EL-SUR

Viernes 19 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

Gabriel García Márquez en Ixtapa

Silvestre Pacheco León

Septiembre 09, 2019

En memoria del artista juchiteco Francisco Toledo, ejemplo de humildad, valentía y desprendimiento.

Hace 33 años estuvo en Ixtapa Gabriel García Márquez diciendo un discurso contra el armamento nuclear y el riesgo de una catástrofe mundial por culpa de las potencias mundiales de Estados Unidos y la Unión Soviética, negadas a frenar la carrera armamentista cuyos excesos daban cuenta del poder destructivo almacenado para aniquilar doce veces “todo rastro de vida en la tierra”.
Los integrantes del llamado Grupo de los Seis, formado por líderes neutrales de cuatro continentes escogieron el puerto de Zihuatanejo para concluir su reunión con el llamamiento a la inteligencia universal, capaz de poner alto a la carrera armamentista entre las dos potencias mundiales que protagonizaban entonces la llamada Guerra Fría.
Con la derrota ideológica y política del socialismo cesó la carrera armamentista, cayó el muro de Berlín y se impuso el sistema capitalista en el mundo con todas sus secuelas de dominio manifiesto en las abismales desigualdades económicas.
La amenaza nuclear se detuvo como lo pretendía aquel grupo que entonces contó con la presencia del presidente de México, Miguel de la Madrid, el de Argentina, Raúl Alfonsín, los jefes de gobierno de Grecia, Andreas Papandreu; de Suecia, Ingvar Carlsson y de la India, Rajiv Gandhi, así como el ex presidente de Tanzania Julios Nyerere, dando paso a la amenaza actual del cambio climático que está convirtiendo a la Amazonía en un infierno de calor por los incendios provocados.
Para conmemorar esa reunión que distingue a los costeños, se construyó a un costado del Museo Regional de la Costa Grande la plaza Olof Palme, como homenaje al primer ministro sueco que fue vicepresidente de la Internacional Socialista y miembro del Grupo de los Seis quien en fue asesinado en Estocolmo en febrero de 1986, seis meses antes de la reunión en Ixtapa, a la que asistiría.
La sobria plaza conmemorativa en cuyo diseño participó el arquitecto José Antonio Priani Piña, consta de una gigantesca y sólida piedra volcánica que respalda a las seis palmeras que por sí mismas son un monumento aunque pase inadvertido.

Gabriel García Márquez
y Mario Vargas Llosa

Como se sabe, García Márquez y Vargas Llosa fueron los exponentes del llamado boom de la novela latinoamericana que el destino juntó en España en la década de los sesenta donde forjaron una amistad que terminó de manera violenta en 1976 cuando se encontraron en la ciudad de México en el estreno de la película Sobrevivientes de los Andes.
Quienes conocieron de cerca el episodio cuentan que ocurrió cuando García Márquez se encontró con Vargas Llosa en uno de los pasillos del palacio de Bellas Artes y que ante el saludo de aquel éste le respondió con un golpe en pleno rostro que lo tiró al suelo.
Al parecer todo tuvo su origen durante un periodo de crisis en el matrimonio del escritor peruano cuando su esposa buscó el apoyo en la pareja de García Márquez y su mujer Mercedes Bercha, de lo cual surgió un mal entendido que provocó los celos de Vargas Llosa.
El fin de aquella amistad no afectó la producción literaria de ambos, pero en lo político cada quien se ubicó en trincheras opuestas. Vargas Llosa teorizó y llevó a la práctica su postura liberal como candidato presidencial por la coalición tripartita del Frente Democrático del Perú en 1990 derrotado ante Fujimori, mientras que su antiguo amigo se acercó al gobierno de la isla de Cuba hasta convertirse en uno de los más cercanos a Fidel Castro.

Mario Vargas Llosa y Octavio Paz

Octavio Paz y Mario Vargas Llosa ganaron el premio nobel de literatura, el primero en 1990 y el segundo en 2010.
Ambos se reconocieron como liberales y en su biografía aparecen similitudes interesantes porque en su juventud militaron en la izquierda para después convertirse en sus fervorosos críticos.
Su primer desencuentro lo conocimos públicamente en 1990 en el encuentro que se conoció como La experiencia de la libertad organizado por Paz y trasmitido en televisión por Televisa.
Ambos confrontaron sus puntos de vista respecto a la interpretación de la sociedad occidental en el siglo XX de la que el primero hace una crítica radical por los horrores del holocausto, las guerras mundiales, la bomba atómica y del excesivo materialismo que caracteriza al capital, mientras que el peruano le reconoce los mayores avances que ha generado para la humanidad como las libertades individuales, los derechos humanos, los derechos de las mujeres y la democracia.
Octavio Paz se muestra como el erudito, maestro severo de aquel, mientras Vargas Llosa aparece impetuoso y petulante.
Octavio Paz murió a los 84 años en 1998 y Vargas Llosa a esa edad ha escrito su autobiografía, un libro titulado La llamada de la tribu, en el cual refiere la lista de los siete pensadores que más influyeron en su formación y evolución de su ideología liberal: Adan Smith, José Ortega y Gasset, Friederich von Hayek, Karl Poper, Isaiah Berlin, Raymond Aron y Jean-Fracois Revel.
En una entrevista para El País cuenta que durante su vida estuvo en la izquierda hasta 1960 cuando la revolución cubana perseguía disidentes y negaba el derecho a elecciones y a la libre expresión de las ideas.
Asegura que la doctrina del liberalismo es superior al marxismo porque no da por hecho que tiene respuesta para todo y que por eso incluye la tolerancia como un valor que se debe defender porque permite la discusión con quienes piensan diferente.
El liberal Vargas Llosa, sin embargo, ha encontrado una coincidencia con Andrés Manuel López Obrador porque dice que la corrupción es uno de los principales males de nuestros países y que el narcotráfico se ha convertido en la principal amenaza de las democracias porque con su enorme poder económico penetra y corrompe las más altas esferas del poder.

La democracia, ¿un punto de llegada o de partida?

La democracia no resuelve por sí el problema económico en un país, se ocupa de lo político, de las elecciones, el respeto a las libertades individuales, el derecho de las minorías, pero no termina con la explotación del hombre por el hombre ni garantiza la igualdad de oportunidades.
Pero la democracia es un punto de partida, el mejor ambiente para generar los cambios que requiere el país para combatir la desigualdad y propiciar un moderno Estado de bienestar.