EL-SUR

Viernes 17 de Mayo de 2024

Guerrero, México

Opinión

Gloria Guinness en Acapulco, una de las tres mujeres más elegantes del mundo, según Time

Anituy Rebolledo Ayerdi

Septiembre 07, 2023

Una casa única para una mujer única: Loel Guinness

“Sólo nos falta casa en Acapulco para que seamos una pareja, además de muy feliz, totalmente internacional”, le dice Loel Guinnes a su esposa, Gloria Rubio Alatorre.
“Una casa única para una mujer única”, demanda Loel Guinness, y lo envían con el arquitecto mexicano Luis Barragán, quien lamenta no poder complacerlo, pero le recomienda a un alumno suyo, el arquitecto Aldaco Gómez (Guadalajara, 1933-2013), quien acepta el desafío. Para afrontarlo, se inspiró en las formas escultóricas de su maestro y en las cabañas de palapa tradicionales de Acapulco.
“Aldaco Gómez construye la más fabulosa de las villas nunca antes vista y logra con ella merecida fama internacional, reforzada más tarde con una casa en Costa Careyes, Jalisco, bautizando así a un estilo arquitectónico” (El Informador, de Guadalajara). El también pintor, escultor y diseñador recibió en 2008 el premio honorario Architectural Digest, por su diseño de casas de playa. Se le considera a partir de entonces como el “creador mexicano de la arquitectura de playa (idem)”.

Loel Guinness

Thomas Loel Guinness, ex parlamentario de la Gran Bretaña, está dedicado a los bienes raíces y a la banca. Pertenecía a la dinastía de nobles irlandeses famosos creadores de la cerveza negra Guinness, con más de dos siglos de existencia. Entre sus obras filantrópicas figuraba la compra del yate Calypso, sólo para darlo en alquiler a Jacques-Yves Cousteau, el famoso explorador oceanográfico, además de costearle su película El mundo del silencio.

Residencias, yate y aviones

Los otros domicilios de los Guinness se ubicaban en Nueva York (departamento en Waldorf Towers, Manhatan); residencia de siete pisos en París; granja del siglo XVIII cerca de Lausana, Suiza; residencia y criadero de caballos en Normandía y mansión con campo de golf en Lake Whorth, Florida. La pareja surcaba el Mediterráneo en un yate de 350 toneladas e iban y venían en su flota aérea compuesta por dos aviones y un helicóptero. La señora nunca viajó con maletas pues contaba con guardarropa en cada domicilio

Gloria Guinnes

Gloria Rubio Alatorre (Guadalajara, Jalisco, 1912-1980) se encargó de decorar y amueblar su casa de Acapulco. “Todo auténticamente mexicano, excepto el marido inglés”, declaraba sonriente. A partir de esta, su cuarta unión matrimonial, en 1951, la mujer será simplemente Gloria Guinness.
Morena, alta, delgada y hermosa, Gloria Guinness se dejaba vestir únicamente por Dior, Chanel, Saint-Laurent, Valentino, Halston y Givenchy, aunque sus preferidos eran los españoles Antonio del Castillo y Cristóbal Balenciaga. No estaba reñida con el vestido casual y lo demostraba usando los pantalones Capri, de Emilio Pucci. En cambio será intransigente en cuanto a los hot pants: “Odio esas malditas cosas, excepto en Brigitte Bardot”, decía.
“La mujer –aconsejaba a propósito–, no siempre debe vestirse para levantar envidias en otras mujeres, debe hacerlo para sostener la atracción de su compañero. El trabajo de la mujer es complacer a su hombre”, remataba.

Mujer de su época

Gloria Rubio fue editora y columnista de varias publicaciones internacionales y entre ellas la revista Harper’s Bazaar. Su pluma, siempre con actitud liberal y de avanzada, tocó temas como la mariguana, la guerra de Vietnam y la demonizada reunión juvenil de Woodstock. Sabía diferenciar muy bien lo elegante de lo chic. “La elegancia –escribió– es un regalo de la naturaleza, lo chic es una moda, una actitud bien estudiada, un arraigado sentido del exhibicionismo. Ambas cosas soy yo”. Su rostro sereno será portada frecuente de revistas femeninas, particularmente de Vogue.

