EL-SUR

Jueves 18 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

Evitar la tragedia y la regresión autoritaria

Arturo Martínez Núñez

Febrero 08, 2022

 

El fantasma del choque social parece recorrer de nuevo a Guerrero. El pasado viernes 4 un largo bloqueo en la caseta de Palo Blanco de la Autopista del Sol, con intercambio de pedradas, gases lacrimógenos y mentadas de madre, escaló hasta niveles que pudieron ser trágicos.
¿Qué es lo que no estamos viendo en este conflicto? ¿Qué acaso no somos compañeros de lucha? ¿Qué los normalistas, el Poder Ejecutivo Federal –hoy comandado por un hombre forjado en la lucha social– y el gobierno del estado –encabezado por primera vez por una gobernadora nacida y formada en la izquierda– no hemos combatido en el mismo bando siempre?
Es una realidad que la protesta social que constantemente realizan los alumnos de la Normal Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa es ya insostenible e insoportable sobre todo para los guerrerenses que tenemos que tolerar un día sí y el otro también, bloqueos, tomas de casetas y plantones como si se tratase de un fenómeno cotidiano.
Es cierto también que el libre tránsito debe de ser garantizado por el Estado mexicano en sus tres órdenes de gobierno y que los más afectados en esta disputa somos los ciudadanos que además en el caso de las carreteras de cuota, pagamos –y no poco– por tener un servicio seguro, eficiente y resguardado.
Lo que la narrativa provocadora no menciona, es que las causas de Ayotzinapa siguen vigentes porque el Estado mexicano ha fallado en su obligación de darles a las víctimas y a sus familiares, una investigación seria, reparación del daño, castigo a los culpables y la garantía de no repetición.
Lo sencillo es siempre, para los conservadores, llamar al cierre de Ayotzinapa bajo el argumento contrarrevolucionario de que Ayotzinapa es únicamente un “centro de adiestramiento de grupos subversivos”.
Estamos a tiempo de evitar una nueva tragedia que vuelva a meter a Guerrero en una dinámica de confrontación y división. La gobernadora de Guerrero ha sido firme pero mesurada en sus declaraciones. Los jóvenes de Ayotzinapa tienen una larga tradición y experiencia en la presión y en la negociación. Sus posiciones son hasta cierto punto, válidas. Sus causas son sin duda legítimas. Lo que por ningún motivo debemos de permitir es que las manos oscuras que operan agazapadas en la oscuridad, aprovechen para intentar pescar en el río revuelto. Las fuerzas democráticas debemos de convocar a que se retome a la brevedad la ruta del diálogo como único método para dirimir las diferencias.
Basta ya de casetas tomadas y de cobros ilegales. Pero basta también de la impunidad, de la incertidumbre y de la falta de justicia. Seguimos preguntándonos ¿dónde están nuestros jóvenes? ¿quién ordenó su persecución, detención y desaparición? ¿qué autoridades y de qué niveles tienen algún tipo de responsabilidad por acción o por omisión?
Evelyn no está sola. Fuimos cientos de miles los que votamos por ella y los que estamos apoyándola. Los normalistas tampoco están solos: su lucha es nuestra lucha. Su exigencia de justicia es la nuestra. Los compañeros de la Guardia Nacional y de la Policía Estatal también son pueblo y tampoco están solos y no merecen ser tratados con menosprecio ni sus vidas ser puestas en peligro.
Es necesario echar mano de la política, del diálogo y de la concertación. Es imperativo sentarse a la mesa a construir acuerdos mínimos y diseñar una agenda común que atienda las causas de la lucha. Es fundamental dar garantía de transito a los ciudadanos y a los visitantes que en gran medida mantienen nuestra maltrecha economía. En el acuerdo ganamos todos. En el conflicto y la represión solo ganan los que añoran que reviva el Guerrero Bronco.
El llamado es a la reconciliación, a dejar de hacer lo mismo que se ha hecho durante décadas esperando un resultado distinto. El llamado es a los estudiantes de Ayotzinapa a que opten por el diálogo antes que la confrontación para plantear sus demandas. El gobierno federal y el gobierno del estado de Guerrero, son gobiernos democráticos emanados de la lucha del pueblo; se tienen que escuchar unos a otros y construir juntos las soluciones. No hay un camino para la paz; la paz, el diálogo, el perdón con justicia y la reconciliación son el único camino.