Octavio Klimek Alcaraz
Agosto 23, 2025
El mundo parecía estar a las puertas de una buena noticia, sin embargo, el viernes 15 de agosto por la mañana, Ginebra trajo un mensaje desalentador: un acuerdo global destinado a reducir los residuos plásticos no logró concretarse. Delegados de 183 naciones no consiguieron alcanzar un consenso sobre el texto de un tratado y regresan a sus lugares de origen sin haber obtenido resultados. Aún no se sabe si se realizará un nuevo intento ni cómo se manifestará este; la reunión en Ginebra ya había sido una prolongación de cinco rondas de negociaciones previas.
El desenlace de la segunda fase de la quinta reunión del Comité Intergubernamental de Negociación (INC-5.2) fue este. Su objetivo fundamental era establecer un acuerdo internacional que tuviera carácter legal para hacer frente a la contaminación causada por plásticos, sin descuidar el impacto en el medio marino. Este evento se llevó a cabo en Ginebra, Suiza, desde el 5 hasta el 15 de agosto de 2025, reuniendo a más de 2 mil 600 asistentes. En este encuentro se dieron cita delegados de 183 naciones, así como 400 entidades observadoras, abarcando desde colectivos ecologistas y recicladores hasta pueblos originarios y la juventud. Adicionalmente, hicieron acto de presencia lobistas vinculados a la industria química y a los combustibles fósiles. Asimismo, asistieron setenta ministros y viceministros, junto a otros 30 líderes prominentes que participaron en charlas distendidas al margen de las sesiones centrales. Para ahondar en los pormenores de los trabajos previos, se sugiere revisar tres artículos divulgados en El Sur, con fechas del 24 de junio de 2023, el 27 de abril de 2024 y el 7 de junio de 2025.
Aunque el fracaso siempre estuvo presente como una posibilidad, la materialización de la peor de estas eventualidades siempre sorprende. El mundo enfrenta con urgencia la necesidad de encontrar una solución al desafío del plástico. Esta cuestión no sólo supone una seria amenaza para el entorno natural, sino que además entraña riesgos para el bienestar de la gente.
En el transcurso de las discusiones, emergieron dos perspectivas opuestas: por un lado, la facción de países más influyente, que constituyó una “alianza ambiciosa” integrada por más de setenta naciones, incluyendo la Unión Europea, México, Kenia y varias islas del Pacífico. Su meta era forjar un futuro acuerdo que abarcase la totalidad del ciclo vital de los plásticos. Uno de los puntos más polémicos fue la instauración de topes vinculantes en la fabricación de plástico virgen, unido a la proscripción de aditivos especialmente dañinos y la creación de sistemas para vigilar y garantizar el respeto de los pactos sellados.
Frente a ellos estaban los que se hacían llamar los “países amigos”, aquellos grandes en petróleo y gas, como Arabia Saudita, Rusia, Irán y Kuwait, a la cabeza. Su idea era que el problema no era el plástico en sí, sino cómo manejamos los residuos plásticos. Por eso, pedían que el tratado solo se centrara en cómo se gestionan y reciclan los residuos, nada de tocar la producción de plástico. Estados Unidos, como rey de los combustibles fósiles, pensaba igual y no quería saber nada del pacto. Ya se había visto que no se ponían de acuerdo antes, y en Ginebra la cosa siguió igual, sin forma de que llegaran a un punto en común.
Tras varios días de intensos debates, el presidente de la conferencia, Luis Vayas Valdivieso, embajador de Ecuador en Reino Unido, presentó el miércoles 13 de agosto un borrador de texto del tratado para un pacto en torno a los plásticos. Este eliminó prácticamente todos los ambiciosos objetivos y requisitos para los gobiernos. El texto carecía de topes obligatorios para fabricar plástico y no vetaba ciertos químicos muy dañinos. En vez de eso, se enfocaba tan solo en promesas de cada país, pero sin obligación. Numerosas delegaciones, incluyendo la Alianza de los Pequeños Estados Insulares, Bangladesh, Canadá, Chile, Kenia, Filipinas, Nigeria, Noruega, Panamá y la Unión Europea, manifestaron su descontento con el borrador de texto presentado por el presidente.
