EL-SUR

Jueves 18 de Agosto de 2022

Guerrero, México

Opinión

Estado de ingobernabilidad

Héctor Manuel Popoca Boone

Octubre 16, 2021

¿Alguien ha visto a Vicente I. Suástegui Muñoz?

Preámbulo. Tengamos en claro que, en estricto sentido, no hay deudas institucionales; sino responsables –con nombre y apellido– a cargo de instancias públicas que, a nombre de las mismas, obtienen préstamos o retienen dineros destinados a terceros.
Las instituciones per se no se endeudan. Son las personas que están a cargo, las responsables de los adeudos contraídos durante su gestión; garantizar su pago en su periodo y diferir una mínima cantidad de deuda a gobiernos venideros; puesto que les merman la capacidad operativa para gobernar. De eso, ha habido abuso y mucho, en estas tierras.
A la fecha, por ejemplo, Guerrero debe mil 500 millones de pesos, que el gobernador Ruiz Massieu destinó, como aportación económica pública, a la construcción de la “Autopista del Sol” de cuota, que va de Cuernavaca a Acapulco, financiada y cedida en sus inicios al capital privado, que luego de llevarla a la quiebra, los grandes empresarios rescatan su capital a través del Fobaproa –formado por el gobierno federal–, convirtiendo los déficits en deuda pública federal, que hoy todavía el pueblo no termina de pagar a través de los impuestos que recauda el gobierno. Hasta un libro de denuncia y protesta escribió, en ese entonces, el hoy presidente de la República, Andrés M. López Obrador.
Tema principal. Nunca antes habíamos presenciado un fin de sexenio estatal, tan caótico y descapitalizado como el actual. No se había visto un gobernante saliente, tan disminuido y suplicante, como el que nos gobernó estos seis años. La soberbia, el engreimiento, la mentira, el engaño y la corrupción, como estilos de gobernar, cobraron las facturas correspondientes. Como siempre, los del gobierno “se llevan entre las patas” al sufrido y ahora doliente pueblo de Guerrero.
El mandatario fallido, de cuyo nombre quiero olvidarme, termina su cargo adherido a vejigas financieras federales salvadoras; que permitieron que la balsa institucional no naufragara en la mar embravecida de trabajadores al servicio del estado, en paro activo de protesta; al sentirse esquilmados en sus emolumentos devengados y no pagados; y en sus retenciones nunca enteradas al ISSSTE, con la pérdida de los beneficios a que tienen derecho.
A la pobreza, la inseguridad pública, el bajo nivel educativo y la pérdida de salud y vidas de ciudadanos, se le suma la fuerte corrupción e impunidad de buena parte de los políticos y gobernantes, que, con sus estilos bucaneros de larga data, han realizado sus atracos con la mayor “irresponsabilidad histórica”.
Tema subsecuente. Acaban de tomar posesión los nuevos presidentes municipales y ciertos grupos de “chicos organizados”, que pululan por estas tierras, inmediatamente han pintado su raya territorial; haciéndola pública y valedera. Algunos lo han hecho de manera violenta, como contundente recordatorio público de que ellos son realmente los que gobiernan de facto, algunas municipalidades y/o regiones. No en balde dispersaron buen fajo de billetes o explayaron sus criminales amenazas en las pasadas elecciones, con el fin de “orientar el voto popular” de tal o cual manera.
Solo los que viven en forma sencilla en las regiones asoladas por la ilegalidad, saben bien que la delincuencia organizada no solo controla el territorio para su trafique de estupefacientes; sino que incursiona en otras actividades económicas lícitas e ilícitas, como la extorsión, “el derecho de piso”, las ferias regionales, el cuasi monopolio del transporte público, los bienes inmuebles y en la proveeduría al mayoreo para tiendas de abarrotes, refrescos, cervezas, tortillas y gas doméstico; entre otros artículos de consumo generalizado familiar.
Ante su impotencia, conveniencia u obligados por el pago de facturas electorales, varias autoridades gubernamentales, sus funcionarios y policías sucumben y entran en colusión con estas bandas malhechoras, para así preservar, mancomunadamente, el orden y la tranquilidad requeridos, para el buen funcionamiento de sus respectivos negocios y “llevarse la fiesta en paz”.
Corolario. Dada la penetración que actualmente tienen “los chicos organizados” en las estructuras de los tres niveles de gobierno, es difícil que un gobernante por sí mismo pueda extirpar semejante cáncer social. Se impone la participación decidida, vigorosa y propositiva de la ciudadanía en la construcción de su propio destino. De aquí en adelante y desde abajo; como dice Arturo García Jiménez, luchador social, agrario y ambientalista de la Costa Grande.

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