Abelardo Martín M.
Junio 23, 2026
Evitar ser atraído por el Mundial de futbol es una tarea imposible, aunque de náusea o asco enterarse de las corruptelas, transas y todo tipo de maniobras para engrandecer, como ha ocurrido, un negocio mundial que coloca a la FIFA, con su presidente Gianni Infantino, como una de las transnacionales más poderosas económica y políticamente, del mundo.
Sus 211 asociaciones nacionales que la integran y sus filiales (Concacaf, UEFA, Conmebol, y sus Confederaciones en África, Asia y Oceanía) y con 17 países más que la ONU, han establecido un entramado económico y político que anulan gobierno y controla países sin necesidad de padecer modelos electorales ni democráticos.
Transcurridas escasas dos semanas del mundial, ha crecido la esperanza de que México se coloque como actor importante en el evento, más allá de ser la tercera sede junto con Estados Unidos y Canadá, lo que ha obligado a reagendar calendarios y actividades para facilitar que los millones de mexicanos aficionados a este deporte, le dediquen la atención suficiente para que se mantenga el negocio. Hay quienes incluso albergan el sueño de que México, por un milagro genuino, llegará a los octavos, cuartos y semifinales y tratar de tú a tú a las potencias futbolísticas mundiales.
Las batallas futbolísticas no logran, sin embargo, cubrir u opacar el mundo real que se vive en la actualidad, y al que ahora nos referiremos.
Se dice que en las guerras es relativamente sencillo ubicar donde y como empezaron las hostilidades, de dónde provino el primer disparo; pero lo que nunca se sabe es cuándo y cómo terminará un conflicto. Así ha ocurrido con la guerra en Irán, país al que Estados Unidos atacó desde el año pasado, y en febrero, hace cuatro meses, bombardeó y causó la muerte de su líder supremo, el viejo ayatolá Alí Jameneí. A la visión optimista del presidente norteamericano Donald Trump, de que el descabezamiento del régimen iraní y la destrucción de su infraestructura haría caer al gobierno en cuestión de días o semanas, siguió una prolongada crisis cuya consecuencia fue el cierre del estrecho de Ormuz, por donde se desplaza más del veinte por ciento del petróleo que consume el planeta. Con ello, la amenaza del desabasto de combustibles y la subida de precios causó estragos en la economía internacional, incluida la norteamericana, y obligó al anciano magnate a intentar negociar la paz.
Junto al festejo de su cumpleaños número ochenta, Trump anunció un presunto acuerdo de paz, en realidad un memorándum de entendimiento entre las naciones enfrentadas, con la mediación de Pakistán y otros gobiernos, que en el momento de entrar en vigor hizo agua o se volvió humo porque, el tercero en discordia Israel, nación a la que se le ha atribuido ser la real promotora de la guerra, continuó sus ataques a la guerrilla Hezbolá, presumiblemente asentada en Líbano, y con ello echó por tierra el esperado y frágil arreglo.
Entretanto, con graves daños a su planta productiva y de comunicaciones, Irán obtuvo ventajas impensadas a cambio de liberar el estrecho de Ormuz y reanudar con ello el amenazado comercio de hidrocarburos. La principal de ellas, recuperar los fondos embargados por Estados Unidos desde hace años en instituciones bancarias de todo el orbe. Los expertos no se ponen de acuerdo en la suma total en juego pero se habla de cantidades que oscilan entre 24 y 45 mil millones de dólares además de la creación de un fondo de 300 mil millones de dólares para reponer la infraestructura productiva iraní dañada en los pasados meses.
Pero Israel ha echado a perder el pacto, ahora está de nuevo bloqueado Ormuz y la situación se mantiene en la incertidumbre, como ha ocurrido también en la invasión rusa a Ucrania, de la que ya se han cumplido cuatro años y cuatro meses, donde igualmente el gobierno de Moscú supuso que en pocas semanas haría capitular al gobierno ucraniano. Lo que ha seguido es una guerra que implica el desgaste de ambas naciones y el costo de miles de muertos y heridos, además de los incontables daños materiales de ambos lados. Por lo pronto el señor Trump, entrampado en los conflictos que no acaba de resolver, amenaza con intensificar la rispidez de la relación que tiene con el gobierno mexicano. La semana anterior volvió a referirse de manera despectiva a la presidenta Claudia Sheinbaum y a nuestro país, éste controlado según él por los cárteles y aquélla asustada por la situación.
La estrategia del gobierno de Sheinbaum ha sido evitar provocaciones del gobernante vecino, mientras se refuerzan y fortalecen los lazos con otros centros de poder político y económico, en particular la Unión Europea, con quien se renovó y actualizó recientemente el Tratado de Libre Comercio. En esa misma ruta, un episodio simbólico pero lleno de significado luego de varios años de alejamiento con España, será la visita que en esta semana hará el jefe de Estado y Rey de esa nación a territorio mexicano con motivo de un partido de futbol de la selección ibérica en Guadalajara. La reunión prevista del monarca con la mandataria mexicana se efectuará en una escala en la Ciudad de México y permitirá dejar atrás los desencuentros, aunque difícilmente se olvidarán los agravios.
Entretanto, el escenario en el sur del continente se complica por una mayor polarización de las fuerzas políticas, que ha dado como resultados historias coincidentes: elecciones prácticamente empatadas en Perú y en Colombia, luego de llevarse a cabo en ambos una segunda vuelta, en el caso peruano hace dos semanas y en el colombiano el pasado fin de semana. En ambos procesos, los candidatos de derecha, Keiko Fujimori en la nación andina, y Abelardo de la Espriella, en Colombia, tienen una muy precaria delantera, que en el caso de Perú ha dado lugar a protestas e inconformidades, fenómeno que seguramente se repetirá en suelo colombiano.
Mientras todo esto ocurre, en Guerrero el foco ya está puesto en la elección del año próximo, donde además de elegir nuevos diputados federales y locales así como presidentes municipales, habrá de renovarse la gubernatura. Por ello llamó la atención en días pasados la asistencia a Chilpancingo de la dirigencia nacional de Morena, movimiento que tiene la mayor intención de voto en el estado, para reunirse con diez de sus figuras políticas que tienen interés en competir por la candidatura al gobierno estatal, entre ellas Félix Salgado Macedonio, padre de la actual gobernadora, y quien no acaba de renunciar a sus aspiraciones ni su partido a ignorarlo, pese a que los estatutos internos lo prohíben. Por lo pronto la convocatoria oficial de Morena ya se ha publicado, y el registro de los aspirantes se llevará a cabo este martes, en la ciudad de México, tal vez para prevenir desaguisados por el desbordamiento de las huestes de los involucrados.
Desde Irán a Chilpancingo, en realidad en la percepción de la gente todo esto se trata de cuestiones menores. La atención está puesta en los partidos de futbol y el desarrollo de la copa mundial. Nada se compara con la euforia popular desde el primer partido de la selección mexicana, que luego estalló con el segundo encuentro que aseguró la calificación a la siguiente ronda. Y nada más parece importar.