Esthela Damián Peralta
Septiembre 30, 2025
(Segunda parte)
Siempre he concebido que ser servidora pública implica una gran responsabilidad y compromiso para quienes nos dedicamos a estas tareas. Por eso, gran parte de mi trabajo lo desarrollo en territorio, lo que me ha permitido conocer de primera mano las necesidades de la población más vulnerable.
En este caminar y afán por ayudar fue que conocí a la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, hoy Presidenta de la República. En la columna de hoy quiero platicarles cómo fue ese primer encuentro y cómo comenzamos a trabajar juntas.
En 2016, al concluir mi responsabilidad como diputada constituyente, le pregunté a un amigo si conocía a la doctora Claudia Sheinbaum, pues era de mi interés platicar con ella, ya que la consideraba una gran compañera de izquierda. Nuestro encuentro se dio y ahí conversamos sobre quien entonces era aspirante a la Presidencia de la República, el licenciado Andrés Manuel López Obrador, le conté de una de las encomiendas que me asignó en 2012, espefícicamente en el distrito de Atlacomulco, Estado de México –sí, aquel conocido por ser la cuna de Enrique Peña Nieto.
Hablamos de su proyecto de nación, de nuestras coincidencias en muchas de las luchas que junto a él dimos en la construcción de la democracia en nuestro país, de la política que construimos también las mujeres.
Para ese momento yo ya había renunciado al PRD y le compartí las razones de mi decisión, así como mi llegada a Movimiento Ciudadano, con la idea de construir una alianza con Morena rumbo a la elección de 2018, sabiendo que en 2006 y 2012 también habían acompañado al licenciado López Obrador.
La conversación con la doctora Claudia fue muy amena, compartimos proyectos políticos en común y aproveché para decirle que me parecía la mejor aspirante para la sucesión de la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. Su respuesta fue contundente: “Pero si yo ni siquiera he decidido que voy a participar en la encuesta”. A lo que le contesté: “No importa, creo que esta es la parte más importante de este momento y de tomar una decisión”.
En medio de la plática, me pareció importante decirle que no era mi intención pedirle una candidatura ni negociar una posición, le dije “quiero que sepas que no es mi estilo llegar y pedir. Lo que quiero es poner sobre la mesa lo que sé hacer y lo que he aprendido”.
Con una sonrisa me preguntó “¿Y entonces qué sabes hacer?” Le respondí con franqueza: “He trabajado en política pública, fiscalización y presupuesto. Y lo vivido en Guerrero y en la ciudad me ha dejado grandes aprendizajes en campañas. Si decides lanzarte como candidata, aquí estoy. Y si no, tampoco hay compromiso”.
Porque así ha sido siempre: mi adhesión a un proyecto político no depende de un cargo. Lo que me mueve son mis principios y mi formación política, que se sostienen en la confianza y la congruencia de quienes los encabezan.
Tengo que admitir que me gusta observar a las personas; no sé si sea virtud o defecto. En ese primer encuentro me di cuenta de que la doctora Sheinbaum, como yo, es madre, y que su historia de vida no había sido fácil, como la de tantas mujeres que trabajamos desde distintas trincheras. Disfrutamos mucho hablar de nuestras causas comunes: el fortalecimiento de la izquierda y la importancia de ganar la Presidencia de la República para construir una mejor patria.
En un momento ella me preguntó hasta dónde llegaría si MC no apoyaba a Morena. Le respondí que no tuviera duda: mi decisión ya estaba tomada y no aceptaría ninguna candidatura junto al PRI, PAN o PRD. Mis principios siempre han sido la columna vertebral en mi trabajo y nunca los he negociado. Vi en su mirada cierta incredulidad, pero el tiempo me permitió demostrarle que soy una mujer de palabra. Renuncié a la dirigencia estatal de ese partido cuando se consolidó el frente.
Con la doctora Sheinbaum no hay demagogia, hay hechos y resultados. Comenzamos a trabajar en el equipo que estaba formando en caso de decidir participar por la candidatura a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. Y ahí conocí a la jefa más exigente que he tenido: exhaustiva de principio a fin, con vastos conocimientos en diversos temas.
En 2017 nos reunió para anunciarnos que había tomado la decisión de participar por la candidatura de Morena. Nos advirtió que no sería una contienda fácil, pues los compañeros que también la buscaban tenían gran trayectoria y los respetaba mucho. A partir de ese momento me involucré en todo lo que podía aportar y en lo que ella me permitiera, reconociendo siempre las capacidades de cada integrante del equipo.
Tras jornadas extenuantes, eventos y asambleas por toda la Ciudad de México, el resultado llegó: ganamos la encuesta de Morena y estábamos en el umbral de llevar a la primera mujer de izquierda, emanada por voto popular, a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México.
Siempre agradeceré la distinción de nombrarme parte de su equipo de precampaña y de designarme, junto a mi querido amigo José Alfonso Suárez del Real, como coordinadora de su campaña.
Mi jefa, la doctora Sheinbaum, siempre ha sido meticulosa en la planeación, ejecución y evaluación de cada tarea. Por eso se volvió candidata, coordinadora de campaña, de medios, de giras… nada escapaba a su corrección y supervisión. Esto nos permitió desarrollar una precampaña y campaña muy exitosas, siempre de la mano de nuestro candidato a la Presidencia, Andrés Manuel López Obrador.
De este y otros detalles les platicaré el próximo martes en la siguiente columna.
Muchas gracias a El Sur y a Juan Angulo por distinguirme como columnista en este gran medio.
Soy Esthela Damián, orgullosamente guerrerense, orgullosamente del equipo Sheinbaum y orgullosamente trabajando por la paz.
* Subsecretaria de Prevención de las Violencias en la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC).