EL-SUR

Miércoles 26 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Héctor Astudillo Flores

Jorge Camacho Peñaloza

Octubre 15, 2021

Al final, uno sólo se experimenta a uno mismo.
Friedrich Nietzsche.

La política es una actividad inherente al ser humano, su participación o no participación en los asuntos públicos es determinante en la forma de gobierno, sistema político y tipo de gobernantes que tiene la sociedad, en el grado de bienestar y avances en general; socialmente, participar es política, no participar es política; hay quienes eligen participar y lo hacen vehementemente esencia de sus vidas, por convicción o profesión, son para quienes, en positivo, política es sinónimo de servicio, en negativo, de riqueza y privilegios. Como político he conocido a unos y otros, de los primeros he tenido la fortuna de conocer y forjar una amistad con el hoy ex gobernador Héctor Astudillo Flores.
Por lo pronto, Héctor Astudillo Flores es a partir de hoy el octavo gobernador que logra terminar su gestión de los 17 últimos gobernadores desde la década de los treintas del siglo pasado, y esto en Guerrero sí es un elemento sustancial y relevante.
Héctor Astudillo empezó muy joven su carrera política, en la época de José Francisco Ruiz Massieu y Florencio Salazar como gobernador y Presidente Municipal de Chilpancingo, respectivamente, en la década de los ochenta. Impulsado por su carácter noble y entusiasmo por ayudar a sus paisanos, ha sido dirigente municipal y estatal del PRI, dos veces diputado local, tres veces presidente municipal de Chilpancingo, senador de la República y gobernador del estado.
Astudillo Flores abrevó la perspicacia de Ruiz Massieu, de quien fue su secretario particular, el aplicar el pensamiento al análisis y acción política, no reaccionar ni dejarse llevar por el conocimiento común; aprendió de quien lo hizo dirigente del PRI municipal en Chilpancingo a leer las formas y el fondo de la política de Salazar Adame; de la clásica escuela priísta de hacer política, de la buena, la de Jesús Reyes Heroles; la templanza para enfrentar los problemas, el hiperactivismo político y la cualidad de no distraerse y adormecerse en el ejercicio del mando de René Juárez quien lo apoyó para ser senador de la República, y de los tres, el orden y la disciplina; en 2005, en tiempos politicos conversos, sufre una dolorosa derrota en la contienda por la gubernatura del estado ante Zeferino Torreblanca Galindo, que le enseñó el temple de la humildad y de la perseverancia. Todo lo anterior dio como resultado un político que desarrolló su propia marca caracterizada por un ejercicio del poder con alta responsabilidad, cautela, pacifismo, sencillez, seriedad, entrega al cien por ciento, nobleza, sin escándalos, festividades ni espíritu triunfalista.
Así, en 2015, con plena madurez política, con su propia marca, Héctor Astudillo llegó a la gubernatura en un momento en el que los guerrerenses confiaron en su capacidad para sacar al estado del desastre en que se encontraba, cuya máximas escenas dantescas fueron la de los estudiantes de Ayotzinapa caídos en el asfalto de la Autopista del Sol el 12 de diciembre de 2011 en el Parador del Marqués , el célebre caso de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, y la quema del Congreso del Estado, etc.
Como dijo el presidente Andrés Manuel López Obrador, terminar el periodo de gobierno en Guerrero es toda una hazaña, pues de los últimos cinco gobernadores, dos no pudieron, Rubén Figueroa Alcocer y Ángel Aguirre Rivero, y tres sí: René Juárez, Zeferino Torreblanca y Héctor Astudillo aunque las condiciones en las que tomó las riendas del gobierno y en que estaba el estado, sin duda, eran más difíciles y complejas para Astudillo quien finalmente llegó a la meta gracias a la madurez política con la que llegó en 2015 a la titularidad del Poder Ejecutivo del Estado, madurez que le permitió no perderse en el poder, en el festejo, en niveles irresponsables de delegar, en confiarse en subalternos de mediana capacidad.
Astudillo deja un legado de recomposición de la gobernabilidad del estado, disminución de la violencia política y delictiva, alejando a Guerrero de los primeros lugares en incidencia delictiva, de respeto por la investidura del titular del Poder Ejecutivo del Estado, estabilidad política, conservación de un clima de paz para las inversiones principalmente en la actividad turística y de respeto a la democracia terminando con el apoyo del gobierno al partido oficial, un legado que sólo es posible con la formación, trayectoria y madurez política y personal que requiere gobernar nuestro estado, actividad que requiere inteligencia, reflexión, temple, carácter, espíritu estadista, atención plena, pulso, humanismo y capacidad de previsión y visión no cualquiera puede llevar adelante.
Será el tiempo, sin duda, el que lo coloque en el lugar de la historia que le corresponde y serán los guerrerenses los que le reconozcan o le reclamen su paso por el gobierno.
Yo por lo pronto, a mi amigo, al hombre de familia, al esposo, al padre, al abuelo le doy las gracias y le deseo lo mejor. Ojalá que políticos con tu capacidad contribuyan al engrandecimiento de Guerrero y de México.
Debes irte satisfecho. Abrazo fraterno.

Vuela vuela palomita y ve y dile: A Héctor Astudillo que ahora que ya va a tener tiempo le recomiendo la trotada y oxigenada acá en la comarca, y para festejar por llegar hasta el final de su periodo, mínimo una birria calentana.