EL-SUR

Sábado 01 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Fertilizantes en Guerrero

Héctor Manuel Popoca Boone

Mayo 19, 2005

 

 

Atendiendo las interesantes preguntas públicas que hiciera a Octavio Klimek y a mí, a través de El Sur, el investigador universitario Floriberto González González, intentaré dar respuesta a algunas de ellas en ésta y en la próxima colaboración periodística. Por lo demás, son reflexiones que he hecho en forma pública, desde que era secretario estatal de desarrollo rural.

En años pasados, durante mis visitas al medio rural de otros estados de la república, campesinos y dirigentes me expresaban su deseo de contar con un programa de subsidio al fertilizante como el que tienen los campesinos de Guerrero… aunque sea químico, aseveraban. Conclusión: no hay peor programa de fertilizantes que aquel que no existe.

Cuando los precios de los productos agropecuarios permanecen estancados o van a la baja y por el contrario, los precios de los insumos agrícolas van a la alza, es correcto y pertinente subsidiar éstos últimos, entre ellos el fertilizante, para que el productor no pierda niveles de rentabilidad de su labor agrícola. Esto es, que no deje de ser negocio la siembra y que el campesino no abandone definitivamente la parcela, dándose a la migración.

Conclusión: establecer programas compensatorios de subsidio a los productores rurales del país, sobre todo los pequeños y temporaleros, es necesario; máxime cuando otros países subsidian a sus similares. De lo contrario, se verán expulsados del mercado y de sus tierras por la competencia desleal y ruinosa de granos básicos importados a menor precio, que están subsidiados por los gobiernos de sus lugares de origen.

La fertilización química u orgánica es necesaria cuando los suelos han sido utilizados, en monocultivos, durante mucho tiempo, en donde la capa arable ha perdido su capacidad de proporcionar nutrientes a las plantas. Los fertilizantes se los devuelven o complementan. De los químicos, su aplicación indiscriminada e indiferente, sin previo análisis de la contextura y composición del suelo, conlleva a una saturación de algunos componentes perdiendo su efectividad y contribuyendo al envenenamiento de los mismos.

Uno de los obstáculos que tenemos en Guerrero, reside en que el costo de laboratorio por el análisis de laboratorio de tendencia de fertilidad de una sola muestra de suelo, oscila en los 460 pesos. Dinero que el gobierno estatal no tiene para cubrir ni siquiera la mitad del territorio agrícola y mucho menos los campesinos pobres están en condiciones de pagarlo. Van a pasar varios años aún en que se siga fertilizando, extensivamente, a ciegas o a ojo de buen cubero. Por esta razón, el año pasado tomamos un acuerdo en el comité técnico del programa Alianza para no apoyar en adelante ningún proyecto agrícola si no tuviera incorporado dentro del presupuesto el análisis de suelo.

Los fertilizantes coadyuvan a tener una mejor productividad y por ende mayor producción. Pero no es el factor determinante. Es el agua en proporciones adecuadas. Por eso no necesariamente existe una relación directa de mayor fertilización igual a mayor producción o productividad por hectárea. Es una condición básica mas no suficiente.

Conclusión: el fertilizante químico adecuadamente aplicado y en el corto plazo, no es por sí mismo perjudicial al suelo y mucho menos a la planta. Sin agua se vuelve un insumo inane. Se convierte en dañino, no tanto por su uso, sino por el abuso que de él se haga recurrentemente.

Los fertilizantes orgánicos a la larga son mejores que la fertilización química. Menos agresivos, biodegradables, regenerativos y no saturan el suelo de algún componente químico. La dificultad del fertilizante orgánico estriba en el procesamiento del mismo, no puede producirse en cantidades industriales, además de que requiere extensiones amplias de terreno para la elaboración de la compota. Agréguese a ello que ocupa un gran volumen en relación al peso; siendo costoso, por abultado, su flete y traslado.

Empero, existe una tecnología intermedia: puede aplicarse el orgánico y/o el químico en algún tipo de combinación con los bio-fertilizantes y con técnicas de conservación del suelo que incorporen los esquilmos agrícolas; sustituyendo la práctica de rozar, tumbar y quemar por cortar, triturar e incorporar, con mínima labranza. De paso, reducimos substancialmente los incendios forestales anuales. Esto lo empezamos a promover e inducir, con muy buenos resultados, desde hace dos años, en el Alto Balsas y en la región de La Montaña, con el cultivo en ladera de maíz con alta proteína (QPM).

Conclusión: el uso del fertilizante químico es una práctica cultural arraigada cuya sustitución por la fertilización orgánica o bio-fertilización, requerirá tiempo. Será gradual y estará en función de los costos comparativos. Es prudente tener presente que los campesinos, con bajos niveles de educación, adoptan las innovaciones tecnológicas a partir de la premisa de Santo Tomás: hasta no ver, no creer. Esto es, a fuerza de demostración empírica en la parcela; más que de pláticas, emisiones radiofónicas o documentos escritos.

Cuando asumí la responsabilidad del programa de fertilizantes en el gobierno estatal próximo pasado, tenía cinco aspectos indeseables: centralizado, sulfatado, sin padrón de beneficiarios, carente de reglas de operación y politizado. ¡Hasta los diputados locales repartían fertilizante!

Aún cuando no reconozca avances sustanciales el funcionario renejuarista de primer momento, Carlos García Jiménez, nosotros procedimos a ponerle orden y mejorarlo al: a) descentralizarlo a los municipios; b) diversificar el paquete ofertado para que además de sulfato de amonio, contuviera bultos del llamado granulado y de urea; c) al levantar, junto con los ayuntamientos, un padrón único de beneficiarios; y, d) al fijarle reglas de operación al programa. Que todavía sigue siendo perfectible, ni duda cabe.

Por cuanto a los fertilizantes orgánicos, desde hace tres ejercicios anuales quedó establecido en las reglas de operación que cuando algún núcleo agrario, comunidad u organización campesina optara por este tipo de fertilización en vez del tratamiento químico, se le daría el subsidio económico correspondiente para que así lo hiciere. En tres años ¡nadie, absolutamente nadie de los campesinos lo solicitó!

Conclusión: el problema de resistencia al cambio en el uso de los fertilizantes químicos es, por tanto, de índole cultural. No basta que los intelectuales, políticos o los servidores públicos sepamos del problema que a la larga suscitan y de la conveniencia del cambio del paquete tecnológico a utilizar, si los principales actores, los campesinos, no toman conciencia de ello y tienen los recursos económicos necesarios para ello. Y dicha conciencia y medios, como ya se tiene constatado, no se dan ni se obtienen de la noche a la mañana.

 

  1. Calma mexicanos, tengamos paciencia; ya falta menos que antes para que acabe el presente sexenio federal.