Esthela Damián Peralta
Enero 13, 2026
El viernes pasado estuve en Acapulco como parte de mis funciones como Consejera Jurídica. Participé en el gabinete de seguridad que encabeza la Presidenta Claudia Sheinbaum, junto con distintas dependencias del gobierno federal. Se trató de una jornada de trabajo entre otras cosas para la coordinación institucional y de análisis sobre uno de los temas que más preocupan y ocupan a la vida pública del país.
Este encuentro forma parte de una gira que la Presidenta ha establecido para acudir a los estados y trabajar directamente el tema de seguridad con las y los gobernadores. Hay algo profundamente político en esta forma de gobernar: salir de la capital para recorrer el territorio y acercarnos a las autoridades locales para asumir que la seguridad no se resuelve con recetas únicas ni con discursos a distancia, sino que se construye escuchando, coordinando y tomando decisiones conjuntas para el beneficio de todas y todos los mexicanos.
En esta ocasión, visitando mi estado, me dio mucho gusto saludar a la gobernadora Evelyn Salgado Pineda. Guerrero es un estado complejo, profundamente diverso y marcado por una historia de lucha que exige sensibilidad, firmeza y compromiso real. Gobernar Guerrero no es sencillo, y por eso resulta tan importante que la coordinación entre los distintos niveles de gobierno sea cercana y permanente, a fin de lograr resultados.
Por supuesto que resulta sumamente gratificante visitar mi bello y gran estado. Estar en mi tierra, es siempre un privilegio. Hay algo que no se puede explicar del todo con palabras: la forma en que el sol acaricia la piel y en que el aire nos roza las mejillas, los saludos de la gente, el tono cálido de las conversaciones, el reconocimiento inmediato entre paisanos. Para mí estar en mi bella y buena tierra es reencontrarme con mi raíz, siempre con los pies en la tierra. Pienso que he logrado tener una mirada más amplia; con la misma esencia, pero con la experiencia que dan los caminos andados.
Y claro, están los sabores que guardan memoria: la torta de relleno, el chilate, los dulces tradicionales y el agua de coco que exigen ser disfrutados con el sentido del gusto conectado a las emociones. Los colores y sabores de mi Guerrero son parte de una identidad que se lleva puesta y que me acompaña incluso desde una responsabilidad nacional. Son recordatorios de mi origen, de mi historia y de mi motivación para trabajar por un mejor país.
Regresar a Guerrero en este momento también significa hacerlo plenamente consciente de lo que implica la responsabilidad de formar parte del gabinete presidencial. La encomienda que me ha dado la Presidenta Claudia Sheinbaum exige concentración, energía y una entrega permanente. Hay un cúmulo de tareas que no admiten improvisación ni descanso, es por eso que toda mi concentración debe estar en ello, pues este nuevo espacio exige rigor jurídico, claridad política y una profunda lealtad al proyecto de transformación.
Y, sin embargo, más allá de alejarme de mis raíces, esta responsabilidad las vuelve más presentes. Me siento siempre orgullosa de mi origen, de la historia de lucha de mi pueblo y mi gente, de una tierra marcada por la izquierda, por la organización social y por una dignidad que no se negocia. Orgullosa de mi familia, de mi universidad, de mis maestras y maestros, de mis amigas y amigos que han construido mi camino hasta este lugar. Todo eso transita conmigo cuando tomo decisiones y cuando defiendo, desde el ámbito jurídico, el marco normativo que sostiene nuestro actuar como gobierno de México.
Durante esta breve pero significativa visita recordé una canción que desde pequeña ronda en mi cabeza, diría que como banda sonora de mi vida: “Guerrero es una cajita pintada en Olinalá, abre pronto la cajita, ábrela pronto, ábrela”. Nuestro estado es exactamente eso: una cajita llena de colores, de héroes y heroínas patrios, de heridas abiertas y de una fuerza colectiva que resiste. Abrirla implica mirarla completa, sin negar los problemas, pero tampoco olvidar su grandeza ni su potencial.
Estoy de regreso a la Ciudad de México para seguir con el trabajo que la Presidenta Sheinbaum nos ha encomendado, pero con esa imagen muy presente de mi estado. Gobernar también es saber que la responsabilidad solo tiene sentido cuando se ejerce con memoria, con raíz y con un profundo respeto por la gente a la que nos debemos. Estar en Guerrero trabajando me recordó que hay compromisos que no se rompen con el tiempo ni con la distancia, y que servir, desde donde la vida nos coloque, es también la forma más sencilla y sensible de volver a casa.
Nos leemos el próximo martes.
@EsthelaDamian