EL-SUR

Sábado 11 de Julio de 2026

Guerrero, México

Opinión

G7 de Evian: difícil retorno del liderazgo occidental bajo presidencia francesa

Gaspard Estrada

Junio 17, 2026

La cumbre del G7 que se celebra en Evian del 15 al 17 de junio, bajo presidencia francesa, tiene lugar en uno de los contextos internacionales más complejos desde el final de la Guerra Fría. Medio siglo después de la creación del foro en Rambouillet, el presidente Emmanuel Macron aspira a devolver al G7 un papel central en la gobernanza mundial. Sin embargo, la paradoja es evidente: nunca los desafíos globales habían sido tan importantes y nunca la capacidad del G7 para influir en ellos había sido tan cuestionada.
La presidencia francesa ha definido las siguientes prioridades: reducción de los desequilibrios macroeconómicos mundiales, reforma de la arquitectura financiera internacional, seguridad de las cadenas de suministro, transición digital, lucha contra el crimen organizado y gestión de las grandes crisis internacionales. También ha insistido en la necesidad de construir relaciones más equilibradas con los países en desarrollo y de reforzar la resiliencia de sectores estratégicos como los minerales críticos.
Sin embargo, el principal desafío de la cumbre no es técnico sino geopolítico. La guerra entre Rusia y Ucrania continúa siendo una fuente de tensión para la seguridad europea, mientras que la reciente escalada militar en Oriente Medio y las tensiones alrededor de Irán dominan buena parte de la agenda diplomática. En este contexto, Francia busca mantener una posición de mediación y coordinación occidental, aunque las diferencias entre los miembros del G7 son cada vez más visibles.
La presencia del presidente estadunidense Donald Trump constituye probablemente el mayor reto político para Macron. A diferencia de los años de la administración Biden, las relaciones transatlánticas atraviesan una fase de incertidumbre. Las divergencias sobre Ucrania, Irán, comercio internacional, defensa europea y regulación tecnológica dificultan la construcción de posiciones comunes. De hecho, varios observadores consideran que la estrategia francesa ha consistido en reducir las ambiciones políticas de la cumbre para evitar enfrentamientos públicos con Washington.
La cuestión china aparece igualmente en el centro de los debates. Aunque Pekín no participa en el G7, gran parte de las discusiones sobre cadenas de suministro, comercio, tecnologías críticas y minerales estratégicos tienen como telón de fondo la creciente rivalidad entre Estados Unidos y China. Para Europa, y particularmente para Francia, el desafío consiste en evitar una lógica de confrontación bipolar que limite su autonomía estratégica.
Otro de los grandes desafíos de Evian es la relación con el Sur Global. La presidencia francesa ha invitado a potencias emergentes como India, Brasil, Corea del Sur y Kenia, consciente de que el peso económico relativo del G7 disminuye progresivamente frente a formatos como los BRICS ampliados. La cuestión ya no es únicamente cómo coordinar las democracias industrializadas, sino cómo mantener su capacidad de influencia en un mundo cada vez más multipolar.
La credibilidad del propio G7 constituye un desafío adicional. Cuando el grupo fue creado en los años setenta, sus miembros representaban la inmensa mayoría de la riqueza mundial. Hoy continúan siendo actores fundamentales, pero ya no monopolizan el crecimiento económico ni la capacidad de decisión global. El ascenso de China, India y otras potencias emergentes ha modificado profundamente los equilibrios internacionales. Como consecuencia, el G7 corre el riesgo de ser percibido como un foro occidental cada vez menos representativo de la realidad geopolítica contemporánea.
Finalmente, la propia organización de la cumbre ilustra las tensiones del momento. Francia y Suiza han desplegado un dispositivo de seguridad excepcional, con decenas de miles de agentes movilizados ante el temor de atentados, ciberataques o disturbios. Las manifestaciones anti-G7 en Ginebra y la fuerte contestación de movimientos altermundialistas recuerdan que una parte de la opinión pública sigue viendo este tipo de encuentros como símbolos de una gobernanza global alejada de las preocupaciones sociales.
En última instancia, el G7 de Evian representa una prueba para la diplomacia francesa. Emmanuel Macron, en ese último año de su mandato y debilitado en el plano doméstico, busca demostrar que las democracias occidentales todavía pueden coordinar respuestas comunes a desafíos globales cada vez más complejos. Sin embargo, el éxito de la cumbre no se medirá por la cantidad de comunicados finales, sino por su capacidad para preservar un mínimo de cohesión política entre aliados que comparten valores fundamentales, pero que divergen cada vez más sobre la manera de defenderlos en un mundo marcado por la competencia estratégica, la fragmentación económica y el retorno de la política de poder.

* Miembro de la Unidad del Sur Global de la London School of Economics (LSE)

X: @Gaspard_Estrada