EL-SUR

Sábado 20 de Julio de 2024

Guerrero, México

Opinión

George Steiner: Leer como la mayor creación

Adán Ramírez Serret

Febrero 07, 2020

Es casi una verdad de Perogrullo decir que cuando se lee, la mitad del texto, si no es que más, la hace el lector. Sin embargo, para cualquier persona de a pie –y esto el sentido común se lo dice a cualquiera– esa idea se sostiene con alfileres, y pensar que el lector es tan importante como el autor, casi siempre parece una locura. Un delirio de un perdedor.
Pues, por más virtuoso que sea el acto de leer, a lo largo de una tarde, Romeo y Julieta de Shakespeare; o igualar a Vargas Llosa quien dice haber leído en un solo día Los hermanos Kara-mazov, jamás será lo mismo que haberlos escrito. Todos sabemos que el genio del genio creador –como lo llamaban los románticos alemanes–, siempre estará por encima del humilde lector.
Sin embargo, hay algunas excepciones, contadas casi con los dedos de una mano, de lectores que transforman el acto pasivo de leer, en un ejercicio creativo, en un descubrimiento deslumbrante. Es, por supuesto, el caso del gran genio, lector de latín y griego, políglota, hablante de alemán, italiano, francés e inglés y maravilloso ensayista, George Steiner (Francia, 1929-2020) quien falleció el pasado lunes 2 de febrero a los 90 años.
Los grandes lectores, los amantes de la literatura y de las lenguas, son tan viejos como la literatura misma. Al grado que la propia asociación de poesía, historias y lenguaje, casi es sinónimo de erudición. Ha habido grandes nombres en la historia de la humanidad que han dedicado su vida al estudio y que su nombre ha perdurado por ello. Desde los eruditos de Alejandría, como Aristarco, pasando por Dante, Tomás Moro y Erasmo; hasta los grandes intelectuales como Benito Feijoo, Charles Baudelaire u Oscar Wilde que han sido pensadores que definen su tiempo.
En México hemos tenido el privilegio de tener autores de una erudición y claridad inauditas como Alfonso Reyes y Octavio Paz. Figuras que desde la filosofía o la poesía entienden el mundo mejor que nadie e iluminan un camino. Por supuesto que uno de los más grandes de nuestra época es alguien muy cercano a los dos mexicanos, Jorge Luis Borges. Con estos últimos tres, dialoga constantemente Steiner, pues la literatura griega, el tiempo y la humanidad, son las preocupaciones constantes de estos cuatro pensadores.
Uno de los géneros que más disfruto leer, es el libresco. Aquellos libros que hablan sobre otros libros y parecen –o son en verdad– un continuum en el cual la humanidad comenzó –y es la misma– desde que inició la escritura.
George Steiner ha escrito una enorme cantidad de libros, y aunque al final de su vida se lamentaba de nunca haberse atrevido a incursionar ni en la poesía ni en la ficción, fue un escritor brillantísimo; con obras tan profundas –y un poco avasallantes– como La muerte de la tragedia, Errata y Tolstói o Dostoievski.
Pero tiene otros mucho más accesibles, artículos que buscan ser leídos y que son, en verdad, hermosas clases de literatura.
Está, por ejemplo, El lector infrecuente, un texto de apenas 48 páginas en donde analiza un cuadro del pintor francés, Chardin, Le Philosophe lisant (El filósofo que lee). Observa este cuadro pintado en 1734, en donde podemos ver a un hombre leyendo. Steiner describe su vestimenta y los demás instrumentos que el lector tiene en su escritorio. A partir de aquí, reflexiona sobre la importancia de la lectura. Es una preparación, es llevar a cabo la labor más importante del día. Leer bien, escribe Steiner, es contestar al texto, ser equivalente al texto.
Así, el lector, por su ejercicio de responsabilidad hacia el texto, termina, sin darse cuenta o antes de que lo haga, por ser él mismo un creador. Dice Steiner en el mismo texto, “En nuestras grandes bibliotecas existen verdaderas contrabibliotecas formadas por las notas marginales y por las notas marginales que sucesivas generaciones de auténticos lectores taquigrafiaron, codificaron, garabatearon o pusieron por escrito con elaboradas y floridas expresiones a lo largo, encima, debajo y entre los renglones del texto impreso”.
(George Steiner, Pasión intacta, Madrid, Norma/Siruela, 1997. 566 páginas).