EL-SUR

Jueves 26 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

Evaluación de los Ecosistemas del Milenio

Octavio Klimek Alcaraz

Junio 18, 2005

A fines de marzo del presente año fue presentada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio.

La mencionada evaluación fue solicitada en 2000 por Kofi Annan, secretario general de las Naciones Unidas, en el informe a la Asamblea General Nosotros los pueblos: la función de las Naciones Unidas en el siglo XXI.

El objetivo de la evaluación fue hacer una estimación de las consecuencias de los cambios en los ecosistemas sobre el bienestar humano, y de las bases científicas para las acciones que se necesita emprender a fin de reforzar la conservación y el uso sostenible de esos sistemas y su contribución al bienestar humano.

La evaluación se inició en 2001 y en ella participaron más de mil 360 expertos de todo el mundo. Existen diversos documentos técnicos de la evaluación en donde se presentan agrupados cuatro temas principales: las conclusiones acerca de la condición de y las tendencias en los ecosistemas, los escenarios para el futuro, las posibles respuestas, y las evaluaciones en el ámbito regional.

De estos documentos, me permito resaltar para un público no especializado el Informe General de Síntesis y la Declaración del Consejo Directivo de la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio. Ambos son la referencia principal de este artículo.

La evaluación aclara que la humanidad se está acabando su “capital natural”. Por ello, la Declaración inicia con la frase “Estamos gastando más de lo que tenemos”, y trata de interpretar los mensajes claves de la evaluación, que por su importancia cito textualmente ha continuación:

Todas las personas del mundo dependen de la naturaleza y de los servicios de los ecosistemas para poder llevar una vida decorosa, saludable y segura.

En las últimas décadas, los seres humanos han introducido cambios sin precedentes en los ecosistemas con el fin de satisfacer las crecientes demandas de alimento, agua, fibra y energía.

Estos cambios han ayudado a mejorar la vida de billones de personas, pero al mismo tiempo han debilitado la capacidad de la naturaleza para brindar otros servicios, tales como la purificación del aire y el agua, la protección contra los desastres y la provisión de medicinas.

Entre los problemas más destacados identificados por esta evaluación figuran: la situación extrema en que se encuentran muchas de las poblaciones de peces del mundo; la grave vulnerabilidad de los 2 billones de personas que viven en las regiones secas frente a la pérdida de los servicios de los ecosistemas, incluida la falta de agua; y las crecientes amenazas para los ecosistemas provenientes del cambio climático y de la contaminación con nutrientes.

Las actividades humanas han llevado al planeta al borde de un episodio masivo de extinción de especies, amenazando aún más nuestro propio bienestar.

La pérdida de los servicios derivados de los ecosistemas constituye una barrera importante para el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de reducir la pobreza, el hambre y las enfermedades.

Las presiones globales sobre los ecosistemas van a aumentar en las próximas décadas, salvo que cambien las actitudes y acciones humanas.

Es más probable que las medidas destinadas a conservar los recursos naturales tengan éxito si se otorga a las comunidades locales la propiedad de los mismos, participan en el reparto de beneficios y están involucradas en las decisiones.

Con la tecnología y el conocimiento disponibles ya se puede reducir considerablemente el impacto de los seres humanos sobre los ecosistemas. Pero es improbable que aquellos se utilicen plenamente mientras se perciba a los servicios de los ecosistemas como gratuitos e ilimitados, y su valor total no sea tomado en consideración.

Para una mejor protección del capital natural se requerirán esfuerzos coordinados entre todos los sectores del gobierno, las empresas y las instituciones internacionales. La productividad de los ecosistemas depende de las políticas que se apliquen, incluidas las relativas a inversiones, comercio, subsidios, impuestos y regulación.

Como lo señala el director ejecutivo del PNUMA, Klaus Toepfer, la evaluación incursiona en la importancia económica de los servicios de los ecosistemas, proporcionando nuevos argumentos adicionales para el respeto y conservación de los ecosistemas de apoyo a la vida en el planeta.

El mismo Toepfer comenta que los valores económicos estimados son un buen comienzo y una razón útil y adicional para preocuparse y respetar el capital natural, junto con el capital humano y financiero.

En especial, se concluye que los ecosistemas sanos e intactos frecuentemente tienen mayor valor que aquellos que están alterados, dañados y degradados.

Un ejemplo de esto, es que la evaluación dice que un humedal intacto, en el caso de Canadá, tiene un valor de 6 mil dólares por hectárea, mientras que uno que ha sido limpiado para la agricultura intensa tine un valor de 2 mil dolares por hectárea.

También, la evaluación presenta los costos del daño y la degradación a ecosistemas.

Por ejemplo, el estado de Lousiana en Estados Unidos ha puesto en marcha un plan de restauración de humedales con un valor de 14 mil millones de dólares, para proteger 10 mil kilómetros cuadrados de pantanos, ciénegas e islas de barrara para reducir, en parte, las marejadas de tormentas generadas por los huracanes.

Se argumenta igualmente, que la seguridad humana está en riesgo debido al declive de ecosistemas. Se dice que la severidad y frecuencia de inundaciones e incendios se ha visto agravada por el daño al capital natural del planeta.

Un dato terrible, al respecto, es que entre 1990 y 1999, más de 100 mil personas murieron a causa de inundaciones, causando daños con un total de 243 mil millones de dólares. Como una de las principales causa de esta tragedia se señala a la canalización de ríos y otros cuerpos acuíferos naturales.

Todo esto nos dice que el tema ambiental es un asunto central para armonizar políticas públicas de todo gobierno. En Guerrero, debemos tratar de que deje de ser un tema de discursos retóricos, que en el fondo siguen preferenciando el supuesto crecimiento económico de corto plazo a costa de los ecosistemas. Se tiene que aplicar el criterio de que a la larga es más barato conservar, en lugar de contaminar o destruir para después restaurar. Debemos de tomar en serio con todo su rigor técnico y científico la cuestión ambiental.