Ana Cecilia Terrazas
Octubre 18, 2025
Intuitivamente, las personas adultas sentimos que gritar es una forma expresiva que trastoca el espacio vital para llamar de manera sonora, de manera contundente, a otra persona. El grito generalmente se asocia a una solicitud de auxilio, emergencia, susto, desesperación o sorpresa. Gritar libera energía, estimula la circulación sanguínea, produce adrenalina y acelera el ritmo cardiaco. De hecho, lo primero que ocurre cuando nace la mayoría de los seres humanos es que, para respirar lloran, gritan.
No obstante, como gritar es transgresor, según dijimos anteriormente, porque se impone en el paisaje sonoro de los presentes, esto es quizá lo primero que se reprime en las infancias: “no grites, ssh, cállate, no se grita, más quedito”. En sentido estricto, quien educa acotando los gritos de sus hijos no busca traumatizarlos ni disminuir su capacidad torácica, sino enseñarles a respetar los espacios públicos sin molestar los oídos de las demás personas.
La educación de la voz de, prácticamente todo el mundo, queda atropellada, cercada y delimitada por la imposibilidad de un grito en el que, si se hace bien y con técnica adecuada, empuja todo el aire tomado, desde el diafragma, con el soporte abdominal, para aventar y sacar la voz sin tensión en cuello o garganta liberando el pecho, las emociones atrapadas, los flujos de aire hechos voz chiquita, amedrentada, que al final de cuentas quedan interrumpidos o atorados en el organismo durante toda la vida.
Lo anterior dio pie a la gritoterapia o terapia primal o primordial, estudiada en los años setenta por un psicólogo y escritor estadunidense, Arthur Janov, quien aseguraba que una forma eficiente de liberar los traumas reprimidos durante la infancia, obviamente, consistía en recuperar ese grito primordial; sin entrar en detalles, sugería gritar.
La gran mayoría de las personas profesionales dedicadas a la enseñanza del canto, a la educación vocal o canora, utiliza diversas estrategias y métodos para encaminar a la voz sin dejarla que se vea obstruida. Hay quien utiliza el método Linklater –sobre todo quienes estudian actuación combinada con canto– para desinhibir esa voz acorralada y poder conectarla bien, abrir los canales y de paso fortalecer voz, cuerpo y mente. Otro método para cantar, gritar, hablar en público o proyectar la voz es la técnica Alexander.
Es tan socorrido el tema del grito, y tan importante por obvio que parezca, que el artista sonoro y radioasta Gregory Whitehead tuvo momentos de gloria con su experimento Pressures of the Unspeakable* cuya traducción al español puede ser Presiones de lo indecible. La obra sonora mencionada, transmitida en 1991 en la radio nacional australiana, se apoyaba en el gritopaisaje o screamscape, investigado por el instituto especializado en ese género en particular y por el doctor iniciado en las evaluaciones del grito. La obra logró convocar a las audiencias a que gritaran, hablaran sobre el grito y se hiciera una entrevista con el doctor Whitehead. El experimento, montaje radiofónico, se ha repetido con gran éxito en diversas radios de distintos países, siempre provocando azoro y generando conversación**.
Gritar es una forma de resistencia, de convocatoria, de salirse de los decibeles de lo regular. En México, a la celebración patria por excelencia, cuando se conmemora haber dejado de ser parte de otra nación para comenzar un camino propio, el 15 de septiembre, se le llama la “ceremonia del Grito”.
El pasado grito patrio, fue el primer grito en más de dos siglos dado por una mujer. Fue impecable y salió magnífico. Lleno de señales y símbolos que deliberadamente lograron destronar el grito patriarcal. Llamó la atención de quien esto escribe la columna de un escritor partidista, ideologizado, que lamentaba no se hubiera mencionado en periódicos nacionales lo bien que le había salido toda la ceremonia del Grito a la presidenta Claudia Sheinbaum. No se sabe con claridad cuántas notas favorables hubo al respecto; apena, sin embargo, que al igual que la población, la prensa está tan polarizada y sujeta a ser valorada solamente como amiga o enemiga y nunca neutral ni apartidista –como considero debe de ser–, que en cuanto se toca algún tema concerniente al poder, al gobierno federal en turno, el tema pasa a segundo plano y se descalifica o califica a quien lo escribe. Por lo pronto, como recomendación personal, aunque sea de vez en cuando, digo a quien esto lea: grita.
*https://gregorywhitehead.net/2012/10/29/pressures-of-the-unspeakable/
**https://gregorywhitehead.net/2012/10/29/pressures-of-the-unspeakable/
@anterrazas