Truman Capote

El novelista estadunidense Truman Capote –“soy alcohólico, soy drogadicto. soy homosexual, soy un genio”–, la consideraba una de sus tres cisnes: “por su cabello negro como la seda, sus cejas bien delineadas y su largo y esbelto cuello”. Los otros dos eran la estadunidense Babe Paley y la italiana Marella Agnelli. El autor de A sangre fría y Desayuno en Tiffany’s reúne a sus tres
cisnes en su famosa fiesta anual en el Black & White Baal del hotel Plaza de Nueva York. Convocaba a la crema y nata de la high society neoyorkina y particularmente a la refinada jotería internacional. En una de ellas, la grand entre de Gloria a la fiesta enmudece a la concurrencia: luce un vestido muy sencillo, pero de su cuello de cisne cuelga un collar cuajado de diamantes y esmeraldas mientras que sus ojos están escondidos tras un antifaz negro. Será la reina indiscutida de la noche.

Nada que ponerse

Los Guinness están invitados a cenar con amigos. El hombre apresura a la esposa porque están citados a las 9 y ya son pasadas.
–¡Si no estás lista ahora mismo, me voy solo, –amenaza Loel.
–Paciencia, Lo –le responde–. Es que por más que busco no tengo materialmente nada que ponerme.
El banquero inglés lanza un sonoro ¡joder!, escuchado seguramente en Acapulco, echándole en cara a la mujer que los closets de sus cinco residencias están repletos. ¿Por qué todas las mujeres dicen que no tienen nada que ponerse?, reprocha para luego lanzar un ultimátum: ¡Te quedas!, le grita al tiempo de encender el auto. La dama llega muy agitada envuelta en un hermoso abrigo de mink. Él la recibe furfullando algo ininteligible mientras pone en marcha el auto. Llegan finalmente a su destino donde el criado de la casa procede a tomar el abrigo de la dama.
–¡Oh, santo Dios!, grita Loel al verla vestida únicamente con ropa interior, lencería finísima, por supuesto. La flema del inglés lo atraganta y sólo le da para lanzar un reproche –¿Pero es que has vuelto loca, mujer?, –y por única vez deseará ponerle la mano encima, además de un abrigo. Ella solo insistirá en su reproche, ya universal:
–¿No te dije que ya no tenía nada que ponerme?
Anfitriones e invitados festejan ruidosamente la puntada de Gloria, una de tantas a los que los tiene acostumbrados

La más elegante del mundo

La estadunidense Eleanor Lambert, árbitro de la moda y creadora de la lista de las mejores vestida”, incluirá a Gloria en ellas entre 1959 y 1963. La llamará, incluso, “la mujer más elegante del mundo”. La propia señora Guinness integrará más tarde, con la duquesa de Windsor y Jacqueline de Onassis, el trío de socialités declaradas por la revista TIME como “las tres mujeres más elegantes del mundo”. En rigor, la mexicana estará ubicada enseguida de la señora de Onassis.

Huipiles amuzgos

En Acapulco, la mujer símbolo de la elegancia universal vestía cotidianamente huipiles (huipil en náhuatl: blusa o vestido adornado) El colorido vestido tradicional de la mujer indígena lo encargaba a las creadoras de la región amuzga de Guerrero. Prendas que, por cierto, acostumbraba obsequiar en Navidad a sus mejores amigas en varios países.
Aquí, la señora Guinnes se daba tiempo para preparar algunas donaciones para los museos de Arte de Nueva York y el londinense Victoria Alberto, dedicados a las bellas artes decorativas. Para el primero selecciona trajes de Balenciaga y Elsa Schiapirelli, mientras que para el segundo una colección en la que figura un vestido de noche de Marcelle Chaumont, la diseñadora francesa que tuvo como cortador a Pierre Cardin, el más tarde genio de la costura.

