EL-SUR

Sábado 22 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

García Luna o el lado oscuro de México

Jesús Mendoza Zaragoza

Diciembre 16, 2019

 

La detención y el inminente enjuiciamiento de Genaro García Luna en Estados Unidos se ha abordado e interpretado desde las más diversas perspectivas. Y da para muchas más porque se volvió un personaje representativo de lo que sucede en México. De este México tan lleno de luces y de sombras, algunas seculares, que hemos construido entre todos. El caso es que este superpolicía que estuvo encumbrado en las altas esferas del poder político durante dos sexenios, representa ese perfil de quienes tienen alguna parcela de poder en la sociedad y en el gobierno. Desde el poder machista que se da vuelos en el seno de las familias, el poder que humilla y se impone en las instituciones sociales y privadas, hasta el poder demoledor de quienes escalan en la política.
Ese poder tiene su más alta expresión en el poder mafioso de la delincuencia organizada, que ha mostrado una gran capacidad de cooptar a tantos reyezuelos que abundan en la vida civil y en la política. Si el poderoso García Luna se puso a disposición del Cártel de Sinaloa, subordinó al mismo Estado ante la delincuencia organizada y puso de manifiesto la lógica del poder que no respeta ni ordenamientos jurídicos ni éticos, ni a las instituciones ni a la dignidad humana.
Este superpolicía sin escrúpulos nos está mostrando el lado oscuro de México, que no podemos seguir mirando a los buenos de un lado y a los malos del otro. En García Luna podemos advertir de lo que es capaz el poder en personas enfermas y en instituciones deformadas. Ese poder adquirido de manera ilícita e inmoral por quienes no tienen la capacidad para manejarlo como servicio y lo utilizan para herir o para destruir abunda por todas partes. En tantas familias hace mucho daño a mujeres y niños, en las escuelas y en las iglesias, en las empresas y en las universidades, en las organizaciones sociales y en el ámbito artístico. Donde quiera se cuecen habas.
Ahora, cuando se pasa del ámbito civil al político se da un salto monstruoso hacia los horrores y atrocidades del poder. Es que los políticos convencionales, antes han sido ciudadanos. Si un monstruoso ciudadano pasa a convertirse en un monstruoso político, se visibiliza y crece exponencialmente la monstruosidad del poder que es capaz de todo para acumular más. Esos monstruos viven ansiosos y no tienen llenadera.
Si en la sociedad no hemos sabido encontrar una fórmula para encauzar de manera productiva y servicial el poder, desde los espacios más pequeños hasta las instituciones, en la política no hay mecanismos o controles que lo logren. Ni las leyes ni los principios necesarios han logrado poner un control sobre esa desfiguración humana que nos convierte en reproductores de la imagen del superpolicía caído en desgracia. A García Luna lo tenemos por todas partes. Festejar el juicio a Genaro no tiene mucho sentido porque su sombra está en la sociedad y en los gobiernos. Habría que hacer un juicio a esta sociedad que ha permitido que la locura del poder nos atrape, y hay que enjuiciar al sistema político que ha disfrutado de todas las ventajas y privilegios que el poder da.
México está atribulado en una espiral de violencia que permitimos o promovimos con el manejo enloquecido del poder. En las cúpulas de los gobiernos es más visible que en lo íntimo de una familia. Pero está en todas partes y nos hacemos los disimulados. Ese abuso de poder ha sido un factor fundamental de todas las violencias que padecemos. Ese es el que tenemos que enjuiciar. García Luna tiene que ser enjuiciado y sancionado. Pero también esa oscura sombra que pasa como corrupción, abuso y violencia.
El manejo del poder que hace la delincuencia organizada, asesinando, corrompiendo, desapareciendo personas, extorsionando y todos sus etcéteras, no es sino la más encarnizada y cruel expresión del abuso de poder que hay en la política y en la sociedad. En los ámbitos de la delincuencia organizada, sicarios y halcones se llegan a creer superpoderosos porque tienen un arma en la mano o porque tienen detrás a una banda temida por la sociedad. Ese poder enloquecido es el que se ha introyectado en la conciencia nacional. Tenemos que enjuiciarlo y eliminarlo. Con políticos reciclados y con ciudadanos retraídos no hay futuro. Poner bajo control el poder, desde la familia hasta la política es el gran desafío. Con valores y controles. Esa es tarea de la educación, que no está a la altura de esta grave necesidad.