EL-SUR

Sábado 01 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Hablas emancipatorias

Ana Cecilia Terrazas

Marzo 06, 2021

Simplificando lo complejo, hablar es interactuar socialmente en un contexto específico, accediendo –de común acuerdo entre las y los individuos hablantes– a una cadena significante o campo semántico determinado mediante el cual hacemos alusiones que más o menos entendemos.
Lo anterior es fraseo elemental de literatura ciertamente más elaborada por especialistas en semántica, semiótica, habla, lenguaje, comunicación.
En este preámbulo del 8 de marzo platiqué con Cristina Burneo Salazar, docente investigadora de la Universidad Andina Simón Bolívar, en Quito, y militante del movimiento de mujeres de Ecuador.
Aguerrida escritora y traductora literaria, Burneo Salazar invita siempre en textos y charlas a tomar el riesgo de “hacernos de una lengua viva en la que se generen muchas formas de mirarla”.
Después de recomendar ampliamente la versión “no binaria no sexista de El Principito”, en su traducción y traslado a manos de Julia Bucci y Malena Gagliesi, confirma que los únicos peligros que corre la lengua “son los que tienen que ver con la censura”. El resto de los cambios creativos en la lengua –que ella misma ha dicho pueden no llegar a ser transformaciones si no se acompañan de otras acciones– son maneras de hablar que se refieren a algo que ha pasado por la conciencia y el pensamiento para ser dichos de esa y no de otra manera.
¿Por qué? Porque para Cristina Burneo, ciertos apegos a la norma de la lengua “garantizan privilegios, prestigio y realidades incómodas que quedan disimuladas, que se oponen a las resistencias”.
Y para ella, siendo “muy exigente y rigurosa en ciertas precisiones de la norma lingüística tanto en la escritura como en la docencia”, sus demandas no aplican respecto de la lengua en sus “normas masculino universales”, porque ella ha tomado la decisión de utilizar un lenguaje inclusivo, no sexista, no binario para revelar existencias que no han sido nombradas. Hay un montón de existencias colectivas, de vidas individuales no nombradas, nunca narradas, invisibilizadas en el masculino universal.
“Esa desuniversalización significa que hay privilegios que se pierden, mientras que del otro lado hay un uso muy emancipatorio, democrático, de la lengua cuando se trata de crear nuevas posibilidades mediante la lengua viva.”
Yo le recuerdo que la filósofa española feminista Celia Amorós lamenta que los hombres se hayan apoderado de lo genéricamente humano y le pregunto por qué se pasa en fast track de la o a la e, cuando faltaba (falta) visibilizar a la mujer.
Acentuando las e, comenta que “esa discusión, políticamente muy relevante, se expresa también en la lengua” y es parte –dentro de la desobediencia y la diferencia sexual– de los feminismos.
“Hay otras corrientes que disputan el sujeto del feminismo y eso se expresa también cuando quieres usar el femenino feminista. A veces universalizar con a ya no tiene sentido, mi sensibilidad no me da para eso. A veces la a también puede fungir como no reconocer personas no binaries en una sala. Esa es la reflexión o discusión teórica, en el habla y en la escritura, que tratamos de hacer”.
Soltando en todo momento posible, siempre deliberadamente durante la charla, una e en chiques o cuando habla de les niñes, por ejemplo, la postura de la teórica está por “naturalizar, visibilizar y nombrarlo todo con mayor conciencia”.
“Yo nombro todo y cuando uso el masculino universal también lo uso con mucha intención. Cuando hablo de los extractivistas mineros, ahí hay una identidad masculina que quiero hacer notar porque se trata de una entidad patriarcal, dominante, ahí no quiero disolver nada … entonces el masculino sirve cada vez más para marcar un masculino dominante, ahí no voy a disolver nada con epicenos; hablo de los gobernantes, etcétera, por el poder que significa ese masculino.
“Como ves, yo digo que usemos todas las formas, ya no digo la ciudadanía sino les ciudadanes no binaries. La desobediencia sexual, por ejemplo, se expresa en la lengua, se expresa en cada acto de habla”.
El argumento teórico, práctico, vivencial, esgrimido por Burneo Salazar es que vivimos una intensidad cambiante tal, que nos obliga a hacernos estas preguntas sobre nuestra lengua, así como a hacer del habla actos para aprender, para ser sensibles, para ir cambiando.

@anterrazas