Aurelio Pelaez
Octubre 04, 2007
Memoria Roja, Historia de la guerrilla en México (1943-1968), Ediciones B, “no es una historia de cadáveres, sino de fantasmas
totalmente vivos”, revela su autor Fritz Glockner. “Llevo 25 años metido en el tema, no soy un novato, no es que haya yo
empezado como mucha gente supone a partir del 2002 cuando Vicente Fox abre los archivos (las cajas sobre el periodo de la
guerra sucia de los años setentas, del Archivo General de la Nación ubicadas en lo que fuera la carcel de Lecumberri)”, cuenta en
entrevista.
Sobre ese mismo hecho, la apertura pública de los archivos, Glokner escribió una novela ficción, Cementerio de Papel, también en
Ediciones B, lo mismo que El Barco de la Ilusión, sobre la vida del celebrado actor Tin Tan, con episodios que tocan a Acapulco.
La historia sobre la guerrilla en México, añade, “ha sido mi obsesión desde hace ya 25 años, el rescatar esta historia que de
pronto parecía fantasmal, que de pronto era una historia negada, total y absolutamente oculta, que el sistema político mexicano
se había negado insistentemente en hacer aparecer, cómo aquéllos que habían tenido la necesidad de utilizar las armas, en gran
parte debido a una actitud de autodefensa, ya que sus protestas por las causas sociales justas las habían dirigido por medio de
las vías legales, pero el estado había reaccionado de manera violenta, atentando en contra de su vida. Es el caso de Rubén
Jaramillo, de Lucio Cabañas, de Genaro Vázquez, de Arturo Gámiz y Pablo Gómez en Chihuahua, del movimiento de los
ferrocarrileros, de los médicos de 1964, en fin”.
El historiador, hijo de Napoleón Glockner, fundador de las Fuerzas de Liberación Nacional, asesinado en 1974, cuenta que “había
que rescatar esta historia porque sin lugar a dudas no se conocía, en ese caso hago una referencia particular a mi familia y a mí
como tal, en el sentido de que cuando se instala la historia en tu casa y se queda a convivir con tus fantasmas, tienes necesidad
de saber qué está pasando en tu casa, porque la participación de mi padre parecía como una hipótesis de masturbación histórica
y no una realidad, no sólo en el caso de mi padre sino en el de cientos de miles de mexicanos”.
“En esa lógica salir a las librerías e intentar encontrar una historia de la guerrilla en México, parecía absurdo porque era
inexistente. Había la historia de la guerrilla nicaragüense, la guatemalteca… es cuando me entra la obsesión por rescatar esta
historia. De ahí esta primera entrega que empieza en el 43, en el momento en el que Rubén Jaramillo opta por tomar las armas e
irse al cerro, al 68 cuando viene a colación el movimiento cívico social, popular, estudiantil.
–¿En el libro se advierte como una especie de diálogo con los nuevos actores políticos de hoy?
–Lo que pasa es que no estoy escribiendo una historia de cadáveres. Aquél historiador que se sienta a escribir la historia del siglo
19 o de la Revolución Mexicana, digamos, está escribiendo una historia de cadáveres, en este caso estoy escribiendo una historia
de fantasmas total y absolutamente vivos, porque sin lugar a dudas aún cuando no se ha escrito esta historia que éste es un
primer esfuerzo, además existe en nuestro país una cantidad de causas sociales por resolver que han dado motivo a la existencia
contemporánea de grupos guerrilleros. En esa lógica tiene conexión con la historia de hace 20, 30 o 40 años. En esa lógica estoy
escribiendo una historia de fantasmas vivos, por desgracia para la realidad de nuestro país.
–¿Hay también como una intimidad tuya con algunos actores de esta historia, personal, familiar, viendo cómo se han ido
reincorporando o incorporando en la nueva izquierda, en lo que deviene de esa historia, de esa memoria roja?
–Sí, bueno, cada quién agarra sus cauces históricos o políticos, o sociales, existenciales o sexuales, como mejor le parezca, pero
en término generales quisiera poner el dedo en el renglón, esa memoria roja es una memoria contemporánea, a lo que me refiero
es que no es una historia de cadáveres, sino de fantasmas totalmente vivos.
–¿Por so me refiero a esas intimidades, de izquierdas, la izquierda sigue siendo una actitud, una cultura de vida?
