Silvestre Pacheco León
Junio 02, 2025
Sin duda que era muy grande la imaginación de los etruscos, la tribu italiana que fundó ciudades en la región toscana de Italia, precedente de la cultura romana, para pensar, como los chinos, que la tan diminuta figura de los caballitos de mar, fueran los monstruos marinos que tiraban el carruaje de Neptuno o Poseidón, o el dragón de los mares, según los chinos.
Pero la mitología en torno a ese diminuto animal de los mares, con hocico alargado como la figura de un caballo, cuya estatura va de 2 a 35 centímetros, que “tiene los ojos de camaleón y una bolsa incubatriz, semejante a la de un canguro” como lo define la revista Nathional Geographic, habla quizá de su abundancia habitando los mares del lejano pasado, en profundidades accesibles para poderlos conocer y observar, al grado que en 1857 al anatomista italiano Giulio Cezare Aranzi le pareció familiar dicha figura para bautizar con su nombre a la parte de la estructura craneal del cerebro humano, localizada a la altura de la oreja de los dos hemisferios, que se encarga del aprendizaje espacial en que nos movemos, y de la memoria, los olores y del momento en las decisiones de quedarse y pelear o huir.
El Hippocampus ingens, el nombre científico del caballito de mar, perteneciente a la familia de los peces pipa, proviene del griego que significa monstruo marino, y por sus características se considera un animal híbrido, como demasiado habituado a la tierra para no saber nadar en postura horizontal, como lo hace la mayoría de los peces. El caballito de mar nada erguido, y por eso es lento para cambiar de lugar y resulta vulnerable, necesitado de un sostén al que pueda asirse con la cola para mantener su postura. A eso se debe que su hábitat sean las zonas rocosas, de corales y plantas.
Otra de las características peculiares y llamativas de este pez asediado por los mercados asiáticos que lo compran en todos los mares del mundo como parte del catálogo de alimentos exóticos y de su medicina ancestral, capturado como atractivo en los acuarios, es el embarazo del macho quien carga en su bolsa incubatriz los huevecillos que en una danza erótica le deposita la hembra a la hora de copular.
Se dice que la relación sexual y la madurez de estos peces comienza a los seis meses y que es todo un ritual el que realiza la futura pareja que comienza por danzar, una frente a la otra y que a la hora de sincronizarse cambian de color, y es cuando la hembra vacía los huevecillos dentro de la bolsa del macho quien debe cargar con el embarazo las dos o cuatro semanas que tardan en nacer las crías por cientos.
El ciclo de vida de los hipocampos es de uno a cinco años, dependiendo de la especie y también del espacio donde viven. Claro que viven más tiempo en la protección de un acuario, pero alejados de su hábitat natural, lo que no deja de ser una desventaja.
Pero esta especie viva y pequeña se sobrepone a su debilidad actuando en grupo y disimulándose con el entorno para pasar desapercibido, y si su nado vertical le dificulta una rápida movilidad aprovechan las corrientes marinas para dejarse llevar. Por eso hay quienes extrapolan su ejemplo de que si son pequeños, sumados pueden hacer grandes cosas como, asegurar su comida, por ejemplo.
Esta característica del pez sin escamas que viven la mayor parte de su vida en pareja, se ha interpretado en la literatura como la fidelidad viviente y amorosa para los humanos porque son caballos monógamos y en muy corto el tiempo, el que enviuda, muere también como si fuera un gesto de amor.
Hay también quienes quieren ver en el comportamiento de estos diminutos animales una lección de feminismo porque en el embarazo para procrear se cambian los papeles en los sexos, aunque en el pensamiento tradicional la pregunta es si no habrá una confusión al identificar al macho y la hembra.
A destiempo, porque fue después de la plática del biólogo Carlos Candelaria, el escritor Paul Medrano, recientemente premiado por la Universidad de Nuevo León en un concurso de cuentos, nos informó que, una poeta oaxaqueña, Nadia López García, en su poemario Dorsal, publicado por el Fondo de Cultura Económica, escribió sobre la vida sufrida de su hermano homosexual, identificándolo como el fino y delicado caballito de mar, con un final muy trágico, lo cual da fuerza a esa idea del feminismo y la sexualidad.
Quienes se interesen en conocer más sobre estos míticos peces de los que hace mención Homero en la Iliada que narra la disputa entre el rey Agamenón y Aquiles en la guerra de Troya y en la aventura de Odiseo, en sus diez años de travesía por los mares de regreso a Itaca, tienen a la mano estos tres textos, pues creo que es más fácil y placentero conocer mediante la lectura de un libro la vida mágica de estos caballos que buscarlos en las playas de Zihuatanejo.
También pueden leer en la literatura infantil aquella leyenda escrita en verso que cuenta. El origen de los caballitos de mar explicando que, como el Caballo blanco del corrido, salieron un día a galope por el litoral y cuando ya cansados se echaron sobre la arena del mar las olas primero los bañaron de espuma, alborotando sus crines, recordando en el acto que no sabían nadar, yendo a parar hasta el fondo del mar, donde la leyenda cuenta que Poseidón se enamoró de su belleza sin par, dándoles vida y poderse alegrar.
A la pregunta del público sobre las debilidades y amenazas que sufren estas miniaturas, el biólogo Carlos Candelaria abundó explicó que les afectó el cambio en la temperatura del mar por el llamado fenómeno del Niño, así como el huracán Otis que levantó olas de gran tamaño, afectando la vida de estos peces, pero sobre todo, su venta ilegal que es difícil de controlar. También dijo que es fácil localizarlos, pero se reservó el nombre de las playas donde abundan porque es una manera de protegerlos, pues aunque se han dictado medidas como la prohibición de extraer ejemplares menores a determinada talla, falta vigilancia para hacerla efectiva.
En esta plática se pusieron de ejemplo las desaparecidas especies como las almejas rojas que eran características de la bahía de Zihuatanejo y las langostas que cada vez son más pequeñas las que llevan al mercado, lo que obliga a esos ejemplares, según lo dicho por el biólogo, a reproducirse más tempranamente para preservar la especie como una respuesta de la naturaleza a un hecho que es efecto del mercado por su demanda de parte de los consumidores.
Se abundó en el caso de las almejas que todavía hace 20 años podían encontrarse en el fondo arenoso de la bahía que ahora han desaparecido completamente, explicando que la muerte de esta especie bivalvo antes abundante en la bahía inició con el avance de la capa de lodo proveniente de las plantas de tratamiento de la ciudad que las fueron ahogando y murieron en el fango.
Algo similar dice que pasó con los ostiones, que por fortuna, viven pegados a las rocas y al reducirse el proceso de contaminación de los lodos volvieron a crecer las poblaciones y ahora su extracción da ocupación a un grupo numeroso de buzos que se sumergen casi cotidianamente en las aguas de la bahía frente a la playa La Madera.