EL-SUR

Miércoles 16 de Junio de 2021

Guerrero, México

Opinión

Gasolinazo peñista

Jorge Camacho Peñaloza

Diciembre 30, 2016

No puede haber una sociedad floreciente y feliz cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y desdichados
Adam Smith

Año con año solemos hacer un recuento del año que se va y previsiones para el que viene. Hoy, como pocas veces, es imperativo reflexionar el momento por el que atravesamos e interpretar el significado del gasolinazo con el que Enrique Peña Nieto nos está amargando las fiestas decembrinas y llenando de incertidumbre sobre lo que puede suceder en el año que está por iniciar.
Sin duda que se trata, por un lado, de una medida que puede estar motivada por razones económicas coyunturales relacionadas con el incremento de los precios internacionales del petróleo, luego de que los países de la OPEP decidieron reducir sus cuotas de producción del hidrocarburo, y por la devaluación del peso como efecto al proteccionismo anunciado por Donald Trump, que ha motivado la salida de divisas del país y la devaluación del peso.
Por otro lado, se puede interpretar que el gasolinazo tiene que ver con la reforma energética que se propone eficientar una parte de la extracción, venta y distribución de los hidrocarburos, con la participación de la iniciativa privada, incluyendo las empresas extranjeras, porque en ella se estableció que se liberarían los precios de la gasolinas al participar empresas privadas en su venta y distribución, a partir de un precio pero no de 17 pesos promedio el litro y hasta el 2018 y no del año entrante.
Sin embargo, el gasolinazo obedece a la aplicación del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios, que es lo que está incrementando su precio como medida recaudatoria derivada de la pésima conducción de la economía y de las finanzas públicas por parte de quienes están al frente del actual gobierno federal, que han hecho crecer el déficit y la deuda pública, dada su corrupción y codicia por el dinero, que cargamos todos los mexicanos, y que ahora quieren solventar con el incremento a las gasolinas.
Más allá de coyunturas y reformas, este gasolinazo es resultado de la vieja lucha entre el proyecto nacionalista que defiende el petróleo como patrimonio de los mexicanos, que a la postre se convirtió más en un argumento ideológico populista, sostenido por el monopolio político y económico en manos del gobierno y sindicatos corruptos e ineficaces; y el proyecto que pugna porque esta riqueza se ponga en manos de la iniciativa privada incluyendo a la extranjera.
La reforma energética por la que votamos los panistas propugna porque el petróleo se convierta en factor de crecimiento y desarrollo económico y social para el país, para que el beneficio de esta industria llegue a la población con gasolinas de calidad y condiciones de producción y laborales de alta competencia, que es totalmente diferente a lo que está haciendo el gobierno de Peña Nieto golpeando el bolsillo de los mexicanos.
Los panistas nos oponemos a que el petróleo siga siendo pretexto del populismo y corrupción del sindicatos, así como de la entrega abierta de este patrimonio de los mexicanos al extranjero, pero sobretodo a que a través de los impuestos al consumo de la gasolina, los mexicanos paguemos la corrupción, ineficiencia y codicia del actual grupo gobernante encabezado por Enrique Peña Nieto.
En fin, razones de mercado, proyectos económicos con sustento ideológico, pésima administración pública, avaricia y corrupción, todo esto está detrás del incremento al precio de las gasolinas, aunado a las expresiones sociales de rechazo en varias partes del país y la polarización entre la población y el gobierno federal, que tendrá sus secuelas en la elección en varios estados en 2017 y la presidencial de 2018.
Este gasolinazo es muy significativo porque es resultado de una coyuntura económica internacional complicada, de la puesta en marcha de una reforma energética mal aplicada y de la total desconsideración del grupo en el poder hacia la economía de las familias mexicanas.
Las consecuencias de esta medida no se dejarán esperar: la caída estrepitosa de la popularidad del Presidente Enrique Peña Nieto, expresiones de protesta, inflación, carestía de la vida e incremento de la incidencia delictiva. Pero no debemos quedarnos ahí, tenemos que aprovechar esta crisis para replantear el modelo político y de desarrollo que queremos para el país, en el que la política y la riqueza genere beneficios más parejos y no sólo algunos cuantos.
Lamento no haber podido escribir esta última colaboración del año sobre los propósitos para el año que ya está en puerta, sólo puedo decir que será un año muy difícil, particularmente para estados como Guerrero, en donde el gobierno verá menguada su capacidad económica para responder a las crecientes exigencias de la población que verán reducido el poder adquisitivo de su escaso dinero e incrementadas sus necesidades insatisfechas, por lo que es necesario diseñar estrategias que impidan que la profundización de la pobreza en la entidad se traduzca en un estallido social.
Vuela vuela palomita y ve y dile: a toda la paisanada que nos preparemos para recuperar el país en el 2018 de estas despeñatadas.