Silber Meza
Enero 18, 2025
DE NORTE A SUR
Silber Meza
Advierto desde estas primeras líneas que no tengo la respuesta al titular de esta columna: “Guerrero y Sinaloa, ¿dos triunfos de Harfuch?”, sin embargo, sí pretendo ofrecer escenarios que nos ayuden a comprender lo que sucede hoy en México en materia de seguridad.
El país, como lo he apuntado en columnas pasadas, ya no aguantaba más. La política de brazos caídos o de brazos cruzados que eligió el presidente Andrés Manuel López Obrador generó un retroceso enorme del Estado frente a los grupos criminales organizados, un aumento meteórico de la extorsión y una baja apenas perceptible de los homicidios dolosos. La idea era no molestarlos para que los grupos delictivos se arreglaran entre sí y no mover el avispero para no generar más molestia. Fue una especie de política inversa a la que hizo Felipe Calderón, que se basó en atacar a lo bruto a los cárteles sin conocerlos en realidad.
Pero aunque la estrategia de Calderón fue errada –y lo he dicho hasta el cansancio–, el país no necesitaba únicamente hacer lo contrario. No era tan sencillo como eso, no se trataba de hacer las cosas al revés de como las hizo el panista. Se trataba de hacer algo distinto, de no cometer los mismos errores y de dar resultados reales.
Veamos los perfiles. Calderón colocó en seguridad a Genaro García Luna, un policía no muy brillante formado en las corporaciones federales que se alió a Estados Unidos y quiso revolucionar a México en materia de seguridad. El problema principal es que también se alió al crimen, se corrompió quién sabe desde cuándo, y al final llevó una batalla criminal que benefició a uno de los bandos: el Cártel de Sinaloa. Y había quienes lo justificaban con el falso argumento de que a uno tenías que beneficiar, y era al menos violento. Ahora que García Luna está encarcelado en Estados Unidos, el mismo país que lo premió, ya nadie lo justifica.
Enrique Peña Nieto se dedicó a administrar el caos y seguir la inercia. Metió a la Policía Federal a la Secretaría de Gobernación y le dejó el manejo político a Miguel Ángel Osorio Chong.
López Obrador creó y empoderó a la Guardia Nacional. Se refugió en los militares como si fuese un decepcionado de los civiles. Parece que sólo les dio una tarea: hagan lo contrario a lo que hizo Calderón. Entonces, se cruzaron de brazos y vieron pasar el incendio. Periodistas demostramos con datos duros que en los lugares donde se instalaron los cuarteles de la Guardia no cambiaron los índices delictivos, es decir, la presencia de la corporación no influía ni en positivo ni en negativo.
Ahora con Claudia Sheinbaum las cosas se ven diferentes. Es muy temprano para decir si es mejor, peor o la misma cosa, pero sí hay modificaciones en la estrategia, aunque ni Claudia ni el secretario de seguridad federal, Omar García Harfuch, lo quieren aceptar. El ataque directo, la inteligencia aplicada, la cacería de malhechores y la comunicación de logros es lo más notorio.
Y justo ayer, en la conferencia mañanera de la presidenta Sheinbaum, se presumieron dos datos en seguridad: que en Guerrero había disminuido 15.7 por ciento el delito de homicidio de septiembre a diciembre de 2024, y que en Acapulco el bajón había sido de 50.1 por ciento.
Esto recuerda al anuncio de hace unos días, en el que se afirmó que en Culiacán los asesinatos también bajaron en 35 por ciento, en plena batalla entre las facciones de Los Chapitos y La Mayiza.
García Harfuch afirma que esto se debe a la acción de las autoridades coordinadas por él. Y suelta una serie de números que se escuchan espectaculares y abultados sobre detenciones de objetivos prioritarios, generadores de violencia, armas, granadas, vehículos blindados, abatimientos, precursores químicos, narcolaboratorios, etcétera.
Lo que he visto como periodista me permite afirmar que la violencia realmente no la determina la autoridad, sino los grupos delictivos. Cuando inician una pugna crecen los homicidios, cuando se arreglan o alguien gana descienden. Pero tal vez, sólo tal vez, las cosas sean diferentes hoy en día. Quizá García Harfuch aprendió de los malos gobiernos pasados y trató de sumar los aciertos y de no repetir los errores. Él, como policía de carrera, sabe perfectamente de la historia mexicana en materia de seguridad.
Lo malo de afirmar que cuando bajan los homicidios es por la buena labor oficial, es que también nos lleva a la conclusión contraria: que cuando suben es por la mala labor de la autoridad.
Por lo pronto hay resultados incipientes. Veremos qué sucede al corte del primer semestre y del primer año.