EL-SUR

Sábado 27 de Noviembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

¿Estado o tierra de nadie?

Humberto Musacchio

Agosto 12, 2021

Circula en internet un video en el que aparece un grupo de encapuchados del Cártel Jalisco Nueva Generación, grupo criminal que encabeza Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, quien sale a cuadro para lanzar amenazas contra los diarios Milenio y El Universal, Televisa “y otros medios vendidos”.
Destaca en el video la amenaza del mismo delincuente contra la periodista Azucena Uresti, a quien le dice: “donde sea que estés doy contigo y haré que te comas tus palabras, aunque me acusen de feminicidio. Porque no me conocen a mí, Rubén Oseguera Cervantes, yo no soy cobracuotas ni extorsiono”.
Para Oseguera Cervantes, los citados medios han sido parciales en sus coberturas y les indica que “no se ladeen para un solo lado, no acarreen ustedes con problemas que no les corresponde porque nunca le he pegado a ningún noticiero”.
Luego viene la amenaza: “No estoy en contra de la libertad de expresión –agrega el mismo individuo–, pero sí de quien me tira a mí directamente, porque les están agarrando dinero a las autodefensas. Bueno, que así se hacen llamar El Abuelo, las Viagras e Hipólito Mora, que son narcotraficantes que se escudan en camisetas de autodefensas”.
Por supuesto, la amenaza alarma al gremio entero, pues nadie está a salvo de una agresión criminal, sobre todo ahora que los delincuentes toman en sus manos las tareas de la censura y establecen, según su puritito saber y entender, qué podemos decir y qué debemos callar, de quién hablar bien y a quiénes debemos condenar, pues al igual que el gobierno de la República, suponen que la crítica siempre tiene detrás un patrocinador.
Es bien conocida la insistencia del jefe del Ejecutivo en condenar a medios y periodistas que se atreven a criticarlo, como lo ha hecho repetidamente con Reforma, El Universal o Excélsior y con periodistas que sólo pretenden ejercer su oficio según su conciencia y su experiencia, lo que recientemente incluyó a Julio Hernández, quien escribe en el periódico La Jornada, que ha mantenido una línea cercana al actual mandatario.
Si el gobierno de la República todas las mañanas condena al periodismo crítico o disidente, lo que puede esperarse de los grupos delictivos es que también se asuman como censores y le digan al gremio lo que para ellos es aceptable y lo que puede ser objeto de represalias.
La ofensiva del gobierno, que en los últimos tres años ha restringido el gasto publicitario en los medios insumisos, tiene límites que están en la legislación. Pero ante las mafias ni siquiera hay ese dique, pues tienen sus propios códigos, y el resultado es que los medios y los periodistas estamos en la indefensión.
Cuando se conoció el video citado, Jesús Ramírez Cuevas, vocero de la Presidencia de la República, anunció que “el gobierno de México tomará medidas pertinentes para proteger a periodistas y medios de comunicación amenazados”, porque “las libertades democráticas están ganantizadas, junto con el derecho a la información para los ciudadanos”.
Es plausible que el señor Ramírez Cuevas crea que lo dispuesto por las leyes implica necesariamente su cumplimiento. Por desgracia eso está muy lejos de suceder. Hoy en México hay zonas enteras que son tierra de nadie, espacios sin más ley que la impuesta por los cárteles, como es el caso de la franja fronteriza de Tamaulipas, el llamado Triángulo de Oro (en los límites de Sinaloa, Chihuahua y Durango), la región costera de Michoacán o la sierra de Guerrero.
En el resto del país no es tranquilizante la situación, pues en este sexenio hasta en la Ciudad de México una organización criminal llegó a atentar contra el jefe de la policía. Ese es el resultado de la política enunciada como “abrazos, no balazos”, lo que como sabemos no se ha traducido en una reducción de la criminalidad, porque las políticas pacificadoras sólo pueden tener buenos resultados cuando están fuertemente respaldadas por el empleo de la violencia legítima que corresponde al Estado. Pero en este momento no hay esa combinación, sino la mera renuncia cuando no la incapacidad para hacerle frente a la situación con una adecuada conjunción de fuerza e inteligencia. Así de simple, o de complicado.