pacificación del país.
Estas consultas tendrán que ser el preámbulo de un proceso encabezado por el gobierno federal que, paulatinamente, tiene que ir involucrando a los gobiernos estatales y municipales. Y los poderes Legislativo y Judicial tienen que hacer su parte también, desde sus propios ámbitos. Creo que será una gran oportunidad para que el Estado mexicano se repiense a sí mismo y se reoriente hacia su original función de servicio a la nación. Hay que decirlo, porque hasta ahora, estas instituciones han sido más parte de los problemas que de las soluciones. Muchas de ellas pareciera que están contra el interés de la nación y de los pueblos. Y estamos ante la oportunidad de una transformación del Estado. Y la pacificación del país puede convertirse en el gran tema, un tema transversal debido a que la violencia y la inseguridad han sido un fenómeno transversal también.
Si bien a las instituciones del Estado les toca la parte rectora de este proceso de pacificación y reconciliación nacional, requieren de una amplia participación social para lograrlo. Este sería el interés de la consulta que se ha estado emprendiendo ya en días pasados. Desde luego que ha de tenerse muy claro que no tenga visos de simulación y que sus resultados se conviertan en políticas públicas implementadas por el próximo gobierno federal, como un esquema integral que convierta al Estado en garante de la paz sustentada en la justicia y en la verdad.
Es alentador el que los equipos del próximo gobierno estén dispuestos a escuchar a la gente común y corriente y a aprender a interpretar el lenguaje de la sociedad para comprender lo que significará ser gobierno con un auténtico sentido social. Escuchar tendría que convertirse en una actitud permanente para estar en condiciones de gobernar con un estilo diferente al que se nos ha impuesto hasta ahora. El nuevo gobierno debe entender que las organizaciones sociales, los pueblos, las comunidades y la gente común pueden convertirse en verdaderos sujetos de esta Cuarta Transformación tan pregonada por el presidente electo.
Un asunto que me parece de mucha relevancia es el de medir la verdadera proporción de la situación que se está afrontando. La crisis de violencia que está desatada en el país es la manifestación más visible y sangrienta de un sistema político y de un modelo económico, arbitrarios, que fueron impuestos a la fuerza contra el pueblo mexicano. Tienen que ser desmontados para poder tener condiciones para la paz. Y eso no sucederá a corto plazo. Estamos ante un asunto estructural que tiene que resolverse en términos estructurales.
Sería un grave error si se alimentaran expectativas de que la pacificación del país se lograría a corto plazo. Es más lógico pensar que, en su momento, habrá tiempos conflictivos y difíciles en el proceso de pacificación al tocar intereses añejos y voluminosos de grupos de poder, nacionales o globales. Creo no ser pesimista si preveo que no va a ser fácil este camino si queremos transformaciones reales y sostenibles en el país para tener acceso a una convivencia pacífica y justa.
Es evidente que se buscarán resultados a corto plazo. Son necesarios. La gente los reclama y la nueva administración se verá urgida a dar respuestas visibles en ese sentido. Tenemos que ver resultados en el estilo de gobernar, en el trato que los ciudadanos recibamos de las autoridades, en demandas de personas y de comunidades que buscan mejores condiciones para construir la paz a través de proyectos comunitarios y de oportunidades. Se ha dicho, por ejemplo, que una manera viable para construir la paz es contar con empleos dignos para todos. Pero eso no debe distraernos del gran tamaño de la propuesta de pacificación y reconciliación nacional. Es algo, de veras, ambicioso en el buen sentido de la palabra.
Tener al pueblo como aliado será una condición que dará legitimidad a este proceso. Y, más en concreto, tener a las víctimas, a las millones de víctimas como aliadas, alimentará el valor ético de las acciones de gobierno en el camino hacia la paz.