EL-SUR

Martes 27 de Septiembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Fernanda Trías y el caos realista

Adán Ramírez Serret

Enero 07, 2022

El Realismo de Balzac, Dickens y demás escritores del siglo XIX observaba con orden y precisión ciudades, edificios y calles; costumbres y olores. Buscaba demostrar “la realidad” sin fantasía, ver las cosas “tal como son”.
Varios años después –hace cien precisamente, en 1922–, James Joyce con el Ulises y en particular en el Monólogo de Molly Bloom –en donde estamos en la mente de esta mujer antes de dormir y leemos entremezcladas sus fantasías, sus recuerdos, sus notas mentales, sus pensamientos–; sorprendió al mundo por la técnica, por el virtuosismo con el que está escrito el capítulo sin puntos, comas o párrafos: tan sólo una corriente del lenguaje, un flujo de palabras que confundieron y escandalizaron al público y a la crítica de la época. Y lo hizo aún más, cuando Joyce dijo que eso era en verdad el Realismo, pues “lo real” no es el orden en el pensamiento. Ve al cerebro como un caos. Miles de ideas e imágenes conviviendo al mismo tiempo.
En un reciente ensayo, The game, Alessandro Baricco reflexiona sobre la relación de los seres humanos con la tecnología y dice que en realidad el funcionamiento del cerebro humano se parece mucho más a un caótico teléfono inteligente que a una ciudad ordenada, pues hay miles de ventanas abiertas de manera incoherente con temas tan diversos entre sí, que lo único que tiene en común es que están abiertos por la misma persona. El orden es un esfuerzo de un cerebro que normalmente funciona de manera caótica.
Esto es lo que sucede en la novela La azotea, de Fernanda Trías (Montevideo, 1976), autora recientemente galardonada con el Premio Sor Juana Inés de la Cruz 2021 que otorga la FIL de Guadalajara.
La azotea es una novela no solamente contada en primera persona, la obra está construida desde la conciencia caótica y desequilibrada de una mujer que vive un trauma. El relato se construye desde la mente que viene y va del presente al pasado. Así vamos descubriendo la historia de esta mujer, Clara, quien vive encerrada en un departamento. En un principio está con un canario, su padre, embarazada… y después está ya Flor, su hija.
La novela está narrada de una forma muy verosímil, pues el lector va descubriendo la historia poco a poco. Digo verosímil, porque al recordar su propia historia, Clara no necesita decirse cosas que ella ya sabe, así que quien lee debe ir armando el rompecabezas que va del pasado al presente.
La historia es una especie de delirio. Pues la mujer vive encerrada en su departamento sin salir para nada. Una vecina le hace las compras mientras ella está cada vez más embarazada. Su padre está muy enfermo y vive a su vez encerrado en un cuarto, en permanente oscuridad, en compañía de un canario en una jaula.
La relación de Clara con su padre es oscura. Cuando se refiere al bebé que va a nacer, lo hace con el pronombre posesivo de la primera persona del plural, nuestro. El padre se molesta por esto, no sabemos si es porque se trate de un padre celoso o porque la sombra del incesto recorre la historia.
El ambiente es todo el tiempo sórdido. La niña nace en el mismo departamento y en cuanto lo hace la extraña familia se aísla aún más del mundo. Conforme avanza la novela se va volviendo cada vez más asfixiante. El padre está más enfermo, el canario se acerca al final, y la niña y la madre no salen al mundo.
La azotea es una novela oscura, un verdadero thriller sicológico, pues el mundo, al estar contado desde la mente obsesiva y desequilibrada de Clara, se vuelve completamente subjetivo. Es un rompecabezas que el lector debe ir armando pieza a pieza, incluso por momentos rellenando espacios ambiguos, para descubrir el escalofriante final.
Fernanda Trías escribe una novela verosímil, humana, que demuestra que la realidad es un caos del cerebro y que poner un orden es imposible, mera ficción.
Fernanda Trías, La azotea, Ciudad de México, Dharma Books, 2020. 137 páginas.