EL-SUR

Martes 30 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Hablar del pasado para entender el presente

Federico Vite

Julio 01, 2025

 

(Segunda parte y última)

Decía que I giorni di Vetro (Italia, Giulio Einaudi Editores, 2024, 448 páginas), de Nicoletta Verna, propone una revisión del pasado desde dos ámbitos: los fascistas y los partisanos. En ambos bandos hay hombres que asumen las armas como una forma de impartir justicia; unos están en el poder y otros peleando a la contra. Ambos son machos y están armados. Las mujeres fungen como amas de casa, amantes y una que otra se une a las causas, tanto de un grupo como de otro. Pero no tienen un rol mesiánico. Redenta e Iris, por ejemplo, están atrapadas en medio de un fuego cruzado de violencia doméstica e institucional. Los polos de esas dos fuerzas tirantes son Díaz y Vetro; del segundo he hablado mucho en la primera entrega, así que ahora me enfoco en Díaz. Nombre de guerra de Bruno, quien promete matrimonio a Redenta cuando es adolescente y de un día a otro desaparece. Años después vuelve a Castrocaro convertido en un líder de la ofensiva partisana. No hace nada más que odiar a los fascistas, se refugia en la violencia. Una integrante de su equipo, llamada Iris, le analiza con el filo de la objetividad: “Sólo vive para la confrontación. No sabe estar tranquilo. Fuera de las armas, todo le parece una frivolidad”. Se alimenta de vino malo y de sobras de comida. Está obsesionado con estrategias de ataque en contra de los soldados tanto italianos como alemanes. Los fascistas lo cercan poco a poco, está por llegar la irremediable confrontación y tanto Redenta como Iris se encuentran en medio.
La autora propuso usar una voz en primera persona del singular para dar cuenta de los hechos; de manera indistinta, habla Redenta o Iris, porque Iris es la segunda narradora de la novela. Gracias a esa elección de personajes y de voces, es posible tener un contrapunto de estos dos machos que se comportan igual pero pueblan distintas orillas de la realidad. Iris, igual que Redenta, arriesga la vida; la diferencia radica en que la primera busca un ideal de libertad, es erudita y guapa. Ella abandonó la docencia por el amor a Díaz. Redenta sufre violencia doméstica, no conoce la libertad y padece, a veces en situaciones límite, todo lo malo del mundo. Iris se confronta con los fascistas. Parece una espía y se comporta como tal, pero no tiene el éxito deseado. En ese contrapunto del libro, Verna indica que hay momentos en la historia de la humanidad en los que nadie gana, sólo aquellos que logran ayudar a otros a salir del fuego cruzado. Reitero: la única manera de romper los eslabones del círculo violento es ayudando a otros a salir del fuego cruzado.
Redenta, superviviente de la polio, del hambre y la miseria, también percibe las momentáneas apariciones de sus hermanos muertos. Se siente acompañada por la mala suerte y lucha por tener un poco de tranquilidad. Cuando sufre, y sufre mucho en el libro, recibe esa asistencia de los muertos, le hablan y le indican que debe tranquilizarse. “No, no te matará”. Aunque en otros momentos de la historia esas apariciones se vuelven horrendas, no por su fisonomía, sino por lo que dicen: “Por desgracia, sigues viva. Y mañana recordarás este dolor y te parecerá que nunca ha terminado. Porque el mal que sufres una vez, lo sufres para siempre”.
I giorni di Vetro es una novela histórica con amarras en el presente; muestra a los lectores que un dictador y sus contraofensivas son machos, tienen el mismo problema: todo lo quieren controlar. No toleran la disidencia, porque en su mente sólo es posible la sumisión y el sometimiento. Y nos recuerda que la “guerra maldita mató a todos, incluso a los vivos”.
Nicoletta Verna expone que ni siquiera la llegada de los aliados sanará los problemas y en este punto conecta con otro libro fundamental, La Pelle (1949), de Curzio Malaparte, quien habla de los estragos de la guerra y de la escasa ayuda de los aliados en Nápoles. Pero los vasos comunicantes entre ambas novelas refieren la destrucción y la supuesta ayuda que vendrá, aunque la idea de la ayuda no sea del todo una esperanza. Lo que sí queda en evidencia, en la novela de Verna, es que antes del fascismo vivían en una sociedad sana, con problemas, cierto, pero sin tantos exabruptos violentos ni dolor; se da tiempo para contar la vida de Iris, quien tuvo una buena posición social. El problema es que bajo la óptica de Redenta, no hay otra opción en la vida más que el dolor, la pobreza y el hambre. Por esos motivos su padre y muchos hombres más se unieron al fascismo como firmes integrantes de las Camisas negras. Se nota, entonces, que la sociedad fue sana para Iris, pero en realidad ignoraba a los desgraciados y los desgraciados, montados en el rencor social y la carencia, emprendieron revueltas para control todo y encima de ese sometimiento colocaron la bandera del fascismo. Es curioso que quien lucha por la libertad sea Iris, no Redenta. Pero es más interesante aún que el destino de ellas dos se toca en el clímax de la novela y el resultado es de una buena manufactura, un enganche justo para esas dos voces que a coro dan sentido a la trama.
En palabras de Verna las cosas en aquel tiempo eran más o menos así: “Había salones de baile, concursos de belleza y fuego. Allí, en el Grand Hotel de Castrocaro, nace la República de Saló. Pero en las montañas un grupo de partisanos, con apoyo de un marqués, se arma para luchar por la libertad. La vida vale más que una idea. Depende de qué vida. Y de qué idea”.
I giorni di Vetro pone la mirada en el escándalo mayúsculo de la historia de Italia. ¿Qué enseñanza puede haber en todo esto? Esa realidad y la nuestra son épocas similares; todo empezó cuando el fantasma de la guerra mundial se asomaba por los cuatro costados. A la par de esos conflictos en el extranjero había un grupo en el poder que quería controlar todo, que se desvivía por hablar a favor del pueblo, pero sólo buscaba un bien personal y con nuevas herramientas, pero con el mismo objetivo que hace cien años, el ideal del fascismo reposa ahora sobre nosotros. ¿Qué puede enseñar una novela como ésta? A trabajar en aras de la libertad, la educación y la expresión artística. Debemos cambiar el enfoque y evitar las inservibles confrontaciones, porque ahí, en el terreno pantanoso de las pesquisas y los ataques verbales o físicos, sólo hay una salida. La polarización tremenda aún puede revertirse. Pero es un paso a la vez. Un zapato tras otro. Sin demora ni prisa, pero avanzando, para no quedarse en un “campo desierto en torno a una ciudad de muertos”, para no seguir con la idea de que somos arrastrados por una corriente salvaje de autoritarismo. “Porque la gente, en la desventura, se mueve en dos lados: aquella que los conmina a la piedad o aquella que tira hacia la carroña. Ninguno queda como estaba antes. Ninguno”. Avanzar entonces.

* La traducción de las frases entre comillas es mía.

@FederìVite