EL-SUR

Sábado 09 de Diciembre de 2023

Guerrero, México

Opinión

¿Hacia dónde va Brasil?

Gaspard Estrada

Febrero 17, 2016

Desde la reelección en octubre del 2014 de la presidenta Dilma Rous-seff, el tiempo parece haberse congelado en Brasil. Más aún, la cuarta victoria al hilo del Partido de los Trabajadores (PT) tiene cada vez más un sabor amargo para los dirigentes de esta formación política, y en particular para su líder histórico, Luiz Inácio Lula da Silva. Si bien Lula ya no gobierna Brasil desde hace más de cinco años, los medios privados de información continúan dirigiendo sus baterías hacia la acción pública y privada del ex presidente. Durante las últimas semanas, la polémica en torno al uso de un departamento en la provincia del Estado de São Paulo, remodelado por una empresa del ramo de la construcción civil, por el ex sindicalista y su familia ha dominado la agenda mediática, a pesar de la inexistencia de pruebas materiales de un vínculo directo entre Lula y esa propiedad. Este hecho, aunado al escándalo de corrupción en la paraestatal Petrobras y a la investigación contra numerosos líderes de la coalición gobernante en el Congreso (incluyendo a los presidentes de la Cámara de Diputa-dos, Eduardo Cunha, y del Senado, Renan Calheiros), han contribuido a deteriorar la imagen del PT, y más particularmente, la del ex presidente. En poco más de un año, la tasa de rechazo al ex sindicalista ha crecido hasta llegar, según el instituto Datafolha, al 47 por ciento de los brasileños. Cuesta trabajo imaginar que, a finales de 2010, más del 80 por ciento de los brasileños aprobaban el gobierno de Lula.
Por su lado, la presidenta Dilma Rousseff continúa a la defensiva, sin poder articular un discurso o una agenda positiva que le permita salir del marasmo en el que se encuentra, que se traduce por una bajísima tasa de aprobación a su gobierno (menos del 15 por ciento según el mismo instituto Datafolha). La gravedad de la crisis política y económica del país (a la cual se suma la actual crisis sanitaria ligada al virus zika), crisis que se han venido retroalimentando durante el año pasado, le resta fuerza política en un momento en el que, por primera vez, su antiguo padrino político demuestra dificultades para articular un nuevo discurso que le permita ayudar a la presidenta y a la vez generar una perspectiva de poder de cara a las elecciones presidenciales de 2018. Hasta antes de los nuevos señalamientos, cada vez que la presidenta se encontraba en un momento de fuerte turbulencia política, Lula actuaba como bombero del Ejecutivo federal, utilizando su fuerza política y su capacidad negociadora para buscar acuerdos dentro de la coalición gubernamental. Hoy en día, el ex presidente tiene que, en primer lugar, defenderse de las acusaciones hechas por la prensa y la oposición, situación que lo fragiliza y lo inmoviliza políticamente. Sin embargo, eso no quiere decir que la oposición brasileña disponga de argumentos o de un discurso alternativo que le permita aspirar a gobernar en el corto plazo. La elección presidencial de 2014 marcó negativamente a los líderes de la oposición, en particular al ex candidato presidencial del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), Aécio Neves, que ha intentado –sin éxito hasta ahora– acumular fuerzas políticas para obtener la apertura de un proceso de impeachment de la presidenta Dilma Rousseff. Para al-gunos miembros eminentes de la oposición, de los medios privados de comunicación y de algunos sectores de la justicia, la elección de Dilma Rousseff no debió haberse llevado a cabo. Si bien el proceso de impeachment (juicio político) ha perdido fuerza en los últimos meses, una buena parte de los actores políticos de peso de la oposición continúan apostando a esa agenda. Ante el agravamiento de la crisis económica y de la caída del PIB, es de esperar que esta polarización política disminuya para dar paso a una agenda mínima de reformas en Brasil. De otra manera, el tiempo hasta la próxima elección presidencial pasará muy lentamente, y la crisis económica anulará los logros económicos y sociales de los dos gobiernos de Lula.

* Director ejecutivo del Obser-vatorio Político de América Latina y el Caribe (OPALC), con sede en París
Twitter: @Gaspard_Estrada