El vestido

El vestido de noche Chaumont es de organza blanca y de cuerpo entero. La falda de cintura completa ha sido pintada a mano por la propia creadora, con un diseño dorado de cintas y lazos. El corpiño está finamente arropado sin tirantes y está desguazado en las costuras con un volante recogido en la parte superior. Hay un cierre de cremallera lateral. Con una enagua de organdí blanco unida al vestido en la punta del corpiño también desguazado. Cinturón de organza blanca. Sus medidas en centímetros: busto, 88; cintura, 69; circunferencia con dobladillo, 250. La longitud del vestido es de 142 centímetros.

Los matrimonios

Gloria Rubio se casa a los 20 años con el holandés Jacob Hendrik Scholtens, de 47, superintendente de un ingenio azucarero en Veracruz. El divorcio será casi inmediato. Pasados dos años contrae matrimonio con el príncipe Franz Egon Von Furstenberg-Hedringer, con quien procrea a sus dos únicos hijos, Franz y Dolores. Se divorcia para casarse con el príncipe Ahmad -Abu-El- Farouh Farky Bey, nieto del rey Fuad de Egipto y sobrino de la princesa Fawzá, primera esposa del sha de Irán. Vendrá el cuarto al bat y pegará jonrón. Su nombre, Thomas Loel Guinness, banquero inglés, con quien se casa en Antibes, Francia, en 1951. Con ellos vivirán los dos hijos de ella y uno de él.

Morir antes de envejecer
y engordar

Poco antes de morir, Gloria Guinness concede una entrevista a la revista Woman Wear Daily y en ella se declara ajena al mundo que vive. Se manifiesta, además de cansada, desencantada de esta vida. Sus querellas: “Esta vida ya no es como la de antes… nadie hace grandes entradas a un baile o a un restaurante… todo mundo grita y no platica… en las discotecas todo es oscuro… ya nadie practica el arte del flirteo… de ver y ser vistos… ya nadie nota siquiera qué diseñador de alta costura realizó tu vestido… esta ya no es la vida que yo deseo seguir viviendo”.
La señora Guinness muere infartada a los 68 años, el 9 de noviembre de 1980, en la villa Zanroc, en Epalinges, Suiza. No faltarán cercanos que hablen de suicidio, recordando su constante lamento en el sentido de “no estar dispuesta a soportar tres cosas: “envejecer, engordar y perder al tacaño de su marido”. Este fallecerá más tarde, a los 82 años, en Houston, Texas, también por una falla cardiaca. Ambos descansan en el cementerio de Bois de Vauz de Lausana, Suiza.

Hugo Arizmendi y los pelícanos

El ingeniero politécnico y acapulqueño, Hugo Arizmendi Dorantes es recomendado para un trabajo especial urgido por los Guinness. Se trata de evitar que una banda de pelícanos siga saqueando una enorme pecera que aloja centenares de exóticos peces de colores traídos de todas partes del mundo. El personal de la residencia ha sido dotado con bats beisboleros para contener a los voraces pajarracos. Fracaso.
Hugo investiga que los pelícanos poseen, además de su gran pico, un saco yugular que utilizan para capturar sus presas y que drena el agua recogida antes de tragárselos. Nada sobre algún elemento natural o de laboratorio que los ahuyente. Propone entonces la colocación de una malla metálica que resista los embates de las aves que, como aviones de caza, se lanzan en picada sobre el estanque para tragarse un buen número de pececitos. Al inglés le parece magnífica la solución, pero pide al ingeniero que se atenga al diseño que hará la propia señora Guinness. Y así sucederá.

Guinness vs Corona

Guinness estará pendiente de los trabajos y todos los días inspeccionará la obra llevando una generosa dotación de cerveza Guinnes, que el ingeniero politécnico y sus trabadores consumen con recelo. Uno de ellos lo revelará más tarde:
–Pinche cerveza “Finex”, o como se llame, parece chocolate y sabe a purititos miados. Y no es que yo los haya probado, pero me imagino que a eso deben saber. Nos las bebimos por el calor y sólo por eso. Ahora que yo sostengo que como la Corona no hay dos.
–¡Sí es cierto! –responden en coro los operarios.
–Qué bueno que no hicieron ese comentario frente al señor Guinness porque nos hubiera quitado la chamba.