Aurelio Pelaez
Julio 25, 2006
Qué quieres, así es Acapulco. Temprano necesitas salir a deshacerte de la basura. Los botes comunes ya están llenos. Hace dos días que no pasa el camión y ni modo, dejas la bolsa a un costado, procurando que no te vean los vecinos. Ya está, nadie te vio, pero sales a la calle con un dejo de culpabilidad.
Es sábado, tomas tu auto para ir a encontrarte con los cuates en el bar de los sábados. La marcha hacia el centro de la ciudad es lenta, por que vas esquivando no sólo los baches comunes, sino los que aparecieron con la lluvia de anoche. Tu rumbo, la calzada de Pie de la Cuesta. Decides tomar la Costera y te encuentras en medio del tránsito vehicular. No recordabas que comenzaron los trabajos para construir un puente y está cerrada la Vía Rápida. Quedas encerrado en medio de conductores malhumorados que quieren obras pero que no les duela.
Lo de las molestias lo entiendes, como también comprendes que llevas una semana sin agua potable porque seguramente la CAPAMA está surtiendo primero a los hoteles y restaurantes en esta temporada vacacional de verano.
En el camino sigues esquivando más baches y los agentes de Tránsito andan pidiendo a gritos que alguien les enseñe como organizar el tráfico, porque los semáforos andan descoordinados de la gente y de los conductores. Y el caso es que todavía ni comienzan las clases. A ver cómo nos toca.
En el tránsito se te empareja un auto negro y con vidrios polarizados. Ni voltear a verlos, no vayan a ser los malosos que tienen que ver con levantones y ejecutados. En el cielo oyes el ruido de las hélices de un helicóptero policiaco que anda patrullando la ciudad. Vuela bajito. Un compañero te dijo ayer que elementos del Ejército instalaron un misterioso dispositivo de seguridad por su casa. Ni para salir, no se vaya a soltar un tiro.
Sales del tráfico de la zona de Cuauhtémoc hacia Costera. Más tráfico. Por la avenida, una gran cantidad de camiones turísticos estacionados, casi casas rodantes que lo mismo sirven de vestidores que de restaurantes. Turismo popular, le llaman. Con que haya, dices, reconciliándote con los visitantes.
En el bar te encuentras con un amigo en la barra. Sacado de onda el amigo porque lo asaltaron en plena calle la noche anterior. Por la misma calle del centro por donde camina habitualmente. Dos vagos lo abordan, uno le pone el cuchillo en el cuello y otro le saca la cartera y huyen tranquilamente en un taxi. Ningún policía a su alrededor.
Ya caminar de noche por la ciudad no va a ser lo mismo, dice, haciendo un recuento de todas las cosas terribles que han pasado en los últimos meses en este Acapulco. Su Acapulco. Se necesita paciencia para seguir creyendo en él y queriéndolo. Paciencia.