–No sé en el caso de muchos, en mi caso sigue siendo una herencia, sigue siendo una memoria, sigue siendo una actitud ante la
política, la economía, la sociedad, sigue siendo un principio, no es una cultura es un principio de vida, es una utopía, es una
forma de pensar, de crear y de actuar, no porque no vivamos en una sociedad de izquierda, aquéllos que nos decimos de
izquierda no debemos de practicarla en la lucha cotidiana, digamos, en esa lógica para mi y para mi familia seguimos marcados
por una ideología específica (el abuelo, primer rector liberal de izquierda), que más que una cultura es una utopía, una forma de
pensar y ver el mundo. No estoy de acuerdo en esa pendejada que dice que ser de izquierda a los 20 años es un tino y a los 40 es
un error, este tipo de frases conciliatorias estúpidamente con el propio capitalismo y con el neoliberalismo y con la propia actitud
acomodaticia de muchas personas, me parece mediocre que nada.
–¿Entonces es más vigente ser de izquierda ante esa realidad socioeconómica, no ha cambiado, no?
–No sé si sea vigente o no, lo que pasa es que está clarísimo que estamos en un país, el cual según la UNESCO plantea la
existencia de 52 millones de mexicanos en pobreza, de los cuales 29 se encontrarían en extrema pobreza, y en contraparte
tenemos el horroroso y penoso honor de tener en la lista de Forbes a un mexicano como el más rico del mundo, entonces más
que ser vigente ser de izquierda, hace falta resarcir el desgaste de un tejido social tan desmadrado como el de la sociedad
mexicana.
Fritz Glockner, no obstante, es reacio a opinar sobre el PRD, partido en el que se agrupan actualmente las organizaciones,
movimientos y personajes que devienen de esa memoria roja. “No me quiero meter en esas pendejadas”, dice quien en 1994
fuera parte del equipo de prensa del candidato presidencial de ese partido, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. No obstante, a toro
pasado lamenta que la elección presidencial de 2006 se haya perdido y responsabiliza de ello a tres personajes: Andrés Manuel
López Obrador, por sus propios errores; Cuauhtémoc Cárdenas, por su falta de solidaridad con López Obrador, y al
Subcomandante Marcos, por sus ataques a la campaña perredista. Tampoco quiere opinar sobre los gobiernos del PRD, pero “lo
que sí te puedo decir es que el PRD no ha estado a la altura histórica de la izquierda”.
–Por cierto, dice mi gobernador de Guerrero, Zeferino Torreblanca, que es un comunista de derecha.
–Pues más que un concepto ese es un caso para la siquiatría –corta.
La guerrilla, como defensa
de la vida
–Encuentro en la Memoria Roja una coherencia entre todas estas historias de guerrillas, desde Jaramillo, Madera, Genaro, Lucio,
hasta los nuevos radicalismos, Chiapas. No son hechos aislados, hay toda una coherencia de esta guerrilla en México.
–Claro, porque el país es uno, y como decía, el caso de Jaramillo, que curiosamente estamos hablando del estado de Morelos,
estado en el cual radica el ícono histórico Zapata, y posteriormente el caso de Chihuahua, donde radica el otro ícono
revolucionario que es Villa. En ambos casos no empiezan su lucha armada a partir de la construcción del socialismo, o de una
idea de izquierda, empiezan su lucha a partir de una defensa de la vida misma, a partir de la represión estúpida que el Estado dio
como respuesta a la solicitud de causas sociales elementales. En esa lógica sí podríamos ubicar cómo el 65 marca una división,
porque ahí sí el 23 de septiembre el Grupo Popular Revolucionario comandado por Pablo Gómez y Arturo Gámiz, ahí sí existe una
actitud específica con un ideario como tal de intentar emular lo que fue el asalto al cuartel Madera en Cuba, para iniciar una
guerra de guerrillas con el fin de instalar el socialismo en México, y de ahí se van a derivar otra serie de guerrillas similares, pero
en un principio en el caso de Lucio y de Genaro, no estamos hablando de que ellos hayan tomado las armas en un principio en
función de intentar instalar una ideología específica, como forma de gobierno o como forma de economía, sino que están
viéndose orillados debido a la represión del estado, a tener que huir para salvar la vida en primera instancia, y en segunda armar
un foco armado que permita la modificación de las estructuras social y políticas en este país, cosa que sigue siendo la causa tan
vigente como en aquellos años.