El jueves 14 de agosto, los representantes dedicaron la jornada a charlas informales y encuentros en grupos pequeños para revisar el primer borrador de la propuesta textual del presidente. Tras una breve puesta al día sobre cómo iban las negociaciones, el presidente Vayas dio inicio y clausuró la sesión plenaria. En la madrugada del viernes 15 de agosto, se convocó una junta de jefes de delegación para debatir la versión corregida de la propuesta textual del presidente, que se repartió a las 00:48 y recogía los frutos de las conversaciones con los grupos regionales, las consultas en grupos reducidos dirigidas por el presidente, y varias reuniones bilaterales.
A las 6:12 am del viernes 15, se convocó la sesión plenaria, donde el presidente Vayas compartió que el miércoles 13 de agosto había llevado a cabo consultas con diversos grupos regionales acerca del borrador de la propuesta del presidente. Señaló que el jueves 14 de agosto, un pequeño grupo de trabajo copresidido por Chile y Japón se reunió para discutir un conjunto de asuntos que podría funcionar como un texto consensuado. Comentó que el grupo había sido capaz de identificar la necesidad de alcanzar un acuerdo sobre cuatro temas interrelacionados: producción, finanzas, productos plásticos y toma de decisiones. Comunicó que, tras recibir información de este grupo y realizar consultas, había desarrollado un texto revisado que reflejaba la propuesta del presidente. Esta versión fue discutida en una reunión con los jefes de delegación. Subrayó que este documento representaba su mejor esfuerzo por recoger las perspectivas de las delegaciones, avanzando hacia un instrumento internacional que tenga carácter legal vinculante. Además, mencionó que esta propuesta es un recurso que puede ser perfeccionado. Al observar que no se habían tomado decisiones tras las consultas realizadas sobre ambos textos, el presidente Vayas manifestó que en esa fase no se planteaban más negociaciones.
Un factor primordial de las Naciones Unidas, igualmente, jugó un papel en el revés en Ginebra: toda resolución se toma por unanimidad. Si un único país se opone, las conversaciones no pueden progresar. Muchos expertos creen que esto fue precisamente lo que pasó allí. Los representantes del bloque de “países amigos” repitieron sus puntos de vista sin cesar, casi como si buscaran ganar tiempo deliberadamente, lo cual consumió un tiempo valioso de diálogo ya de por sí complejo.
Si se considera la perspectiva de los países con una fuerte presencia en la industria petroquímica, esta desaceleración se vuelve lógica. El problema trasciende las costas llenas de residuos plásticos, la abundancia de plásticos en los mares, ballenas y delfines con residuos en sus sistemas digestivos, o los riesgos para la salud de las personas con los micro plásticos dentro de los propios humanos; lo que está en juego es la sostenibilidad de su esquema empresarial y su habilidad para vender materias primas en este siglo. Y, por consiguiente, su poder. Precisamente por esto, y considerando que los plásticos sirven como un plan B para el sector de los combustibles fósiles, es muy llamativo el parecido entre los grupos de países que están poniendo trabas a los debates sobre el clima y los plásticos.
Por este motivo, un considerable número de naciones decidió no respaldar un pacto débil que no contemplara la gestión integral del plástico. Aunque existe frustración, un acuerdo que carezca de factores fundamentales es indeseable, ya que podría dejar al mundo atado a un compromiso a largo plazo que no logre erradicar la contaminación por plásticos. Es crucial que la propuesta vigente se refuerce notablemente, y aún existe la posibilidad de alcanzar un tratado que sea adecuado para abordar la complejidad de los desafíos que enfrentamos con un esfuerzo global más coordinado. En este contexto, México, al igual que numerosas naciones, instó a los representantes a asegurarse de que los avances conseguidos hasta el momento, como el INC 5.2, “no sean malgastados”.
En este momento, sólo queda aguardar futuras reuniones que faciliten la consecución de un tratado que, como mínimo, establezca estándares aceptables. Mientras tanto, con cada año que pasa sin alcanzar este acuerdo global, se continúa aumentando la producción de plástico nuevo, generándose una creciente cantidad de residuos plásticos que se dispersan en los ecosistemas, tanto acuáticos como terrestres, y se siguen empleando sustancias dañinas que ingresan en los organismos y perjudican la salud humana. Desafortunadamente, se deberá continuar aguardando a que las naciones que fabrican plástico reconozcan lo que indican todos los datos de contaminación por plásticos, y parece que esto no ocurrirá en el corto plazo.