EL-SUR

Miércoles 29 de Junio de 2022

Guerrero, México

Opinión

Hacia nuevas distracciones

Humberto Musacchio

Abril 14, 2022

 

Terminó la inútil y costosa consulta sobre revocación de mandato con resultados más o menos previsibles, pues “ganó” quien ya se sabía, entre otras razones porque hubo muchos llamados de la oposición a no sufragar, en lo que coincidieron numerosos analistas políticos, quienes entendieron que ese numerito carecía de sentido.
La legislación en torno a la consulta fue hechura del partido en el poder, que contó con apoyo de la oposición para aprobarla y de un derroche sin sentido para llevarla a la práctica, pues se supone que se trata de un mecanismo para que los inconformes con el gobierno lo pongan a prueba. Pero en esta ocasión las cosas fueron al revés.
Pese a que en las encuestas el presidente López Obrador aparece apoyado por más de 50 por ciento de la población, Morena echó mano de todos sus recursos para que el ejercicio fuera, no de revocación, sino de ratificación, pues se trataba de reforzar la creencia de que el presente gobierno es la mayor bendición que pudo caer sobre la República.
Movido por esa finalidad, el partido en el poder pasó una y otra vez sobre la legislación que hizo aprobar en 2019 y ofreció un espectáculo digno del echeverriato, movilizando a millones de ciudadanos con acarreos interminables, coacción sobre funcionarios y personal sin base laboral para que llevara gente a las urnas, torta y chesco para el ganado y dinero en enormes cantidades.
En cumplimiento de sus tareas constitucionales y legales, el Instituto Nacional Electoral hizo lo que pudo para que la consulta se realizara, pese a que Morena y sus compinches le negaron los fondos que implicaba la consulta y hubo de valerse de dineros que estaban destinados a otro fin.
Pero esos recursos no alcanzaban para realizar una votación con el número de casillas que requieren las elecciones federales y sólo pudo montar una tercera parte, lo que fue aprobado por la Suprema Corte. Aún así, Morena quiso aprovechar el asunto en su loca campaña para destrozar el INE o apoderarse de él.
La “victoria” morenista no bastó para tranquilizar a la jauría y si la campaña contra el INE ha bajado de tono es porque hoy lo urgente, lo útil para el poder, es que se aprueben las reformas legales en materia de energía eléctrica. Es probable que el domingo Morena ya pueda contar con los votos del PRI y, de paso, con los de otros diputados de la oposición. Se dice en los pasillos de San Lázaro que con los jefes del priismo se buscarán acuerdos de alto nivel y que a los diputados del montón les arrojarán quizá cien mil pesos por cabeza. No sería algo nuevo, pues si algo caracteriza a Morena es que cada vez que resulta necesario echa mano del recetario del PRI para estos y otros casos.
Una vez que se resuelva lo referente a la reforma energética entraremos en un proceso de reforma electoral que, previsiblemente, será una nueva fase de la guerra contra el INE y ocupará la parte central de las peroratas mañaneras, pues al actual gobierno federal le urge convertir al órgano electoral en su títere.
Para que el Instituto Nacional Electoral quede subordinado por completo a los intereses de Palacio, debe echar al consejero presidente, Lorenzo Córdova, y el consejero Ciro Murayama, para lo cual, quizá, se invente un proceso amañado para destituirlos y que se pretenda incluso llevarlos a la cárcel.
La otra opción es trabajar por una reforma electoral que, como en otras ocasiones, implique la salida de los actuales consejeros o una parte de ellos. Esa es una película que ya vimos en otros años, cuando los consejeros que contaban con aprobación social fueron groseramente despedidos con la complicidad de las bancadas de oposición, ávidas de ocupar con su gente cargos tan bien pagados. ¿Y luego?
Y luego se inventarán más cosas que distraigan al respetable, pues ya se sabe que a falta de pan nada como el circo.