Glockner cuenta que a pesar de estas experiencias, el Estado mexicano sigue repitiendo errores históricos, como el no reconocer
las mismas injusticias que las políticas de desarrollo generan y atribuir los protestas y explosiones sociales a conspiraciones
externas; califica por ello como una estupidez calificar como terroristas a las actuales guerrillas, entre ellas las que serían
responsables de los bombazos a las instalaciones de Pemex. Del Ejército, señala que su recurrente apoyo a los caciques locales y
su participación en la represión de los movimientos sociales, lo hacen motivo de desconfianza y lamenta su papel en el combate
al narcotráfico, al que a veces se disfraza también para perseguir a la guerrilla, además de que insiste en calificar de otra
“estupidez” la ocurrencia del presidente Felipe Calderón de vestir de militar a su hijo durante un desfile militar y por el mensaje
que con esa imagen se mandó a la sociedad, “Ni Pinochet lo hizo en Chile”.
–En el libro hay pasajes novelados, también de cruces históricos, de contactos entre los protagonistas de diversos pasajes de las
guerrillas en Mèxico, Genaro y Heberto Castillo dialogando sobre la decisión del primero de irse a la guerrilla, Lucio invitado por
la Liga Liga Leninista Comunista 23 de Septiembre a sumarse a este movimiento armado antes de que él mismo se subiera a la
sierra…
–Memoria Roja pretende rescatar esto. Si te das cuenta, de pronto estudiamos la historia como aislada: qué pasó en el 58, resalta
evidentemente el movimiento ferrocarrilero, pero en dónde estaba en ese momento Genaro, dónde estaba Lucio, o qué estaba
pasando en Chihuahua, qué estaba pasando en Morelos, y Memoria Roja lo que pretende hacer es plantear las vías de la historia
al mismo tiempo, no es que cuando afloran los ferrocarrileros no existiera Lucio o Genaro, o no existieran los jóvenes del 68 o no
existiera Rubén Jaramillo, cómo en tiempo históricos nos encontramos todos al mismo tiempo interactuando, que de pronto uno
o tal año sobresalgan algunos de los sujetos históricos, no quiere decir la negación de la existencia de estos. Estamos
acostumbrados a hacer parcelas de la historia, no a verla como un conjunto donde evidentemente deben tener contacto Genaro,
con Heberto Castillo y con el MLN (fundado por el ex presidente Lázaro Cárdenas), o Lucio y la conformación de la Confederación
Nacional Campesina, donde también estaba Rubén Jaramillo, o el movimiento ferrocarrilero donde evidentemente fue visto por
aquellos que le empezaban a apostar a las armas como forma de cambiar la estructura de este país, o en el 68 donde insisto
mucho, con aquéllos jóvenes que ya pensaban en la idea de organizar guerrillas urbanas, se detuvieron para observar qué
sucedía en aquéllos 123 días del movimiento estudiantil del 68. La historia no son parcelas, la historia es un conjunto donde
evidentemente entran en interacción los personajes históricos, y en esa lógica había que contar este conjunto para que no se
viera aislado, para que no se viera superficial. Yo no creo que nadie despierte un día y en lugar de ir a trabajar a su oficina de
académico o a la universidad, en lugar de esto decida irse a la guerrilla, o ponerse en huelga. No son causas que nazcan por
generación espontánea.
El historiador lamenta igual el fracaso de la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales del Pasado (FEMOSSP), cuyos esfuerzos
para fincar responsabilidades a los culpables de crímenes políticos durante la época de la guerra sucia haya sido una farsa del
sexenio del presidente Vicente Fox, y que muchos responsables de éstos permanezcan en la impunidad. Más aún, que sigan en la
impunidad gobernadores “como el mío”, Mario Marín en Puebla, o Ulises Ruiz en Oaxaca, acusados de crímenes y de violación a
los derechos humanos.
Fritz Glockner prepara un segundo libro sobre la historia de la guerrilla en México que se llamará Los años heridos, y que cuenta
la etapa del movimiento armado de 1968 a la fecha. Antes confía que desde hace más de un año espera la llamada telefónica del
alcalde de Acapulco Félix Salgado Macedonio, quien lo invitó a presentar El barco de la ilusión al puerto.