EL-SUR

Viernes 21 de Junio de 2024

Guerrero, México

Opinión

Había una vez un mayordomo

Adán Ramírez Serret

Octubre 05, 2018

El espacio, el mundo de la ficción siempre me ha resultado fascinante. Ese lugar en común que los seres humanos hemos habitado en algún momento de nuestra vida. Se trata de un mundo al cual fuimos muy cercanos de niños, al grado que era casi imposible vivir fuera de él. Así, cualquier calle, parque o habitación era invadida por este otro mundo imaginario, y en lugar de observar el aquí o el ahora, cualquiera de estos sitios se transformaba en un campo de batalla, en una nave espacial o en un estadio de futbol, repleto a reventar, sediento por lo que nos sucediera a nosotros o a nuestros compañeros de juegos.
Siempre he pensado que los seres humanos nacemos con una mente más proclive a lo imaginario que a lo real; sin embargo, por el propio paso de los años y por la obvia necesidad de vivir, vamos dejando atrás un mundo encantado en donde todo se transformaba a mundos fantásticos de un momento a otro, y en donde cualquier cosa tenía vida. Ya fuera una piedra, una tarde o un pensamiento.
Hay personajes de la literatura para quienes salir de este mundo es imposible, pensamos sin duda en Peter Pan, El Barón Rampante, de Ítalo Calvino, y, por supuesto, en uno que se enamoró tanto de la literatura, de las historias y la ficción, que luego ya no pudo salir de ellas. Me refiero a Don Quijote, claro.
La literatura occidental de los últimos años se ha visto acaparada, por decirlo de alguna forma, por extraordinarios escritores que ya no escriben ficción, sino que todo lo que sucede en sus libros, es estrictamente real. Por tan sólo citar algunos pensemos en Emmanuel Carrère, Karl Ove Knausgard o Javier Cercas, a quienes me refiero de manera constante en esta columna.
Sin embargo, persisten muchos autores quienes continúan escribiendo una ficción deslumbrante. Libros situados a tal grado en el terreno de la imaginación que la realidad en la que se sitúan recuerda más otros libros que el mundo que se despliega ante nuestros ojos.
Ahora pienso en el joven escritor canadiense Patrick deWitt (Isla de Vancouver, 1975) cuya más reciente, y tercera, novela publicada en español, es un despliegue de fantasía y extrañeza.
El submayordomo Minor comienza en los montes nevados de Austria con un joven introspectivo y solitario con un nombre más bien femenino, Lucy. Lo cual ni para él ni para su mundo, significa mucho. Vive una vida anodina en un pequeño y aburrido pueblo que intuimos puede ser de mediados del siglo XIX. Sin embargo, una cierta desgracia lo agobia, una tristeza que no tardamos en descubrir se debe a que la chica de quien está enamorado, luego de haber mantenido un pequeño romance con él, lo ha cambiado por un tipo más corpulento y fanfarrón. Lucy intenta arruinarles la vida con algunas terribles mentiras y luego decide que debe partir del pueblo y buscar su destino en otra parte.
Así, con una ambigua oferta de trabajo, Lucy emprende un viaje hacia un lejano castillo en donde puede ser mayordomo de un excéntrico barón.
El viaje en tren, la nieve, las montañas, los viajeros y los bandidos comienzan a ser una atmósfera en donde el lector se involucra en un espacio en donde todo es un tanto absurdo y melancólico. Cuando llega al pueblo, en el camino al castillo, se encuentra con unos soldados que hacen la guerra, no se sabe bien ni cuál es la razón de ésta ni contra quien pelean, sino que tan sólo luchan para mantener a salvo al pueblo.
El castillo es un edificio decadente en donde el amo de llaves lo único que hace es beber té, la cocinera preparar platillos asquerosos y el barón deambular por los pasillos, demente, tragando ratas y loco de amor por la baronesa que lo abandonó.
En una de sus excursiones al pueblo, Lucy se encuentra con los bandidos del tren y con la hermana de ellos que es perfecta de una forma extraordinaria. No tarda en caer enamorado de ella y en poco tiempo volver a sentirse desgraciado y solo. Este es solamente el principio de esta novela que a través de giros y más giros, es cada vez más deslumbrante.
El submayordomo Minor de Patric deWitt es un viaje a una especie de cuento de hadas, en el cual, naturalmente, lo más importante es la búsqueda de la felicidad en un mundo inverso. Quizá la ficción, demuestra no sólo todas las vidas posibles de un ser humano, sino también todas las versiones posibles de este mundo, en donde, de una manera paradójica, nuestros problemas serían siempre los mismos.
(Patrick deWitt, El submayordomo Minor, Barcelona, Anagrama, 2018. 373 páginas).