EL-SUR

Miércoles 28 de Septiembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Guerrero en vilo

Héctor Manuel Popoca Boone

Octubre 24, 2015

 

Lo dicho por el presidente municipal de Acapulco, sobre la conveniencia de establecer un fascista “toque de queda” en la principal ciudad y puerto turístico de Guerrero, fue una desmesura de la que afortunadamente se retractó. No así su decir, sobre la balacera acaecida a un lado de donde estaba el gobernador electo cenando con su esposa. A saber, “fue un hecho aislado”. Dicha declaración refleja lo distanciado que pueden estar algunos gobernantes de la realidad social en que actúan.
Quedó incompleta la convocatoria del primer edil, Evodio Velázquez, para realizar una cruzada contra la violencia y la delincuencia. Fue hecha a las organizaciones civiles pudientes, sin invitar a la “prole”. Es decir, hubo ausencia en la reunión inicial de dirigentes sociales que habitan o trabajan en las colonias populares y en los cinturones de miseria suburbanos, donde con mayor crudeza e intensidad se da el dominio sangriento de los sicarios. No debemos apostar a fortalecer una sociedad segmentada y discriminativa, sobre todo en época de crisis.
Desde cualquier punto de vista, lamentables fueron los hechos violentos de los que fue testigo el gobernador electo, Héctor Astudillo Flores, la infausta noche del pasado 17 de octubre. Como bien lo dice él, “Viví de manera directa lo que mucha gente de Guerrero ha padecido…”. Menester es tener en cuenta este tipo de experiencias cotidianas de los ciudadanos. La cavilación sobre ese suceso, en el marco de la crisis por la que pasamos, habrá de permear todas las acciones de su equipo de trabajo, tendientes a conquistar una verdadera seguridad pública, una imparcial y expedita procuración de justicia y un irrestricto respeto a los derechos humanos.
Fue tremendo el desafío de la delincuencia organizada a los aparatos policiacos y militares, que tienen a su cargo el patrullaje de la avenida turística más concurrida de Acapulco. La violencia imperante y las guaridas de sicarios en colonias como La Laja, Progreso, Jardín, El Coloso, El Cayaco, La Zapata, Ciudad Renacimiento, etc., impelen a conjeturar que volverá a ocurrir este fenómeno criminal en un futuro próximo, de seguir las cosas como están.
La ciudadanía guerrerense está inerme y lo que no haga por sí misma, complementaria y coordinadamente con el gobierno, no tendrá la eficacia esperada para el logro permanente de una paz ciudadana. Véase si no, en la fuga de El Chapo Guzmán. Quedó evidenciado que las estructuras gubernamentales fueron infiltradas hasta en los altos niveles de las autoridades federales.
No es inútil insistir, como lo declara el espacio colectivo social, Guerrero es primero (GP), que desde la ciudadanía debe fincarse, a través de un verdadero diálogo sin imposiciones, la búsqueda de respuestas y alternativas, pacíficas y no revanchistas; echando mano de procesos que no sean verticales ni autoritarios, que respeten la pluralidad de ideas y propuestas, para que éstas sean incluyentes y proactivas, buscando siempre la colaboración solidaria de terceros, que generen las condiciones y circunstancias propicias para el progreso social, la democracia y la paz duradera. Hoy más que nunca debemos escucharnos y reconocernos, manifiesta GP. Necesitamos ampliar los horizontes de cada persona y de cada organización civil. Aperturar las agendas y proyectos particulares, para encontrarnos en la elaboración de una agenda consensuada y precisa en la que podamos hacer causa común ante la cotidiana violación de los derechos humanos, el colapso del sistema de justicia, la corrupción y la impunidad. Flagelos sociales que son crónicos y estructurales en Guerrero.
Empecemos sin dilación con las perentorias transformaciones de fondo que necesita Guerrero, al exigir toda la verdad de lo acontecido en Iguala el 26-27 de septiembre de 2014 y el castigo ejemplar a todos los responsables de todos los niveles. La inmediata liberación de Nestora Salgado y demás luchadores sociales encarcelados injustificadamente. Demandemos la pronta identificación y castigo a los asesinos de Norma Mesino y Antonio Vivar Díaz, entre varios más.