EL-SUR

Miércoles 01 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

ESTRICTAMENTE PERSONAL

ESTRICTAMENTE PERSONAL

Raymundo Riva Palacio

Enero 16, 2007



Juego de espejos

El mensaje de cómo está la imagen mexicana en el mundo no pudo haber sido más contundente que en la toma de posesión del presidente Daniel Ortega en Managua. Al presidente Felipe Calderón lo colocaron en una de las últimas filas de los dignatarios presentes, entre los presidentes de la República Dominicana y de la República Árabe Saharaui, que es país inexistente incrustado en Marruecos. La caída estrepitosa de la imagen de México es lamentable, medida hoy en Nicaragua donde el papel del gobierno mexicano fue toral en el epílogo de la Revolución Sandinista, cuyo jefe era Ortega precisamente, cuando se rompieron relaciones con la dictadura de Anastasio Somoza y, en mancuerna con Venezuela, se dio la lucha diplomática contra Estados Unidos en la Organización de Estados Americanos.
Calderón, quien ha hecho de las relaciones con América Latina un eje central de su discurso sobre política exterior, debe haber visto con toda claridad cómo, no sólo después de haber aguantado la demora de más de dos horas en la toma de posesión de Ortega porque no quiso iniciar sin que llegara el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, éste fuera colocado junto con Evo Morales, presidente de Bolivia, en la fila de honor. Tuvo el coraje de haber ido a Managua en condiciones adversas, por el abandono de la región que se ha venido dando en los tres sexenios previos, y el destroso mayor que hizo el presidente Vicente Fox con los países claves del hemisferio, y plantarse frente al invitado de honor, Hugo Chávez, cuyo nombre usó negativamente Calderón en la campaña presidencial y quien lo desconoce.
Calderón está pagando sustancialmente negativos de otros gobiernos, y lo ha reconocido a través de sus discursos, sobretodo el que pronunció la semana pasada ante los embajadores y cónsules al instarlos a “recuperar los espacios de interlocución y cooperación en los principales factores regionales”, y a profundizar las alianzas estratégicas. El discurso fue bien recibido a niveles de opinión pública y política, pero los dichos no están teniendo mucha correspondencia, cuando menos en las primeras acciones hasta ahora, con los hechos. La necesidad de restablecer la presencia de antaño como un factor de política interna y económica, se encuentra no sólo difuso sino, inclusive, contradictorio. En el mensaje del presidente quedaron totalmente excluidos África y Medio Oriente, como regiones, y la India, como país. Olvidarlos es tanto como desmentir sus propios enunciados, y tratar de jugar con la retórica en un juego de espejos que no llevan a ninguna parte.
Una de las razones políticas fundamentales del discurso de Calderón, volver a ocupar los espacios perdidos en la diplomacia internacional, donde el papel no era el de un liderazgo moral –como se ha argumentado por los críticos de la vieja diplomacia para denostar aquella estrategia–, sino para servir como un factor estabilizador, particularmente en América Latina, está ausente de contenido real. Aunque ha iniciado el proceso de normalización de las relaciones con Venezuela, que llegaron a un nivel sin precedentes en la memoria reciente en 2006, este se encuentra a nivel secundario y soslaya, en la estrategia, el engarce con Cuba que, en realidad, es lo que engrana el restablecimiento de las relaciones políticas reales en la región. Como presidente electo, Calderón tuvo el tino de enviarle una carta al presidente Fidel Castro para desearle una pronta recuperación de su enfermedad, lo cual fue recibido en forma muy positiva en La Habana. Sin embargo, el segundo paso que esperaban los cubanos, no se dio. Tras la carta vino el silencio.
Calderón no continuó en la línea cubana, lo cual los tiene desconcertados. Las presiones internas del PAN han impedido el reordenamiento de las relaciones con Cuba que, de realizarse, probablemente tendría efecto de cascada con Venezuela, Bolivia y Argentina, así como podría enviar una señal política importante al presidente Luis Inazio Lula da Silva de Brasil, quien está consolidándose como el único factor real de poder en América Latina. Pero no ha sido así. Se han abandonado los esfuerzos con Cuba, por lo que se hacen más notorios los estragos, como los que tuvo que pasar Calderón en Managua.
El caso cubano es el evidente y va más allá de los desaires. Cuba tiene influencia sobre más de 80 países en el mundo en desarrollo que en el concierto internacional valen igual que las naciones industriales. Cuando México necesitaba su respaldo para iniciativas multilaterales, Cuba era su llave para lograrlo. Todo eso se ha perdido y tiene consecuencias inmediatas si México quiere participar activamente en la reforma de la ONU. Para efectos geopolíticos, hay otras consecuencias graves. Las omisiones en su discurso sobre política exterior no son menores. La India y Sudáfrica son dos de los cinco países emergentes –México, Brasil y China son los otros– que desde hace cuatro cumbres del G-8 son invitados a sus reuniones. En ese nuevo tablero de ajedrez, donde las 13 naciones representan más del 75 por ciento de la riqueza mundial, México es quien menos relaciones tiene en el mundo. Solamente en África, una región que está creciendo a mayor ritmo que la latinoamericana, México tiene cinco embajadas –tres en el Magreb y dos en la zona sub-Sahariana– contra más de 30, por ejemplo, de los brasileños. México no tiene, a diferencia de varios latinoamericanos, embajada en Etiopía, donde se encuentra la sede de la Organización Pan Africana, ni en Nigeria, una de las potencias petroleras. La secretaria Patricia Espinosa quiere abrirlas, pero ese proyecto se está alejando por disminuciones presupuestales reales: este año, el presupuesto creció 7.2 por ciento, que sólo le permitirá mantener el gasto corriente, sin posibilidades de nada más.
El Medio Oriente se encuentra en este contexto de achicamiento pernicioso, donde se están desperdiciando oportunidades de negocios. Por ejemplo, los kuwaitíes, que tienen recursos excedentes para invertir, sólo lo hacen en naciones donde tienen, recíprocamente, embajadores, así como entidades como Dubai, en los Emiratos Árabes, donde podrían tener acceso empresas mexicanas en la construcción de un lugar que parece haber saltado ya al futuro. La India, otra omisión monumental, es considerada junto con China el poder emergente real para este siglo, y un jugador con el cual se dio una extraña distancia desde el gobierno de Carlos Salinas. Las piezas claves en la geopolítica, dentro de las ligas mexicanas, las han echado a la basura en las últimas semanas, y no parece existir la intención de recuperarlas. Muchas palabras y acciones mochas. La retórica tiene que llenarse de contenido si no se quiere llegar en política exterior al mismo destino que en el sexenio foxista, que equivocándose de puerto cayó en la catarata. Calderón dice que no quiere repetir los yerros del pasado, pero hasta hoy, camina sobre sus huellas.
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Nota: El apellido correcto del secretario general del Cisen es Flores Campbell, y no Peña Campbell, como se reportó previamente.