EL-SUR

Jueves 23 de Septiembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

¿Han oído llorar a las langostas?

Ana Cecilia Terrazas

Junio 12, 2021

AMERIZAJE

 

En el centro del tema sobre qué comemos está la pregunta fundamental, ¿somos los seres humanos superiores a los demás seres vivos? Y si fuera así ¿cuál es el límite que tiene el Homo sapiens para hacer sufrir a los demás seres sintientes en aras de alimentarse?
Estos territorios desembocan en los ismos alimenticios del hoy: veganismo, ovolactovegetarianismo, granivorianismo y sus múltiples variantes todas anticarnívoras.
Los documentales y películas respecto de la infinidad de crueldades a las que se ha llegado en la industria alimenticia son muchos: Comiendo animales, Food Inc., What The Health, Dominion, Empatía, Cowspiracy, The End of Meat, 73 Cows, ¿Qué sabes de la leche?, Forks Over Knives, Peacaeable Kingdom, Live and Let Live. Está también el libro GoVegan de Ana Soto y el podcast chilango Territorio animal producido por Cecilia González Landín.
Una frase muy directa, acuñada por Liliana Felipe, compositora mexicana y promotora del antiespecismo, da cuenta del nudo del problema: “¿Te comerías a tu perro?”. Y en la misma sintonía, para ese caso, ¿uno se comería a su gato?, ¿alguien se comería a los pájaros del árbol de enfrente?
Y sin embargo, nos comemos a las vacas, a los cerdos, a los pollos, a las cabritas recién nacidas. La realidad es que, desde siempre, se cometen todo tipo de crueldades con los animales; sin embargo, la industrialización alimentaria actual, el proceso de comer masivamente, tanto y tan aprisa –salvo los lamentables casos, por supuesto, de las personas que mueren literalmente de hambre todavía– ha hecho que se engorde a los animales a reventar –sin que esto sea metáfora o exageración, sino meta de producción; no dejarlos dormir; forzarlos a reproducirse todo el tiempo; no dejar que vivan ni un segundo extra, porque cuesta; acelerarles la vida químicamente; matarlos de las maneras más cruentas e inimaginables. Es decir, como humanidad hemos sacado cero en ética animal.
¿Por qué seguimos comiendo langosta, por ejemplo, si hay que arrojarlas vivas –para correr menos peligro de intoxicación– a la olla hirviendo para que se cuezan, y lloran, se retuercen de dolor, y se demora esta tortura cerca de tres minutos, generándoles un sufrimiento total que sería absolutamente inaceptable para cualquier humano? ¿Qué o quién nos permite eso?
La religión judía –con variantes a lo largo de los siglos evidentemente– hace referencia a los alimentos kosher, los que cumplen con los preceptos de la ley judaica y en alguna parte les importaba o importa aún que el animal no sufra, o no sufra tanto. Como dato para quien no lo sepa, no es kosher, por ejemplo, consumir carnes de cerdo, caballo, gato, delfín, tiburón, pulpo, avestruz, gaviota o buitre.
Hoy en cambio, la gran mayoría somos, todavía, una suerte de voraces antikoshers, depredadores irredentos, en lo que toca a la alimentación. Esto, a pesar de que, a más de año y medio de la aparición del virus SARS-CoV-2, y de acuerdo con la hipótesis más socorrida –sostiene la Organización Mundial de la Salud que “el virus saltó de un animal, probablemente un murciélago o un pangolín, a un huésped animal intermedio desconocido y, posteriormente, a los humanos” *– debemos suponer que la pandemia nos llegó por el estómago, por ingerir lo que ni se podía ni se debía por estar en peligro de extinción.
Un análisis jurídico-penal, cubano afirma: “El bienestar animal, la calidad de los alimentos y la salud humana van de la mano. Calidad ética y calidad de los alimentos han de ir juntas. Los animales son víctimas silenciosas de nuestros modos de vida, producción y consumo. El modelo intensivo de producción de las granjas industriales además de generar un sufrimiento animal que tiene las dimensiones de un holocausto también produce sufrimiento humano” **.
¿Se pueden entonces argumentar antojitos, costumbres o desarrollo económico –inmediato e insostenible– en aras de seguir con la tortura masiva de animales? Si sabemos que gran parte del calentamiento global es causado por la industria para hacer hamburguesas, ¿no nos deberíamos documentar más y frenar ya estas masacres cambiando nuestros hábitos alimenticios para bien de todos? ¿Que no hemos oído llorar a las langostas?

*https://gacetamedica.com/investigacion/la-oms-cree-que-la-covid-19-salto-de-animales-a-humanos-por-un-huesped-animal-intermedio-aun-desconocido/
**https://www.researchgate.net/publication/338661499_El_maltrato_animal_en_la_produccion_de_alimentos_Analisis_juridico-penal

@anterrazas