EL-SUR

Sábado 20 de Julio de 2024

Guerrero, México

Opinión

Gobernar para qué y cómo

Arturo Martínez Núñez

Agosto 29, 2017

Llegó la hora de los destapes. Sonó la voz de “arrancan”. En todos los partidos políticos, grupos, cafés y muros de redes sociales, ha comenzado la selección de los hombres y mujeres que habrán de encabezar los ayuntamientos guerrerenses a partir de octubre del 2018. Los augures de la política discuten si aquél es el bueno, si éste debe de repetir, si el mejor es ese otro. Todos hablan de las virtudes o defectos de los aspirantes, pero nadie o casi nadie habla de la manera en que se alcanzarán los objetivos.
No hay estudio, no hay plan estratégico, no hay análisis prospectivo. Lo único que hay es declaraciones, buenas intenciones y profesiones de fe: “Apóyame a mí porque soy el mejor…”; “apóyame a mí porque yo soy el más honesto…”; “Apóyame a mí para poder continuar…”; “apóyame a mí, si estás en contra del otro…”; “apóyame a mí para evitar que llegue aquél…”
La falta de diagnóstico, la carencia de una hoja de ruta, hace que al poco tiempo de iniciadas las administraciones, las expectativas se transformen en frustraciones. Porque asumiendo sin conceder, que todos los alcaldes comiencen sus periodos con buenas intenciones, los compromisos y promesas desorbitadas de campaña, hacen que al llegar al cargo todo sea incumplimiento y frustración. La paradoja es que el elector y los grupos de presión, necesitan que los candidatos hagan compromisos que difícilmente podrán cumplir.
No me imagino a un candidato haciendo campaña diciendo “de llegar me comprometo a poner en orden la administración y a apretarnos el cinturón… Prometo hacer una administración sobria, republicana y austera. No habrá dispendios ni gastos extra presupuestales ni listas de raya ocultas. No se privilegiará a ningún grupo sobre otro. Nos atendremos a los lineamientos presupuestales y programáticos que definamos en función de las necesidades del municipio y no de grupos de interés. No haremos reparto de dádivas, de programas asistenciales ni de obras dirigidas…” Seguramente este candidato tendría muy complicado ganar apoyos para su campaña.
En una suerte de esquizofrenia colectiva, el electorado espera escuchar lo que sabe que no le van a cumplir: que ahora sí va a haber agua, que la recolección de basura será eficiente, que la seguridad regresará a las calles por arte de magia, que habrá empleo y mejor educación y que la salud será para todos y de calidad. Todos buscamos que así sea. Ningún político en su sano juicio desea lo contrario. El problema es cómo y con qué recursos se van a realizar estas acciones de gobierno.
Porque todo pasa por la administración de los recursos humanos, materiales y financieros. Porque uno puede tener las mejores intenciones, pero si no cuenta con suficientes herramientas poco se puede realizar. Porque de nada sirve llenar las urnas cuando tenemos vacías las arcas. Y es aquí cuando las promesas vacías, los lemas de campaña y las estrategias de marketing comienzan a fallar.
Las finanzas de casi todos los ayuntamientos se encuentran en condiciones de fragilidad extrema. Las deudas con bancos, con proveedores, con el SAT, con las instituciones de seguridad social, los ADEFAS, los laudos laborales y otros pasivos superan por mucho los niveles aceptables de endeudamiento. Las nóminas se han inflado a lo largo de los años y las listas de raya han crecido proporcionalmente. Adicionalmente, pocos alcaldes tienen el coraje para cobrar con eficiencia y energía los pocos recursos propios como predial, agua, licencias y permisos.
Tenemos entonces, ayuntamientos con pocos ingresos propios, con egresos desorbitados y dependientes absolutamente de las participaciones estatales y federales. Tenemos alcaldes que llegan con las manos amarradas porque primero les cumplen las cuotas a los cuates, no quieren cobrar impuestos y gastan más de lo que ingresan. El resultado es previsible.
Quizás sea tiempo de cambiar el orden de los factores. Es momento de la responsabilidad tanto de candidatos y partidos como de los ciudadanos. Antes de discutir los nombres y los perfiles, deberíamos de estar discutiendo qué es lo que se necesita cambiar en cada uno de los Ayuntamientos. Es fundamental hacer discusiones técnicas, desapasionadas, sin tintes partidistas, sin buscar revanchas, con datos duros, con estadísticas y con las leyes en la mano.
Sin una hoja de ruta clara, sin un plan de gobierno profesional y sin un equipo de expertos solventes técnica y moralmente, todas las administraciones están condenadas a fracasar sin importar el partido que las postule ni el nombre de la mujer o el hombre que las encabece.
Es importante darle continuidad a los programas que han demostrado su eficacia. Mantener y seguir capacitando a un cuerpo civil de servidores que son los que al final de cuentas sacan el trabajo y son los que tienen la experiencia de gobierno. No podemos descubrir el hilo negro cada tres años. El costo de la curva de aprendizaje es muy caro para los municipios.
La administración pública es cada día más compleja y no puede dejarse en manos de aficionados o de aprendices. Antes de discutir promesas, discutamos presupuestos; antes de elegir slogans, elijamos proyectos; antes de llenar las ciudades de propaganda inútil, llenemos los foros con propuestas viables, sensatas y sostenibles.
México y Guerrero necesitan más profesionales y menos recomendados; más técnicos y menos grillos; más política pública y menos politiquería. Los desafíos del futuro son muchos y no podemos seguir dejando nuestro destino en manos de improvisados, de advenedizos, de propagandistas del Facebook y de estrategas de café.

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