EL-SUR

Viernes 19 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

¿Hacia un golpe de Estado?

Silvestre Pacheco León

Octubre 28, 2019

Cada vez se menciona con mayor insistencia que se está procesando en México un golpe de Estado para deponer al presidente Andrés Manuel López Obrador quien ganó la presidencia con el voto de 30 millones de mexicanos.
Quienes afirman lo anterior, como Carlos Mendoza Aupetit, director del Canal 6 de Julio, sostienen que hay una campaña con ese fin promovida por sus opositores, los cuales habrían comenzado su propósito después del segundo mes del actual gobierno, publicando noticias falsas para mostrarlo como incapaz de gobernar y creando la idea de que existe un riesgo real de que termine convirtiéndose en un dictador que elimine las garantías individuales porque desdeña la legalidad, e insiste que frente a la ley él prefiere la justicia.
Mendoza Aupetit sostiene que esa campaña se está difundiendo en las redes sociales y en los medios tradicionales de comunicación, promoviendo “movilizaciones de protesta” como la encabezada recientemente por los presidentes municipales que reclaman por mayor presupuesto.
Quienes ven el riesgo en México de un golpe de Estado sostienen que hay grupos de poder muy peligrosos que se sienten afectados en sus intereses por el gobierno de la 4T, sea porque han sido desplazados del poder y de sus privilegios, o simplemente porque las nuevas condiciones les impiden seguir beneficiándose de la corrupción que imperaba, los cuales sin medir consecuencias, y sin importarles (a ellos sí) la legalidad, estarían optando por esa vía.
El golpe de Estado, conforme a la definición de la ciencia política, es un proceso mediante el cual un grupo de poder, de manera repentina e ilegal, depone al gobierno legítimamente constituido para imponer a otro proclive a sus intereses.
La historia dice que para crear el ambiente que justifique la deposición de un gobierno, el golpe de Estado generalmente se prepara con acciones desestabilizadoras, empezando por crear confusión entre la sociedad con noticias falsas o exageradas y otras medidas que pueden ser de orden económico y político, como la fuga de capitales, la retracción de las inversiones, el aumento de precios; y desacreditando al gobierno con la insistencia de que no hay estrategia para combatir con eficacia la violencia y la inseguridad.
La hipótesis supondría que algunos de los hechos que estamos viviendo han sido provocados intencionadamente aprovechando en su campaña algunas declaraciones de intelectuales afamados, contrarios a la 4T, como el peruano y premio Nobel de literatura, Mario Vargas Llosa, quien ha dejado de hablar de una dictadura perfecta para referirse ahora a una resurrección del PRI con el triunfo de Andrés Manuel López Obrador, o la de Héctor Aguilar Camín quien ha dicho que el Ejecutivo está avasallando a los demás poderes para someterlos en su propósito de reelección.
De ese razonamiento se desprende que lo sucedido en Culiacán el jueves 17 habría sido montado como una provocación para causar una masacre de grandes proporciones, de la cual se pudiera acusar penalmente al presidente de la República, y si los hechos no eran consumados como lo planeado, exhibir al Ejecutivo como inepto y cobarde que ha puesto en entredicho el poder del Estado dejándose amedrentar por un cártel de criminales que mostraron un poder superior a quien los combatía.
En lo político y lo económico, de acuerdo con el plan desestabilizador, el caso más emblemático sería el de los opositores que encabezan “Mexicanos contra la corrupción”, y “No más derroches” organizaciones civiles opuestas a la construcción del aeropuerto de Santa Lucía por intereses en el aeropuerto de Texcoco.
Cuando los dueños de la empresa Kimberly-Clark (la familia de Claudio X. González), financiadora de esas organizaciones vivieron su derrota legal, inmediatamente recurrieron a su poderío económico, amenazando con cancelar las inversiones que tenían programadas para el presente año bajo el argumento de que no veían condiciones favorables para sus empresas, y porque tampoco estaban de acuerdo con la política oficial, aunque, extrañamente (y no sé qué tanto afectados por la amenaza de un boicot a sus productos de pañales, toallas femeninas, papel higiénico, servilletas, pañuelos, toallas de papel, toallitas húmedas y jabones), rápidamente cambiaron de opinión anunciando, al día siguiente, que siempre sí invertirían en el país los 3 mil millones de pesos que habían programado.
Sin embargo, la idea difundida por los más radicales defensores de la 4T de que en México se gesta un golpe de Estado, no deja de ser una exageración cuya consecuencia puede afectar negativamente a la democracia, en la medida que inhiba protestas y críticas legítimas ante el riesgo de ser acusados de golpistas, pues no olvidemos que las libertades democráticas son necesarias para darle solidez al proyecto de crear una sociedad de bienestar donde florezcan todos los talentos de la gran reserva que tiene la nación.

Los reaccionarios están desorganizados y carecen de liderazgos

Pero aún concordando con la opinión de López Obrador de que los conservadores en México están desorganizados y carecen de liderazgos para encabezar la reacción, no está de más la advertencia de que el gobierno debe ser cuidadoso en cada paso, porque ya ha cometido el error de mostrarse vulnerable frente al poderío del crimen organizado cuyo efecto ha consternado a la sociedad que tenía puestas sus esperanzas en las Fuerzas Armadas como la última frontera de garantía para la seguridad y la paz.
Pero, en todo caso, aunque somos vecinos del país más poderoso de la tierra que actúa como policía del mundo, sabemos que es un asunto de su conveniencia tenernos como una democracia real, con un gobierno de amplio apoyo popular que combate la corrupción y también al falso capitalismo de amigos y compadres favorable a las élites políticas que desalientan el espíritu empresarial.
El gobierno norteamericano sabe que el modelo de la 4T ni es anticapitalista ni lucha por imponer un modelo socialista, y en ese sentido no puede verlo como un enemigo contra el que hay que conspirar, sino como un socio con el que se identifica ideológicamente.
Lo anterior nos debe quedar claro a quienes militamos por el socialismo y vemos a la democracia por la que votamos como un punto de partida para emprender las transformaciones que muestren en el debate político la superioridad de nuestras ideas.