EL-SUR

Sábado 30 de Mayo de 2020

Guerrero, México

Opinión

Glifosato, algodoncillo y monarca

Octavio Klimek Alcaraz

Mayo 23, 2020

 

La mariposa monarca (Danaus plexippus plexippus) es toda una celebridad a nivel internacional, debido a su espectacular migración a través de México, Estados Unidos y Canadá. Es una de las migraciones de más tiempo, distancia y numerosa en el mundo de los insectos. Por ello, la mariposa monarca tiene un lugar especial en los corazones de las personas, con sus alas de color naranja brillante con líneas negras y los suaves bucles de su vuelo.
La generación especial de mariposas monarca que realiza dicha migración se le conoce por su longevidad como Matusalen. Esta generación de mariposas monarca va a retrasar su reproducción y vivirá hasta nueve meses (otras generaciones viven un promedio de un mes). Así, las mariposas monarca que habitan al este de las Montañas Rocosas desde el sur de Canadá y gran parte de Estados Unidos inician un viaje a mediados de agosto de alrededor de dos meses, rumbo al centro de México a sus sitios de hibernación en los bosques de coníferas del Estado de México y Michoacán, donde esos individuos nunca han estado. Ahí permanecerán durante aproximadamente 5 meses (noviembre a marzo). Los mismos individuos que llegaron a México emprenden el retorno en la primavera rumbo al norte de América. Existen estimaciones que esta migración abarca más del 90 por ciento de la población de mariposas monarca del norte de América.
La mariposa monarca tiene un ciclo de vida que transcurre por una impresionante metamorfosis. Inicia como un huevecillo, después es oruga, luego crisálida y finalmente la mariposa adulta.
Hoy en día, esas maravillosas criaturas son una especie en riesgo. Con oscilaciones, las poblaciones de mariposa monarca que hibernan en México tienen una tendencia a ser menor en su número con relación a las primeras mediciones hechas. ¿Cuáles son las causas de dicha disminución? ¿Quiénes son los principales enemigos de la mariposa monarca que ponen en peligro su existencia?
Al respecto acabo de leer un extenso artículo de fecha 2 de mayo, en la reconocida revista de divulgación científica Spektrum der Wissenschaft, que escribe G. Popkin. Su título sería en español: ¿Asesina el glifosato a las mariposas monarca? (https://www.spektrum.de/news/monsantos-glyphosat-ist-nicht-der-einzige-feind-des-monarchfalters/1726148).
En el artículo narran la controversia que ha surgido a partir de las investigaciones de Karen Oberhauser, quien como ecóloga se ha dedicado al estudio de la mariposa monarca. Ella y sus colegas han hecho estudios relacionados a las poblaciones de la monarca en los campos agrícolas del Medio Oeste americano. Hay que recordar que las orugas de la mariposa monarca son herbívoras y su principal alimento es la planta de algodoncillo (Asclepias spp), ya que sólo sobre ella las mariposas adultas depositan sus huevos. En tanto, que las mariposas adultas se alimentan del néctar de las flores.
El algodoncillo del que se alimentan las orugas de la monarca se desarrolla en los extensos campos de cultivo de soya y maíz transgénico. Para los agricultores el algodoncillo es una mala hierba, además de ser tóxica para el ganado. Ellos combaten al algodoncillo con un herbicida de amplio espectro y extrema toxicidad, que es el glifosato, conocido comercialmente como Roundup. El glifosato es parte del paquete tecnológico de la soya y maíz transgénico, que son resistentes al glifosato. El paquete tecnológico es comercializado por Monsanto, ahora parte de la empresa gigante Bayer.
La doctora Oberhauser y el doctor John Pleasants comenzaron a contar plantas de algodoncillo y huevos. Con base en sus datos, estimaron que el número total de plantas de algodoncillo en el Medio Oeste disminuyó en un 58 por ciento entre 1999 y 2010. Otros reportes habían informado que las poblaciones de las mariposas monarca invernales habían disminuido considerablemente durante este periodo. De hecho, en el invierno de 2009/10, el área que ocuparon en el bosque mexicano disminuyó a menos de la mitad del año anterior, y por primera vez desde que comenzaron los registros a principios de la década de 1990, disminuyó a menos de dos hectáreas. Un vínculo entre las dos tendencias parecía obvio. Ellos llegaron a la conclusión de que menos plantas de algodoncillo en los campos significaban menos huevos, lo que a su vez significaba que menos mariposas regresaban a México.
En el año 2012, la doctora Oberhauser y Pleasants publicaron un artículo donde concluía que la eliminación del algodoncillo tiene como consecuencia que desaparezca la principal fuente de alimento para las mariposas monarca en su etapa de oruga, lo que además pone en peligro la migración de las mariposas. Se le llama la hipótesis del algodoncillo.
El público y muchos científicos se sorprendieron con esta hipótesis. Parecía lógico: una fuente importante de alimentos desapareció justo cuando la población de mariposas de México colapsó. En 1996 se estimaba que había alrededor de 300 millones de especímenes de mariposa monarca. Poco más de una década después, era menos de 100 millones. Oberhauser y sus colegas, por lo tanto, recomendaron plantar plantas de algodoncillo en grandes cantidades para compensar las pérdidas. Miles de “conservacionistas ciudadanos” siguieron el llamado, incluida Michelle Obama, que plantó la planta de algodoncillo en el jardín de la Casa Blanca.
Adicional a ello, existen sospechas de que el uso de glifosato podría haber cambiado la presencia de la planta de algodoncillo de una manera que daña a las orugas. Si el efecto del herbicida es que las plantas de algodoncillo se concentren en áreas más pequeñas fuera del área agrícola, las mariposas monarca hembra pueden tener que poner todos sus huevos más juntos, lo que hace que más orugas compitan por el mismo alimento.
La hipótesis del algodoncillo ha sido sujeta de controversias, pero hoy es claro que hay muchos otros factores que afectan a las poblaciones de la monarca a lo largo de su ruta migratoria. Algunos datos sugieren que los territorios han perdido plantas productoras de néctar de las que se alimentan las mariposas adultas durante su viaje hacia el sur, y que bosques importantes se han degradado. Los científicos también han especulado que los parásitos pueden haber diezmado a los migrantes. Hay indicios de que no sólo hay uno, sino varios culpables responsables del declive de la mariposa monarca.
Sin embargo, existen modelos de computación que Oberhauser y otros colegas usaron en un estudio de 2017, donde muestran nuevamente que principalmente la disponibilidad de plantas de algodoncillo y los cambios de clima tienen un fuerte impacto en la cantidad de mariposas monarcas.
En general es claro, que las poblaciones de la mariposa requieren de bosques sanos de abetos en los sitios de hibernación que les confieren protección. Sin embargo, la deforestación continúa en la periferia de las áreas protegidas mexicanas donde llega la especie. En especial, las plantaciones ilegales de aguacate reducen aún más su espacio vital. El calentamiento global también podría hacer que la reserva sea inhóspita para los bosques de abetos, ya que requieren temperaturas relativamente bajas.
La mariposa monarca ha sido desde hace tiempo una atracción para los naturalistas y los conservacionistas; también una embajadora de buena voluntad internacional, y ahora es para mucha gente un símbolo aterrador, que encarna los temores de muchas personas sobre la ingeniería genética y el control empresarial de la agricultura.
Para la comunidad científica, la migración de la mariposa monarca comenzó como un acertijo, cuya solución estableció la mariposa como un milagro de la naturaleza. Una vez más, la monarca está en el centro de un acertijo, cuya solución depende de nosotros, para que ella no se extinga.