EL-SUR

Sábado 04 de Julio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Honestidad y diálogo para la paz

Jesús Mendoza Zaragoza

Enero 20, 2025

La realidad es una, es única, pero es compleja. Cada persona la mira desde uno de sus lados, desde una de sus facetas, desde una de sus perspectivas. La realidad es única pero las miradas son diferentes, según el lugar en el que cada quien se coloque o se relacione con ella. Es diferente la mirada desde arriba, desde abajo o desde alguno de sus lados. Cuando hablamos de la mirada, estamos hablando de la “percepción” o de su “lectura”. La percepción no es la realidad, sino una manera de leerla o de interpretarla, de acuerdo con el tipo de relación que se tenga con ella.
Sobre la situación de violencia en Guerrero, cada quien la interpreta o la lee desde el lugar en el que está colocado. Una lectura es la de quienes están en el poder público, otra diferente es la de la iniciativa privada, otra más la de las organizaciones sociales, otra diferente es la de los campesinos y obreros. Los comerciantes y los transportistas tienen su propia interpretación, lo mismo que los jóvenes y los niños. Cada quien la mira desde su propia experiencia y desde sus legítimos intereses.
Hay diferentes tipos de miradas o lecturas de la realidad. Está, por ejemplo, la mirada excluyente, aquélla que no admite otras miradas y se establece como la única. Está también la mirada maliciosa, aquélla que esconde intereses ilegítimos o ilegales mediante mentiras, falsedades o medias verdades. O la mirada ideológica, aquélla que le da primacía a esquemas ideológicos o proyectos partidistas desde una lectura sesgada o parcial de la realidad. También podemos hablar de aquella mirada de la realidad carente de autocrítica que se cree acabada o terminada.
Cada una de estas lecturas de la realidad tienen aspectos válidos, en la medida en que se reconocen como interpretaciones parciales e incompletas y se someten a la autocrítica. Pero si se conciben como miradas absolutas, integrales y completas, incapaces de abrirse a miradas diferentes o hasta contrarias, suelen tener consecuencias dañinas, con tendencias a la polarización social o política o a las descalificaciones de otras miradas.
Las violencias que sufrimos en el estado de Guerrero expresan conflictos, unos viejos y otros nuevos. Es importante entender dichos conflictos mediante el diálogo social y político en el que se escuchen todas las lecturas que puedan darse, en orden a encontrar los caminos necesarios para transformar dichos conflictos. Los conflictos sólo se transforman de manera pacífica.
En Guerrero hay conflictos estructurales e institucionales. Los hay en la economía y en la política. Suelen ser tan complejos que ningún actor, ni social ni político ni económico es capaz de resolverlo por sí mismo. En este contexto, la delincuencia organizada se ha montado en los conflictos que ya teníamos y ha generado otros. Es su manera de intervenir, a través de los cárteles, de las bandas criminales, del narcotráfico y demás vertientes criminales.
Las bandas de la delincuencia organizada son, principalmente, actores económicos que edifican empresas privadas y operan en mercados ilícitos haciendo crecer sus ganancias económicas con el fin de establecer monopolios. Pero también son actores políticos porque siempre buscan la protección de instituciones del Estado, como policías, militares, fiscales, etc. Son más evidentes estas relaciones políticas en los procesos electorales.
La delincuencia organizada se entrecruza en medio de los conflictos económicos y políticos que ya existen, los acelera por medios violentos y los resuelve buscando beneficios propios.
Para transformar los conflictos económicos y políticos se impone la necesidad del diálogo social y político que integre todas las miradas para elaborar diagnósticos, como acercamientos a la realidad de las violencias en todos los contextos de los territorios. Los gobiernos, federal, estatal y los municipales tienen su lectura de la realidad. Esta lectura es importante, pero no es completa. Requiere una actitud de diálogo para escuchar las lecturas que tenemos en la sociedad. Los académicos y universitarios tienen una lectura propia, los jóvenes tienen otra lectura, las iglesias tienen la propia, los empresarios tienen la suya y los trabajadores tienen otra más. ¿Acaso es imposible conjuntar las diversas lecturas para escucharnos todos e ir integrando el sentir de todos? Entre todos, autoridades y sociedad, asumiendo nuestras diferentes responsabilidades podemos abrir un camino que incluya a todos los actores locales o regionales.
El mejor acceso a la situación de inseguridad y de violencia que vivimos en el estado de Guerrero, incluye el diálogo como herramienta necesaria que nos ayuda a escuchar todas las voces y a considerar todas las miradas. El caso es que los gobiernos son quienes toman las decisiones, pero carecen de mecanismos para la escucha de la sociedad. Por eso, ya nos hemos acostumbrado a las ocurrencias de las autoridades que no son sostenidas por análisis y diagnósticos ni científicos ni de sentido común.
El diálogo social y político puede dar lugar a procesos que incluyen variados proyectos, con una articulación local, regional y nacional, incluyendo a todos los actores necesarios. Es aquí donde se requiere la reconstrucción del tejido social con el fin de lograr la mayor participación social. De esta manera se va construyendo una arquitectura de acuerdo con los actores presentes en los ámbitos locales y regionales.
Concluyendo, la paz será el fruto de procesos de diálogos políticos y sociales en los que todos somos escuchados pronunciando las más diferentes voces, de manera que las autoridades estén en condiciones de tomar buenas decisiones. En este sentido, la democracia incluye la escucha de las diferentes lecturas de la realidad. Los gobiernos no pueden ser fieles intérpretes de la lectura de la gente si no la escuchan.
El acceso a la realidad a través del diálogo requiere de la honestidad, que orienta a dar respuestas a la realidad misma y no a intereses facciosos o a lecturas maliciosas o sesgadas. La honestidad ante la realidad camina al lado de la honestidad ante el pueblo. La honestidad ante la violencia que nos agobia desde hace muchos años nos hace capaces de dar respuestas incluyentes e integrales. Llevamos, al menos, dos décadas lidiando contra la delincuencia organizada, y en lugar de que disminuya la violencia va en aumento. Esto sucede, entre otras cosas, porque no hay honestidad ante la realidad.
El camino hacia la paz pasa por la escucha y por el diálogo que dan acceso a la realidad. Y también pasa por la honestidad de todos, sobre todo, de quienes toman las decisiones. Sin escucha y diálogo no hay honestidad que valga porque solo se escuchan a sí mismos y deciden solos, sin el pueblo.