EL-SUR

Viernes 27 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

¡Gente, cuida eso!

Octavio Klimek Alcaraz

Junio 01, 2019

El pasado 9 de enero de 2019, el semanario alemán Die Zeit (El Tiempo) publicó una entrevista realizada por el periodista Fritz Habekuß a dos reconocidos biólogos, Edward O. Wilson y Antje Boetius (https://www.zeit.de/2019/03/naturschutz-umwelt-klima-menschheit-edward-o-wilson-antje-boetius-forscher/komplettansicht?print#kluge-kontrahenten-box-1-tab).
Wilson es considerado uno de los biólogos más importantes de nuestro tiempo. Ha sido profesor de zoología en la Universidad de Harvard durante más de 60 años, investigando el medio ambiente, el comportamiento animal, la evolución y la biodiversidad. Él ha sido responsable de encabezar muchas de las aportaciones, algunas controvertidas, más importantes en biología de la actualidad, escribiendo 32 libros y recibiendo el Premio Pulitzer dos veces.
La bióloga marina Boetius dirige el Centro Helmholtz para la Investigación Polar y Marina del Instituto Alfred Wegener en Bremerhaven, Alemania. En su investigación, la bióloga mostró cómo los microbios de las profundidades marinas influyen en el clima global y cómo el cambio climático está cambiando la vida de las profundidades marinas. Boetius ganó el premio ambiental más alto de Europa en octubre del pasado año.
Me permito hacer una síntesis libre de dicha entrevista. El cabezal de la entrevista comienza de manera provocadora diciendo: “¡Gente, cuida eso!” ¿Debería la mitad de la Tierra convertirse en una reserva natural, o ayudaría el impuesto al carbono? Dos biólogos que han explorado el mundo en innumerables expediciones debaten soluciones.
En la entrevista, Wilson argumenta que al observar la destrucción de la naturaleza, se deben buscar estrategias contra la pérdida de biodiversidad. Por ello, sugiere dejar la mitad de la Tierra a la naturaleza. Él argumenta que somos parte del ecosistema. Pero que los humanos no han existido por mucho tiempo, solo 300 mil años, y no fue hasta hace unos 50 mil años que se comenzó a colonizar todo el planeta, y que en comparación con la edad de muchas otras especies, eso es un abrir y cerrar de ojos. Dice que el hombre es una especie pionera, que conquista todos los hábitats, desplaza a otras especies, destruye hábitats. Pero se está todavía lejos de comprender exactamente el impacto de la humanidad en la destrucción de la Tierra, agregando que ni siquiera se conoce la mayoría de las especies en este mundo.
Boetius agrega que aunque se sabe poco, no se puede esperar a actuar hasta que se sepa todo. Ya no se tiene tiempo. La investigación y la acción deben suceder al mismo tiempo.
A esto, Wilson añade que es como la medicina: todavía no sabemos todo sobre el cáncer de pulmón en la actualidad, pero si alguien lo tiene, lo tratamos. Es lo mismo con la protección del medio ambiente. Sabemos cómo proteger los ecosistemas de la destrucción: dejándolos solos.
Por ello Wilson, propone que deberíamos proteger más y más áreas, pero sucede lo contrario, somos cada vez más lentos. Así él propone hacer la mitad de la Tierra un área protegida. Eso salvaría el 85 por ciento de todas las especies en el planeta.
Boetius le señala que su propuesta no es realista.
Wilson agrega que en su idea de un sistema ideal hay un respeto cuasi religioso por el medio ambiente, la tierra en que vivimos y el planeta mismo.
Boetius recalca su escepticismo ya que comenta, que los sistemas de creencias son flexibles y vulnerables, a veces peligrosos, por lo que preferiría hablar de los valores reales de la naturaleza y las reglas que necesitamos para protegerlos. Eso es una diferencia. Ya existían culturas humanas que vivían según el principio de tomar sólo lo esencial de la naturaleza. Pero han desaparecido porque su sistema de pensamiento no era compatible con el principio de crecimiento de nuestro sistema capitalista.
Luego comentan sobre los intentos de darle un valor económico a la naturaleza. Ambos entrevistados coinciden, que esto no es conveniente. Wilson señala que dar un valor monetario a la diversidad de la vida es una forma segura de matarlo. Boetius le secunda, comenta que en muchas especies y hábitats este argumento no funciona. Cuando ella ha discutido en contra de la minería de aguas profundas en términos de sostenibilidad ambiental, “no puedo contrarrestar los beneficios económicos directos de los gusanos y los pepinos de mar en el fondo del océano”. Sin embargo, también se debe proteger el mar profundo, basado en el valor general de la naturaleza. Y se necesitan reglas duras para eso.
Boetius comenta que desde hace algún tiempo se ha preguntado si la forma más rápida de conservar las especies es lograr que los combustibles fósiles dejen de ser tan baratos, ya que la energía barata está estrechamente relacionada con la pérdida de hábitats y especies y la causa del cambio climático. Agrega que somos tan devastadores para la tierra y los mares porque es muy barato convertir la selva tropical en tierra cultivable y vaciar de peces los océanos. Por eso está a favor de gravar el consumo y los daños de los combustibles fósiles, además de detener los subsidios que causan daños al medio ambiente.
Agrega que en primer lugar las emisiones de combustibles fósiles son más costosas y, por lo tanto, vale la pena utilizar energía alternativa. Además, se pueden utilizar los ingresos fiscales para la protección del medio ambiente o para compensar la injusticia social causada por el aumento del precio de la energía. Tales injusticias son siempre la base de los conflictos, incluso en el clima o la protección del medio ambiente.
Wilson señala que esto es es correcto, pero se necesita mucho compromiso y acuerdo político.
Boetius es enfática: se tiene que cambiar la sociedad. Incluso si viene un impuesto al carbono, no será fácil. No se puede esperar a que ocurra un cambio global de conciencia, se necesita un atajo. Y es por eso está a favor de un cambio inmediato del sistema energético.
Ella está hablando de una transformación considerable. No se puede asumir que todos los gobiernos y poderes están contentos con esto, especialmente aquellos que se benefician del sistema actual. Ya que habrá considerable resistencia. Pero sin soluciones rápidas también hay problemas provocados por una gran cantidad de miseria, por la migración masiva de personas que pierden su hogar, su entorno.
Boetius concluye diciendo que se prohíbe el pesimismo. Prefiere pensar en soluciones. Al final, el ser humano es la especie más vulnerable de todas, para nosotros se trata de todo. La destrucción, si se continúa así, será terrible y terriblemente injusta para las generaciones futuras. Deseo que sigamos el camino de la razón. Ahí es donde la ciencia juega un gran papel.
Wilson le secundad dándole la razón, aunque no cuestiona el modelo económico y se va por la tangente como un problema causado por los países pobres al decir que el crecimiento de la población es un gran problema y es por eso que se tiene que invertir mucho en la educación de las mujeres en los países en desarrollo, para reducir sus tasas de natalidad. Sigue siendo optimista. La humanidad ha sobrevivido a dos guerras mundiales terribles en el siglo pasado, ha sufrido una transformación social gigantesca en gran parte del mundo desde el fin del comunismo. ¿Por qué no debe encontrarse una salida a esta crisis? Una especie que puede volar a la Luna y viceversa es capaz de hacer la ciencia necesaria y sacar las conclusiones correctas.
En mi opinión, Boetius le da una clase a Wilson en este diálogo de profundidad de las causas del desastre ambiental en el planeta.