FILO MAYOR
Noviembre 22, 2024
Sorpresa y hasta decepción ha causado que la presidenta Claudia Sheinbaum no pro-ponga en su presupuesto un aumento significativo de los recursos para la educación superior; y su postura en contra de que la gente se organice para pelear por sus derechos.
Pareciera que no, pero ambos comportamientos están muy relacionados. Se asume que instituciones como la UNAM, el IPN y la UAM están dirigidas por burocracias doradas y conservadoras, que no abrazan el proyecto progresista de la 4T.
Entonces, se crean nuevas mal llamadas universidades en lugar de auspiciar la democratización de las más importantes casas de estudio del país que concentran un saber acumulado por décadas y que reúnen a los más capacitados investigadores para ponerlas al servicio de un proyecto nacional transformador.
Nada que se mueva desde abajo. Todo debe de imponerse desde arriba. Es el mismo razonamiento que llevó a la presidenta a recomendar a los damnificados guerrerenses por el huracán John, a que llamen a la línea de Bienestar para ser registrados en el censo de beneficiarios de la ayuda federal.
Todo de uno por uno; nada con las organizaciones. “Así no, primo hermano”, decía en su momento el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador para inhibir la organización de la gente de manera independiente al gobierno.
El bautizo como activista social de la presidenta Sheinbaum fue en una organización que se llamó Consejo Estudiantil Uni-versitario. Un amplísimo sector de los alumnos de las preparatorias, escuelas y facultades de la UNAM se organizaron en asambleas y formaron el CEU para luchar contra el aumento de las cuotas de inscripción.
Imagínense que el rector Francisco Barnés o el rector Jorge Carpizo hubiesen declarado entonces: “Así no los podemos atender. Tienen que llamar de uno por uno a la oficina de servicios escolares de cada plantel y allí tramitar su queja”.
La presidenta puede desconfiar de esta o aquella protesta y de sus liderazgos; incluso estar en desacuerdo con las demandas o los métodos de los manifestantes; lo que no debiera es oponerse a que la gente se organice y que diga que su gobierno no tratará nada con las organizaciones, como lo hizo en su conferencia del miércoles.
El gobierno no lo es todo aunque esté formado por buenas personas con buenas intenciones.
Todo indica que en la presidenta están pesando más sus últimos 24 años como cuadro de la alta burocracia política que sus primeros 20 años como activista estudiantil y académica.
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Siguiendo con las universidades. Buena noticia la de ayer de que la Universidad Autónoma de Guerrero creó el Centro de Investigación Transdiciplinar que se encargará de estudiar el cambio climático, la violencia y la pobreza en la entidad.
A ver si de esa manera pronto los periodistas podremos tener el apoyo de los universitarios porque ¡cómo batallamos para encontrar opiniones de expertos locales sobre los diversos asuntos de a la actualidad guerrerense! Y vaya que el cambio climático, la violencia y la pobreza lo son.
Una regla del periodismo profesional es que, ante un conflicto, se debe brindar a los lectores las posturas de las partes y, para contextualizar, dar voz a los expertos, los especialistas, los académicos.
En la presentación del nuevo Centro se informó que en la UAG hay más de mil investigadores y que 360 forman parte del Sistema Nacional de Investigadores, la élite del sector. Pues son muchos para tan poca productividad.
Poco sabe la sociedad de sus estudios, sus ensayos, sus revistas y sus libros. De sus opiniones en los medios de información.
Esperemos que ahora sí sí salgan de su letargo y contribuyan con sus aportaciones al desarrollo del estado y a una mejor gober-nanza.