EL-SUR

Sábado 01 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Hábitat III

Octavio Klimek Alcaraz

Octubre 15, 2016

Líderes de todo el mundo se darán cita del 17 al 20 de octubre en Quito, Ecuador. En dicha ciudad se celebrará Hábitat III, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Vivienda y Desarrollo Urbano Sostenible.
La III Conferencia Hábitat sucede a Hábitat II, que tuvo lugar en Estambul, en 1996, y a Hábitat I en 1976 en la ciudad de Vancouver, Canadá (esta gran conferencia internacional tiene lugar cada 20 años).
El lema de Hábitat III es alcanzar Un nuevo paradigma urbano y aplicar el Objetivo nº 11 de la Agenda 2030 sobre Desarrollo Sostenible, de Addis Abeba, que se plantea: “Hacer ciudades y asentamientos humanos inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles”.
La Conferencia es básicamente un análisis de cómo ha funcionado la urbanización en los 20 últimos años y definir cuál será el rumbo de los próximos 20. En la Conferencia se aprobará la Nueva Agenda Urbana y se reforzará el compromiso global a favor del desarrollo sostenible. La Nueva Agenda Urbana, denominada también Declaración de Quito sobre ciudades y asentamientos humanos sostenibles para todos, en su documento borrador de 175 puntos se concibe como una guía directriz destinada a orientar los esfuerzos en materia de desarrollo de las ciudades para los próximos 20 años. Siendo la base para el desarrollo de políticas y estrategias que se extenderán e impactarán a largo plazo (https://www2.habitat3.org/bitcache/97ced11dcecef85d41f74043195e5472836f6291?vid=588897&disposition=inline&op=view)
Esto no es cosa menor, ya que el siglo XXI es y será el siglo de las ciudades: los espacios urbanos se están convirtiendo en la forma central de organización de casi todas las sociedades humanas. Cuatro mil millones de personas es el estimado de la población mundial que vive actualmente en las ciudades. El 54.5 por ciento de todos los habitantes del planeta. Para 2050, la población de todas las ciudades del mundo podría incrementarse a 6 mil 500 millones de personas. Y con ellas, las infraestructuras urbanas. Entonces, aproximadamente dos tercios de la humanidad vivirá en ciudades, la mayoría de ellos en los barrios pobres. Esto dice el nuevo Informe La mudanza de la humanidad: La fuerza transformadora de las ciudades realizado por el Consejo Consultivo Científico Alemán para el Cambio Global (http://www.wbgu.de/hauptgutachten/hg-2016-urbanisierung/).
Con esa perspectiva de crecimiento poblacional, en los próximos años se presentarán múltiples desafíos en el desarrollo urbano desde el transporte, el impacto ambiental, la economía, la cultura. Los desafíos de una vivienda digna, de infraestructura y servicios básicos. Las necesidades de salud, educación y trabajo. Agréguese, el cambio global expresado en el cambio climático, la escasez de recursos naturales, la disparidad social y la expulsión masiva de seres humanos de sus lugares de origen.
Sin embargo, hay que reconocer que la urbanización en los últimos 20 años ha visto decaer la urbanización planificada, como resultado de dicha aceleración del crecimiento de las ciudades y la incapacidad de muchos gobiernos de anticipar la planificación urbana a todos estos enormes retos.
El Consejo Consultivo Científico Alemán propone en contra del actual crecimiento de la aglomeración continua debe darse lugar a una amplia perspectiva policéntrica. Esto último implica, dicho en una frase, la creación de numerosos núcleos interconectados de todos los órdenes de magnitud, donde las prestaciones genéricas de la ciudad puedan ser unificadas con una densidad crítica. Así pone de ejemplo de visión policéntrica a la Cuenca del Ruhr en Alemania, la Emilia Romagna en Italia, el área de la Bahía de San Francisco en Estados Unidos, Randstad en los Países Bajos, el Delta del Río de las Perlas (Guangzhou) en China o la región metropolitana Lima/Callao en Perú.
Habrá que ver cuánto se avanza en esa dirección de la visión del policentrismo, que también indica el borrador de la nueva agenda urbana.
La delegación de México, lleva como su carta de presentación la nueva Ley General de Asentamientos Humanos, Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano, que en un proceso de un par de semanas fue aprobada por las cámaras de diputados y senadores, y que será próximamente promulgada. Así se legisló sobre las rodillas literalmente para que el gobierno federal anunciará su novedad en la Hábitat III.
La nueva ley a nuestro juicio se ha quedado corta en lo que requiere el país y deberá pronto ser sujeta a diversas reformas ante sus deficiencias. Esto va más allá de problemas de conceptos y de redacción. En temas como cambio climático no queda debidamente armonizada, por ejemplo, con los instrumentos de planeación de la política nacional de cambio climático. Dicha armonización debe darse también con instrumentos de política ambiental como los ordenamientos ecológicos del territorio y los atlas de riesgo. La nueva ley debe fortalecerse para que promueva una planeación y ordenamiento del territorio con criterios de sustentabilidad ambiental. En general se puede decir, que no existe un vínculo claro que permita alinear la política nacional de ordenamiento urbano, territorial y ecológico en tiempos del cambio climático. Aún y cuando existen avances sobre los instrumentos de planeación urbana, estos avances se encuentran desconectados de los instrumentos actuales de planeación territorial y ecológica. Esto sin duda atenta contra la planeación del territorio y agrava el desarrollo urbano y rural sustentable si no se atiende debidamente.
Asimismo, existe el riesgo de que se convierta en un instrumento para legitimar el despojo de tierras ejidales y comunales, la propiedad social, la gran reserva de tierras en torno a muchas ciudades de México. Un asunto delicado, ya que la nueva ley tiene facultades, que estarán por encima de la toma de decisiones de las asambleas ejidales y comunales, pues bajo el concepto de área urbanizable, las tierras parceladas serán susceptibles ahora de todo tipo de desarrollo urbano. No existen las salvaguardas mínimas para que no suceda que terrenos de propiedad social cambien a propiedad de los especuladores urbanos. Esto en contra de la actual legislación agraria, que señala que tratándose de tierras ejidales y comunales se estará a lo dispuesto en ella. En dicho propósito, no se garantiza la consulta a pueblos indígenas en procesos en donde se vean afectados sus tierras.
Se observa en la nueva ley, una visión de participación ciudadana restringida tanto en el Consejo Nacional de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano como en los correspondientes consejos locales. Los consejeros sólo participan en la etapa de planeación, pero no tiene un rol activo en el seguimiento de la aplicación de los planes de desarrollo urbano. Más aún, queda a la discrecionalidad gubernamental en los mecanismos de selección y representación de los consejeros, así como su temporalidad en el cargo. Esto deja en duda su nivel de autonomía, capacidad técnica y representatividad de las diferentes voces ciudadanas que deberían tomarse en cuenta en la planeación y ordenamiento del territorio.
En conclusión con la actual redacción de esta ley, se observa cuesta arriba que México pueda atender la nueva agenda urbana en los próximos 20 años, que requiere una mezcla perfecta de innovación tecnológica y social para este siglo XXI.