EL-SUR

Lunes 08 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Esthela de Guerrero

Esthela Damián Peralta

Septiembre 23, 2025

 

(Primera parte)

Me complace iniciar mi colaboración semanal en El Sur, periódico de gran prestigio en Acapulco y Guerrero. Agradezco el espacio para compartir mis reflexiones y análisis con mis paisanas y paisanos. Estoy emocionada de constribuir al diálogo informativo y constructivo de Guerrero.
Les quiero contar que el tema de mi trabajo en la política empezó desde hace ya muchos años, cuando empecé a trabajar al lado de mi padre Alfonso Damián. Yo era una adolescente de 14 años.
A esa edad uno tiene inquietudes, proyectos y el tema de la conciencia muy amplia, somos como esponjas que todo lo queremos absorber con mucha avidez, deseos de aprender y de buscar, hasta debajo de las piedras, la respuesta a infinidad de inquietudes que se nos vienen a la mente.
También comenzamos a decidir qué queremos y qué no queremos en nuestra vida. Déjenme contarles que en esa etapa sobre todo conocí la Montaña de Guerrero, caminé por diferentes zonas y lugares; esos paisajes y su gente marcaron mi vida.
En esos años, las condiciones económicas, sociales y políticas de nuestro estado eran muy diferentes a las que tenemos actualmente. Ustedes recordarán que no había alternancia de poder, y eso mismo se replicaba en todo el país. Se vivía bajo un esquema de absoluto autoritarismo, en donde no nos recibían, no nos escuchaban, ni nos resolvían.
Hay una anécdota que tengo muy fresca en mi memoria: estábamos reuniéndonos para escuchar las quejas que tenían nuestros hombres de campo porque les querían cobrar un crédito, en ese entonces el Banrural, de una siembra que se había perdido porque las tierras se anegaron por exceso de lluvias, inundaciones y había pérdida total, pues el banco tiene que exentarles de ese crédito porque ese fue un siniestro.
Los representantes del banco no solamente no querían atenderlos, sino que querían embargarles lo cual era verdaderamente una injusticia. Recuerdo a los campesinos con su camisa de manta, su bule de agua, sus huaraches y sus pies llenos de tierra porque venían de arar su parcela.
Siempre recuerdo que cuando uno saluda a un campesino, uno sabe que vienen de arar la tierra, tienen las manos recias, ásperas y callosas, y entonces, a mí me marcaba mucho ver todas esas realidades en medio del campo y les aseguro que yo escuchaba su reclamo airado y genuinamente me preguntaba: ¿dónde están los que resuelven estos problemas en este país? ¿Cuál es su profesión? ¿A qué se dedican? ¿Quiénes tendrían que estar al frente para resolver estas injusticias y esta inequidad y pobreza?
En esas preguntas encontré que la respuesta era la política en donde tenía que trabajar, porque lo que este país necesitaba era alternancia en el poder.
Fue ahí que me di cuenta de mi vocación de vida, supe que la política iba a ser algo a lo que yo me iba a dedicar, y esta decisión significó trabajar de cero, entregando volantes, siendo brigadista, trabajando con un megáfono, encabezando la marcha, cerrando un banco rural, cerrando una calle porque no nos querían atender, luchando en todos los frentes que nosotros sabíamos que teníamos que dar y que hacer desde la oposición.
A veces la puerta no se abría, la teníamos que tirar con resistencia y energía. Era tener la bota del gobierno en el cuello. Así pasé parte de mi juventud. Estuve trabajando en Guerrero muchos años en la política.
Aprendí mucho de la política en mi querido estado, pero sabía que nuestras batallas no eran sencillas, eran un poco más complicadas de lo que uno pensaba. Aprendí a hacer campañas, aprendí a convencer a la gente y a no tenerle miedo a un micrófono.
Estudié mi educación básica y mi universidad, crecí y viví en Chilpancingo hasta los 26 años, y como lo hice a los 14, a los 26 tomé la decisión de salir de mi ciudad natal e irme a vivir a la Ciudad de México. A quienes me preguntaron ¿por qué tomas esa decisión? ¿Estás loca? Vas a sufrir. ¿Qué te espera? les respondí: en Guerrero no tengo méritos propios, siempre soy la hija de Alfonso Damián, y yo quería construir mi propio destino.
Yo quería saber de qué soy capaz. Y entonces, ahí me tienen, caminando hacia la Ciudad de México.
Era trabajadora eventual y ganaba menos del salario mínimo, no me alcanzaba para pagar una renta, así que yo solo podía comer por lo que decidì vivir en la casa de una amiga. Eso me permitió mantenerme un rato en la Ciudad de México. Comencé a aprender de la política pública, y tenía que hacerlo muy rápido, para mantenerme en la ciudad.
Gracias a lo que viví en Guerrero, crecí muy rápido en la política, me dieron la oportunidad de participar y competir, y así, con el apoyo del pueblo, con los votos en urnas, logré ser dos veces diputada local, una vez diputada federal y diputada constituyente de la Ciudad de México.
En ese camino el destino me llevó a conocer a la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, quien es mi jefa, mentora, líder y mi mejor maestra, pero esa historia se las cuento en mi siguiente columna.
Soy Esthela Damián, soy orgullosamente del equipo Sheinbaum, orgullosamente guerrerrense y orgullosamente trabajo por la paz.

* Subsecretaria de Prevención de las Violencias en la Secretaría de Protección y Seguridad Pública Ciudadana del Gobierno de México (SSPC)

@estheladamian